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16/03/2017

River y Boca procuran una construcción colectiva

D'Alessandro y Tevez, dos jugadores claves en River y Boca que ya no están. / Fotobaires

La readaptación de los dos más grandes de la Argentina, que perdieron a D’Alessandro y Tevez. La tarea de reemplazar a los referentes.

Afortunadamente, luego de casi tres meses, volvió a rodar la pelota y comenzó el fútbol. En realidad, más que un comienzo, es la continuidad de un campeonato al cual cuesta seguirle el ritmo. El éxodo de varios futbolistas, sumado a la partida de Tevez y D’Alessandro (los dos principales nombres de River y Boca) le quitan un poco de brillo al semestre. El desafío de la readaptación de los dos grandes de la Argentina a sus ausencias, es un tema a dilucidar.

“El liderazgo no se puede explicar” ha dicho varias veces Diego Simeone, intentando definir un rol clave en la dinámica de grupo, más aún en un juego colectivo. Hay líderes futbolísticos que son líderes de grupo, mientras otros cumplen una función preponderante en el juego, pero compartida en el día a día. Como está claro, la función del líder no se limita al juego pero quien se desarrolla mejor en el campo tiene un argumento de peso para ejercerla afuera. El líder futbolístico generalmente usa la camiseta número 10, es centro de atención de todas las miradas y el principal responsable en el correcto funcionamiento ofensivo del equipo. En Boca, Tevez la usaba; en River, D’Alessandro no.

En el inicio del tramo final del campeonato, a Guillermo Barros Schelotto se le brinda la oportunidad de implementar, probablemente uno de los esquemas que más a gusto le sienta: el 4-3-3 que no podía llevar adelante con la presencia de Tevez. “No es que empiece otro campeonato, lo que pasa es que la mayoría de los equipos han cambiado muchísimos jugadores. Nosotros no hemos cambiado tanto, pero perdimos a Tevez. Entonces es distinto”, dijo en la conferencia de prensa previa al partido con Banfield. Como Carlitos no era 9 ni tampoco extremo, Boca jugaba en ataque con Tevez organizando el juego por detrás de: un centrodelantero y un puntero veloz y desequilibrante Un esquema que casi emulaba al tridente histórico Riquelme, el propio Mellizo y Palermo.

“Es difícil que jueguen los dos juntos (Bou y Benedetto) por la forma que tenemos nosotros de jugar. Quizá en algún momento el juego nos lleve a eso. No la descarto pero la veo difícil” dijo también en la previa y sentando un precedente sobre el nuevo sistema: el que todavía no ha dado muestras de rodaje y fluidez en un trámite parejo. Boca ganó a partir del error arbitral (anulando el gol de Cvitanich), que le dio la chance de abrir primero el marcador y de encontrar luego los espacios para el juego interno.

Ganar, aún sin convencer, fue la ratificación del puntero. Difícilmente se pueda decir que Boca va a extrañar a Tevez en el juego, porque ya no habrá nadie que cumpla esa función. Probablemente, si tuviese que extrañar una faceta, extrañaría la del líder afuera. El nuevo incidente de Centurión, la pelea entre Silva e Insaurralde y varios de los “dimes y diretes” de estos últimos noventa días, se hubiesen morigerado o incluso no hubieran existido con la presencia del 10.

En River, la situación es algo diferente. Por el pasado reciente y la conformación del plantel, el líder no es un jugador, es el técnico: que casualmente también fue número 10. El comienzo de año arrancó más preocupado por el coqueteo de Gallardo con su salida de la dirección técnica, que por el retorno de D`Alessandro al Internacional de Porto Alegre. Si bien es cierto que Andrés no era el destinatario de toda la presión, era quien principalmente se encargaba de distribuir la pelota y ordenar las dinámicas de sus compañeros. Su salida, en el clásico con Boca, expuso como nunca, la injerencia que ejercía en la construcción colectiva.

El Muñeco ha demostrado ser un entrenador predispuesto al cambio, sus equipos variaron tanto de esquemas como de intérpretes: mutando desde el Campeón de América hasta el presente. El repertorio de Gallardo en defensa fue desde 4-3-1-2 con Pisculichi de enlace y volcándose (en lo posible) hacia la izquierda, hasta haber probado con linea de tres defensores y dos mediocampistas de contención. En la actualidad, varía más la posición de los futbolistas que el esquema. El 4-2-3-1 parece estar bastante definido y de “doble 5” pueden jugar: un tándem defensivo con Ponzio-Arzura y Mayada por el costado, uno ofensivo dinámico con Nacho Fernández junto a Ponzio por el medio y Mora casi de puntero, uno posicional con Ponzio-Rojas en el centro y Fernández más cerca de la banda (cual 4-1-4-1). Infinitas son las variante hasta con Driussi, que parece haber encontrado su lugar partiendo por detrás del 9 (Alario), jugando en los costados.

El verano arrancó lento para River. El equipo no lograba equilibrarse. La Supercopa Argentina fue un golpe duro de asimilar y la lejanía de la punta volcó los cañones a la Copa. El triunfo ante el DIM, en una cancha anegada, demuestra temple pero no rodaje. Será cuestión de ver como Gallardo logra ensamblar intérpretes.

Así es que en el juego, el 2017, encuentra a Boca y a River en una etapa similar: en la procura de una construcción colectiva que reemplace al estandarte.

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