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27/12/2016

Hace 15 años se terminaba el sufrimiento de Racing

Mostaza Merlo sacó campeón a Racing después de 35 años y se transformó en ídolo eterno. //CEDOC

De la mano de Mostaza Merlo y en medio de una de las peores crisis del país, la Academia volvía a consagrarse campeón tras más de tres décadas de espera. Video.

En medio de un país en llamas en la peor crisis económica en décadas, Racing y sus estoicos hinchas vivieron por un rato su fiesta ansiada, la de quebrar 35 años de angustias y sinsabores.

Esa candente tarde del 27 de diciembre de 2001 en el José Amalfitani quedaban enterradas las dolencias del descenso del ’83 y los dos años en la B, un estadio convertido en depósito de papas, un equipo alquilado a un club mendocino y la temeraria afirmación de la síndico Liliana Ripoll: “Racing ha dejado de existir”.

Ese cabezazo que Gabriel Loeschbor metió a los 8 minutos que el árbitro Gabriel Brazenas convalidó pese a estar en posición adelantada hizo estallar las tribunas de la cancha de Vélez en Liniers.

Curiosamente, fue el mismo lugar donde ocho años y medio después de ese caluroso 27 de diciembre de 2001, en una tarde de frío, lluvia y granizo, ese mismo arbitro iba a salir eyectado del referato tras su cuestionada labor en otra final. Aquel equipo fue el de Reinaldo Merlo, el del “paso a paso”, una frase con la que se evitó hablar prematuramente de título y campeonato y que terminó siendo histórica, mítica, al punto que hasta hay comercios con ese nombre.

Fue escasamente lucido su juego, si hasta se puede contar con los dedos de una mano sus grandes partidos, como ante Gimnasia, San Lorenzo, un enorme empate ante Chicago 4-4 y un heroico 3-2 sobre Estudiantes tras ir dos goles abajo.

También, por lo que significó, aquel empate con gol del colombiano Bedoya ante River, fue el partido clave para llegar al partido con Vélez.

Casi como una norma, Racing también tuvo su final sufrido, cuando Mariano Chirumbolo, un jugador que tuvo ralo paso por Primera división, empató el partido a falta de quince minutos, poniendo en riesgo la consagración.

El grito quebró Liniers y el Cilindro que se llenó para seguir el partido en Avellaneda, porque faltaron canchas para festejar tras tantos años oscuros. Y también hubo Obelisco.

Si hasta fue uno de los hechos salientes en la semana que duró la presidencia de Adolfo Rodríguez Saá, aunque los efectos de la otra medida, el default, duraron bastante más.

Allí estuvo Diego Milito, el que empezaba a formarse como jugador y sin saberlo acumular las primeras experiencias para recibirse de ídolo trece años después, con toda la sapiencia que acopió en sus años de Europa para guiar al título de 2014, un año antes de cerrar de la mejor forma su carrera deportiva.

Tras los festejos llegó un final de año con otros tres presidentes envueltos en sonidos incesantes de cacerolas.

Fuente: DyN

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