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14/11/2017

Argentina y Pep, la pulcritud y el desequilibrio

Jorge Sampaoli intenta darle forma al equipo argentino antes del Mundial. / AP

La selección de Sampaoli tiene una idea de juego definida, pero no logra ser lo incisivo que debería. En qué sector falta consolidar el esquema.

Argentina enfrenta a Nigeria para cerrar el año, luego de una Eliminatoria enrevesada. Lo que venga, a partir de ahora y luego de las Fiestas de diciembre, ya será en la previa inmediata a la Copa del Mundo “Rusia 2018”.

El seleccionado dirigido por Jorge Sampaoli viene de vencer en un amistoso al anfitrión en el imponente estadio Luzhnikí de Moscú. La impronta en el juego del entrenador, en comparación con el ciclo anterior (Edgardo Bauza), ya es claramente objetivable y recién sobre el final del partido llegó el único gol, obra de Sergio Agüero, tras una combinación entre el habilitador Lionel Messi y el punzante Cristian Pavón.

Luego de la clasificación en Quito y con vistas a un proceso de trasvasamiento generacional, que deberá emprender después de la Copa del Mundo, el cuerpo técnico empezó a mechar jóvenes (Germán Pezzella, Matías Kranevitter y Giovani Lo Celso) con históricos. La filosofía de posesión del balón y dominio del terreno no varió. En la procura de una correcta salida desde el fondo, Nicolás Otamendi y Javier Mascherano se transformaron en puntales por el abánico de posibilidades de juego que poseen al haber trabajado con el precursor del paradigma: Pep Guardiola. Ahí radica una parte trascendental del análisis: con esta postura táctica, ante casi la totalidad de los rivales (incluido Brasil), Argentina se enfrentará contra esquemas que le cederán la posesión y apostarán a aprovechar espacios para lastimar de contragolpe. Así es que el criterio para salir jugando desde atrás y la aceleración para desequilibrar en los tramos finales, son cualidades que destacarán en aquellos que las posean. “Avanzamos en lo colectivo y tenemos que seguir este camino” dijo Sampaoli, lo que podría ser una afirmación discutible.

Indudablemente, Argentina tiene una idea definida, habría que cerciorarse si realmente ha avanzado en el desarrollo colectivo. Hoy, es un equipo que no logra ser lo incisivo que debería, para el nivel de exposición al que se expone. Los defensores juegan en mitad de cancha, con cincuenta metros libres a sus espaldas. Son pocos los mediocampistas que tienen tendencia al corte y sufre de manera considerable los contraataques. Cuanta mayor sea la jerarquía del rival, más desnudo quedará el equipo ante el ataque directo.

Probablemente, la presencia de Matías Kranevitter en lugar de Lucas Biglia, le otorgue más quite y presencia, aunque tenga menos control y circulación del balón. Aun así, el equipo sufrió en varios retrocesos y eso de considerar a Rusia, como un rival de elite, es un poco engañoso. La tenencia del balón y la paciencia para buscar un hueco en la defensa rival, son características que Sampaoli busca afianzar. Donde falta, para consolidar el esquema, es en la aceleración de tres cuartos de cancha hacia adelante. Cierto es que el ataque del equipo termina siendo Messi dependiente y, en partidos como este, donde no estuvo en su mejor versión, el equipo llega a un punto donde no progresa. Esta vez lo logró, parcialmente, compensarlo con la dinámica de Enzo Pérez, el desmarque en retroceso de Agüero y el desequilibrio de Di María pero no fue suficiente para generar peligro.

La Selección cerrará el año deportivo ante Nigeria en Krasnodar. La clasificación invita a un cierre de prueba, con vistas a la cita máxima el año entrante. El probable once respetará los lineamientos y probablemente sea: Marchesín; Mascherano Pezzella, Otamendi; Banega, Kranevitter, Lo Celso; Dybala; Pavón, Di María y Agüero. El partido servirá para que los que pelean por un lugar en la lista puedan lucirse y el mayor desafío para Sampaoli será agregarle dinámica de ataque a la tenencia del balón. Al fin de cuentas, la pulcritud sin desequilibrio, no es virtud.

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