Cuenta la leyenda que un jugador argentino jugando para el Real Madrid recibió una patada muy fuerte de un rival. Sin mediar palabra hasta ese momento, el volante se incorporó, arrancó unos pastitos del campo de juego, se los acercó a la boca de su verdugo y le dijo “tomá…, comé”.
Otro mito que habita el extraño mundo de los códigos del fútbol cuenta que una vez un jugador de un equipo de La Plata, que protagonizó publicidades y tiene un hermano aún en actividad, le tiró un caño a una encumbrada estrella de River y éste le habría dicho: “¡¡¡Qué me tirás caños pendejo!!! ¡¡¡Tengo 2 palos en el banco!!!”, “¡¡¡Ok!!!”, le contestó el número 8, “aprovechalos y comprate una sotana”, cerró.
En un octavos de final de Copa Libertadores en 2006, un duro defensor de River le tiraba como al pasar, a un colega argentino que ya estaba en la lista para el Mundial de Alemania de ese año: “¡Mirá que te dejo sin Mundial eh! No te hagás el loco que te dejo sin Mundial”.
Estos ejemplos son shakespearianos al lado de los: “Gordo chanta vos le pedís plata a los jugadores”, “Callate gordo drogón”, “Cornudo”, “Negro borracho” y demás conceptos que mueren dentro de la cancha.
El tema ya no pasa por los protagonistas en particular; deportistas con problemas de alcohol, engañados por sus mujeres, con dependencias de las drogas, corruptos, timberos y con elecciones sexuales libres hubo, hay y habrá por siempre.
¿Qué le estamos pidiendo a los jugadores? ¿Ética? ¿Moral? ¿Respeto?. Podemos cansarnos de pedirles que se erijan en lo que no somos como masa, pero muchachos, hemos transformado al fútbol en un universo donde todo vale, todo está permitido mientras el resultado me acompañe y que además es impune porque todo muere dentro de los límites de un campo de juego para los protagonistas, y fallece en el cemento de las tribunas o en las más cómodas plateas para quienes cumplen el rol de espectadores.
“Hay que aceptar este juego. Sino, no podés entrar a una cancha”, dijo el Chavo Desábato. No se refería al juego de la pelota sino al de la boquilla y, lamentablemente, todos en el fútbol avalan esas palabras.