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26/08/2017

Un mercado de pases más ilusorio que real

Gonzalo Rodríguez y Wanchope Abila, dos de los refuerzos más resonantes en el mercado de pases. / Cedoc

De todos los posibles refuerzos que se mencionan en los recesos, sólo se concreta el 19%. Las estrategias de los representantes.

Algún tiempo atrás, Alfredo Relaño, director del diario deportivo español AS, contó que durante el receso de la Liga es el momento en que su periódico vende más ediciones impresas. “La ilusión vende”, tuiteó el periodista Andrés Burgo, y es así: expectante por la reforma de su equipo, el hincha alimenta el anhelo y consume todo lo que encuentra. En los mercados de pases, los rumores irrumpen en los medios como golondrinas en verano, y la televisión, la radio y los diarios se convierten en el decorado donde las operaciones aparecen y desaparecen fugazmente.

Los días sin fútbol son traumáticos para los medios. Llenar las páginas de un suplemento deportivo, o darle contenido a un canal que transmite deportes las 24 horas sin que haya goles es complejo. De algo hay que hablar. Y ahí están los pases, sembrados sobre un terreno fértil para florecer, con horas de aire a disposición y cientos de fanáticos esperanzados dispuestos a escuchar. Este último mercado no fue la excepción. Hubo semanas enteras en las que el regreso de Lionel Vangioni a River fue un tema de Estado. Hubo voces abocadas a describir el juego de Jesús Medina, un juvenil paraguayo que sonó en Boca. También se dijo que el chileno Eduardo Vargas resignaría el sueldo voluminoso que percibe en Tigres de México para ponerse la camiseta de San Lorenzo. De todo eso ocurrió muy poco. Según un informe publicado en Diario Popular, solamente el 19% de los jugadores que suenan en los cinco grandes terminan firmando contratos. El resto se pierde en la nada. El resto cae en el olvido.

“A veces, los dirigentes y los representantes buscan que se mencionen futbolistas porque, de esta manera, muchos pican”, cuenta Sergio Grecco, representante de Julio César Falcioni y Omar De Felippe, entre otros. Mencionar –o elogiar– a un jugador en los medios provoca un efecto similar al de la publicidad tradicional: ese apellido suena, y su popularidad y su prestigio aumentan. El jugador se instala en el público: lo conoce, sabe quién es, dónde juega. “Cuando un nombre aparece en los medios, el valor sube: los costos se agrandan”, dice un dirigente de un equipo importante del fútbol argentino. Ricardo Schliepler, agente de Nicolás Tagliafico y Juan Antonio Pizzi, no coincide: “Las cotizaciones no se elevan”, afirma.

Los directivos, en su gran mayoría, protegen las negociaciones. Buscan que no trasciendan para evitar que otros clubes intervengan en las tratativas, o que el representante cambie las condiciones de los acuerdos. El arribo del colombiano Rafael Santos Borré a River es uno de esos casos: se manejó así, en secreto. “El dirigente, cuando le gusta un jugador, lo guarda con un recelo terrible. Cuando lo tira en la prensa es porque quiere que lo sepan, porque ya está cocinado”, señala Grecco.

Los rumores no emergen porque sí, o porque un periodista se despierta a la mañana con ganas de instalar un posible traspaso. A veces, el origen de la noticia es verosímil pero finalmente no se concreta. Una usina de información es la habitual charla donde dirigentes y cuerpos técnicos establecen las prioridades del mercado. Esa lista de nombres que interesan suele filtrarse. Otras veces, el camino es inverso y es el agente quien llama al periodista para avisarle que comenzó una negociación. “Es el abecé de la profesión: no es de ahora, es muy viejo”, indica Grecco. “Es producto del sistema, los representantes saben que si llaman a un periodista, el jugador aparece en el mercado”, aporta Schliepler, quien aclara que no comparte esa metodología: “A mí no me beneficia. Yo solamente doy información de pases cerrados”.

El periodismo ocupa un rol protagónico en esta puesta en escena. Busca información como pirañas en un río sin agua. Y lo que el cronista consigue lo cuenta, lo publica: la inmediatez de las redes sociales, reproducida impávidamente en los medios tradicionales, llevó a deteriorar una regla básica del periodismo: chequear la información con diferentes fuentes. La industria mediática precisa los rumores. Los necesita para montar un festival en el que, de tanta cosa que se dice, termina construyendo una anarquía mediática.

Presentes opuestos. A tan sólo un día de sus debuts en la Superliga, los directores técnicos de River y Boca viven un presente diametralmente opuesto: mientras Marcelo Gallardo está más que preocupado ante la posible partida del delantero y goleador Lucas Alario al Bayern Leverkusen de Alemania, por el lado del xeneize, Guillermo Barros Schelotto se mostró entre cauto y entusiasmado frente a la probable vuelta de Carlos Tevez al club de sus amores.

“En ningún momento Alario me dijo que no quería seguir en River. De ninguna manera. Salvo algo raro, el domingo va a jugar. Ahora, si pagan la cláusula y él está firme en su decisión, lo acompaño a Ezeiza para tomar el primer avión a Alemania. Pero por el momento es inoportuno, porque Alario la pasa bien en River. Es valorado y reconocido”, aseguró el DT de River en conferencia de prensa.

“No hablamos con Tevez del futuro, sólo compartimos una cena y hablamos de fútbol. Lo único que me dijo es que obviamente la idea de regresar a Boca lo tienta mucho, pero que tiene un contrato con Shanghai Shenhua, que no es fácil salir de China y que tiene muchas ganas de ir el domingo a la Bombonera para ver el partido ante Olimpo”, comentó Guillermo tras la cena que el jueves por la noche compartió con el Apache en Puerto Madero y de la que también participó el presidente Daniel Angelici, uno de los que más sueñan con la vuelta de Carlitos a Boca.

(*) Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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