La Copa Davis cambia el folclore del tenis: la hinchada, esos que en un torneo del circuito guardan silencio desde que arranca hasta que termina un game y murmuran durante los cambios de lado, en el estadio Mary Terán de Weiss estallan a fuerza de cantitos, gritos, bombos y platillos.
Durante el partido que Juan Martín del Potro le ganó a Radek Stepanek por 6-4, 6-4 y 6-2, la batuta que guió a los miles de argentinos que llenaron el Mary Terán de Weiss la llevó un grupo ubicado frente al umpire. Funcionaron como la mecha que, en cada momento clave, hizo explotar al estadio.
“Ya tenía información de que el público argentino es muy ruidoso. Nuestros hinchas también son ruidosos. Me pareció una falta de respeto que el público gritara en los primeros saques”, dijo Stepanek, enojado, tras el partido.
Pese a la clara inferioridad numérica, los checos también se hicieron sentir. La “barra” europea, conformada por poco más de dos docenas de hinchas de prolijas remeras blancas, alentaron a Stepanek en cada momento importante y levantaron sus banderas en cada punto ganado. El aguante, para hacerse oír, fue entonado con vuvuzelas.
Hinchadas enfrentadas. Si los gritos checos se extendían, los argentinos redoblaban la apuesta. Los cantitos de cancha se transformaron en aguante para el equipo argentino. “Ole, ole, ole, ole, Delpo, Delpo” fue el mas escuchado. Los checos, más contenidos, también corearon el nombre de su jugador.
Motor anímico. Tras cada punto difícil, y al final de cada set, fue el propio Del Potro el que buscó el apoyo del público. Un público que le respondió en cada momento. El tandilense hizo estallar varias veces el estadio. Consumado el triunfo, Delpo, entre lágrimas, agradeció el gesto, y repitió que si jugó fue por la gente. El Mary Terán de Weiss volvió a ebullir. La hinchada checa ya se había empezado a desinflar desde hacía rato.
(*) Desde el Parque Roca
- El folclore del tenis cambia para la Davis
- La hinchada argentina / DyN
- Los checos llevaron un “trapo” / AFP
- La hinchada checa / DyN
- Los chechos llevaron vuvuzelas / AFP
- Martín Palermo, presente / Télam















Los españoles siguen siendo ejemplo. Ejemplo que nosotros, creyéndonos superiores siempre, ni nos molestamos en atender. Sin Nadal continúan adelante, luchan, ganan, superan escollos, sin soberbia, seguros de su valía. Nosotros seguimos igual, no sabemos siquiera aprovechar la ausencia del apático, lerdo y “eternamente ausente” Del Plomo. No somos mas de lo que mostramos, un país en plena decadencia deportiva. El sombrío y rollizo “10″ que a cada momento mostraban los adulones y obsecuentes “comentaristas” es muestra clara de lo dicho, evidencia de ocaso y deterioro como ninguna. Y del público ¿qué se puede agregar? Bananero total. Toneladas de cáscaras habrá que quitar, la mayor cantidad de la jaula donde estuvo vitoreando el “10″