Atrás quedaron las gambetas de Messi, los triples de Scola y los goles maradonianos de Lucha Aymar. Preparen los saques ganadores y los bloqueos en zona que llegó el turno del Mundial de voley. ¿Destino? La bella Italia. Programamos el GPS hacia Calabria, más precisamente en Reggio: ciudad del Sur, fundada por los colonos griegos, paisajes vistosos, clima agradable y amable a la hora del ocio. Dicen que es la elegida por los jóvenes cuando quieren divertirse y pasarla bien. ¿La Ibiza de Italia? Algo así, pero con estilo más barroco. Pero a los chicos de Weber poco les importa toda esta meticulosa descripción geográfica, ya que toda su virilidad está puesta en llegar los más alto posible en este Mundial (en el que, lejos, se posicionan como los favoritos) que en generar un encuentro con alguna pulposa y curvilínea dama del Mediterráneo.
“Un buen Mundial sería estar entre los ocho mejores; uno excelente, entre los mejores cuatro; más que eso, un hito inolvidable”. Con esta conclusión definió el DT Javier Weber sus expectativas para este gran evento.
Y aunque van de punta sin ninguna duda, el debut de ayer hace ilusionar hasta el más ateo. Fue frente a Venezuela y los argentinos apabullaron con un contundente y letal 3-0 (25-23, 25-18 y 25-17). Una victoria que no sólo valió por el resultado en sí, sino también para vengar antiguas heridas: no olvidar que los venezolanos nos dejaron afuera de los Juegos Olímpicos de Pekín 08. Y como la venganza es un plato que se come frío, los chicos del voley, ayer, comieron a la carta: entrada, plato principal, postre y cafecito. A saber: fue un debut impecable, que despejó dudas sobre la capacidad anímica de este equipo que, por las edades que promedian, serían dignos fans de los Teen Angels. Algo así como rendir culto a aquella mítica frase “juventud, divino tesoro”. Hablamos de jóvenes deportistas provistos de talento, pero desprovistos de toda experiencia internacional (para 12 de los 14 del plantel es su primer Mundial), situación que a priori los condena por propios y ajenos a un mediocre papel, pero que para ellos se convierte en un desafío que los incentiva y los invita a soñar. Y ellos sueñan, claro.
Se destacaron por sus performances Facundo Conte (hijo del gran Hugo Conte, el mejor jugador argentino de la historia) quien convirtió 18 puntos y se hizo cargo con creces del refrán “de tal palo tal astilla”; Luciano De Cecco, Sebastián Sole y Rodrigo Quiroga, también estuvieron más que a la altura.
Mientras que los integrantes de la Vinotinto, dirigidos por el mítico cubano Gilberto Herrera, poco pudieron con nuestros muchachitos. Y pasaron de verdugos en 2008 a víctimas en 2010.
La ilusión se renueva hoy, cerca del mediodía. ¿Rival? México. Según los entendidos, el equipo azteca es “fácil y débil”, lo comprobaremos a las 12 en punto. Veremos si seguimos avanzando hacia un “hito inolvidable”, aquel con el que anhela Weber. El mismo con el que soñamos todos.
Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil