martes 09 de junio del 2026

La ausencia que obligó a cambiar todo y perder aire

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El 13 de diciembre alertamos sobre el presuroso alejamiento de Ricardo Adrián Centurión, una de las gratas revelaciones del pasado torneo Inicial. Lo hicimos convencidos de que ese adiós previsible pero demasiado rápido, iba a debilitar a todo Racing. Apenas alcanzaría para llenarle las cuentas bancarias al popular club de Avellaneda, pero ese dinero no serviría para reemplazar a un futbolista que hoy luce irreemplazable.

Centurión tiene 20 años flamantes y una carrera brevísima: 21 partidos oficiales y 3 goles. Sin embargo, dejó una huella en el sentimiento del hincha académico y sobre todo, ha obligado a cambiar el esquema a su entrenador, Luis Zubeldía. Sin Centurión, Racing ha perdido frescura, no tiene el vértigo del último campeonato y ha perdido esa distinción que lo llevó a realizar una tarea superior a la esperada, cuando alcanzó los 33 puntos.

El alejamiento de Centurión no fue cubierto con nadie en ese puesto. Encima, también se fue Gabriel Hauche, el tercer delantero del equipo, que tuvo un gran verano y decidió irse porque no quería perderse una oportunidad de jugar en Europa. Según dijo el entrenador Zubeldía, el hombre le “imploró” poder irse al Chievo Verona y sus deseos se cumplieron. Racing tampoco tuvo el tino de reemplazarlo.

Con un plantel pequeño, sin el suficiente recambio y con la única excepción de Mario Bolatti, contratado para jugar en un puesto donde se superponen Agustín Pelletieri, el chico Zuculini y el propio Camoranesi, la apuesta para el torneo Final ha sido cambiar el esquema, darle una nueva chance al otrora goleador José Sand y confiar en que regrese Luis Fariña, el joven que mostró dotes conductivas y un interesante panorama en las cinco últimas fechas del Inicial.

Racing fue superado claramente por Atlético de Rafaela y tras sacarse de encima al débil Argentinos Juniors, tocó su piso más bajo al perder el esperado clásico ante Independiente, que le ganó antes, durante y después. En ese encuentro, el equipo albiceleste no mostró nada: ni juego, ni actitud, ni templanza para semejante choque y dilapidó muy velozmente las ilusiones que tenían sus hinchas, para dejar al Rojo de Avellaneda en festejo pleno.

El empate sin goles ante Lanús no agregó demasiado, apenas la confirmación de lo que le ha rendido el formidable arquero Sebastián Saja (ya no hay razones para explicar por qué no ha sido convocado aun a la Selección Nacional), el buen entendimiento entre Pelletieri y Bolatti y lo que podría aportar un Vietto muy solitario en ataque.

Así, Racing ha dejado de ser candidato al título. No parece –salvo que se genere un cambio tan grande como el que provocó Centurión y generó su alejamiento también- que haya manera de lograr que este equipo se transforme en el veloz, incisivo y dotado de una frescura que lo hacía peligroso para cualquiera entre octubre y diciembre del año pasado. Aunque no dispute la Copa Libertadores y le haya quedado la espina clavada de la Copa Argentina, el plantel no tiene casi ninguna variante ofensiva que no pase por Vietto y lo que puedan ayudar Fariña y el chico De Paul, incorporado a la primera y que hace sus primeros minutos.

No sucede muy seguido que un único jugador modifique la estructura de un equipo, pero como sucede desde otro lugar y con una historia distinta con Juan Román Riquelme en Boca, la ida de Centurión le rompió los planes a Zubeldía, le quitó expectativas a los hinchas y lo sacó de la pelea. Una pena, porque las chances eran grandes y todo parece haberse echado a perder. Aunque claro, el fútbol es ingobernable, ilógico y hasta algo así pueda revertirse. ¿Cómo? Hoy por hoy, no hay respuesta posible.