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26/07/2017

Centurión, un emergente excesivo e inoportuno

Ricardo Centurión, un problema para Boca. / Fotobaires

El futbolista, que se fue de Boca por la puerta de atrás, tiene el don para hacer lo menos apropiado en el momento más inoportuno.

Después de marchas y contramarchas varias, la suerte de Ricardo Centurión en Boca pareciera estar echada. La última reunión entre el representante del delantero (Alejandro Junior Mazzoni) y el presidente del club (Daniel Angelici) no terminó bien y el jugador explotó de furia en las redes sociales ¿Es sorpresivo el final o si lo pensamos detenidamente se puede decir que estaba destinado a terminar así?

En Centurión todo es excesivo, tanto dentro como fuera de la cancha, y no es algo que se conozca ahora, ya era vox populi desde sus inicios en Racing. En el último año, esos excesos se hicieron más evidentes: no porque se hayan exacerbado, sino porque cambio su repercusión mediática estando en Boca. Ricardo se excede en el juego, cuando decide bailar arriba de la pelota frente a un rival, mientras la jugada y el contexto piden un toque rápido. Se excede en el área, cuando prioriza la gambeta por sobre el remate y por eso el gol no es un virtud que lo destaque (apenas 8 en Boca sobre 22 partidos jugados). Se excede en la victoria con sus rivales, cuando los sobra “frenando y arrancando” para luego victimizarse con un foul, como si lo hubiesen “cazado”. Se excede afuera del campo cuando pierde los estribos en la noche o posa para una foto con un arma, a sabiendas que esas imágenes pueden condenarlo. Centurión se excede y ese comportamiento ha sido constante, lo que cambió en su vida es Boca.

En lo netamente futbolístico, no descolló. No se lo puede considerar la máxima figura en el título de Boca, pero hay que reconocerle que apareció cuando el equipo lo necesitaba: sus gambetas se transformaron en el revulsivo, ante un equipo sin variantes. Si el fútbol se midiese en estadísticas y acciones concretas, su rendimiento no ameritaría una elevada consideración, pero los números no pueden contemplar sensaciones y momentos.

En apenas un año, Centurión fue noticia varias veces por temas extrafutbolísticos. Ni bien llegó chocó su BMW en la salida de un boliche y se dio a la fuga. Un mes después en las redes sociales, se filtraron fotos íntimas en la concentración de Boca. A comienzo de este año, fueron imágenes de discusiones con hinchas en el hotel Costa Galana de Mar del Plata. Hace dos meses, su ex mujer (Melina Tozzi) lo denunció en la Justicia por violencia de género y la semana pasada posteó una imagen en Instagram con un arma en la mano: “Si antes era un hijo de p… ahora soy lo peor”.

Con esos antecedentes, a pocas horas de firmar el contrato de su vida por más de 120.000.000 de pesos y sabiendo que no podía dar un nuevo argumento en contrario (porque su vínculo pendía de un hilo a causa de su mala conducta), se apareció con los amigos en un bailable de Lanús y la noche terminó en escándalo cuando agredieron a un grupo de jóvenes que buscaban sacarle una foto.

“Lamentablemente estamos en un país que cuando uno se equivoca, en (“vez”) de ayudarlo le sueltan la mano. Que lástima Boca que te hagan esto, teniendo una dirigencia y un presidente tan poco serio”, dijo el jugador a modo de descargo, en su despedida por Instagram.

El problema para Centurión es que en un fútbol hiperprofesionalizado y tan mediatizado, no hay forma de defenderlo de sí mismo. Ningún ser lógico podría cuestionar a la dirigencia de Boca por no contratarlo, ni criticar a Barros Schelotto por soltarle la mano.

Ricardo Centurión es un joven padeciente y su frustrado retorno a Boca termina sirviendo como emergente de una sociedad exitista, pacata, injusta y mercantilizada. Exitista, porque desde pequeño le enseñó que su talento para jugar al fútbol permitía que tuviese actitudes inapropiadas para su condición de jugador. Pacata, porque expone crudamente al escarmiento público las “miserias” de un joven condicionado por un origen muy humilde y una infancia llena de carencias. Injusta, porque de manera súbita se desmorona un acuerdo contractual millonario por un evento que no sorprendió a nadie. Mercantilizada, porque el fútbol como negocio vive de la compra-venta de jugadores y el “Combo” a Centurión le quita poder de reventa, transformándolo en una inversión no rentable.

En la historia reciente del fútbol argentino, Ricardo Centurión demostró tener el don para hacer lo menos apropiado en el momento más inoportuno. Hubo quienes tuvieron incidentes más graves y varios otros que acumularon más errores, pero nadie nunca antes tuvo su oportunismo. Simplemente por eso, y sólo por eso, está fuera de Boca.

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