442

El sitio de deportes de Perfil.com

RSS

G Plus

Facebook

Twitter

Estadísticas
 
23/04/2010

Opinión

Cómo sacártela de encima durante el Mundial

Se viene el Mundial, un rito sagrado para la masculinidad, más escaso aún que una buena sesión de sexo -sin haber pagado, por supuesto-, pues nos toca sólo cada cuatro años. Este glorioso evento, de tal magnitud que sólo somos dignos de él una vez cada 1.461 días, tiene su propia liturgia, que reune a […]

Se viene el Mundial, un rito sagrado para la masculinidad, más escaso aún que una buena sesión de sexo -sin haber pagado, por supuesto-, pues nos toca sólo cada cuatro años. Este glorioso evento, de tal magnitud que sólo somos dignos de él una vez cada 1.461 días, tiene su propia liturgia, que reune a los fanáticos del balonpié, como si de una misa se tratara, delante del televisor, con sus camisetas, cornetas y cábalas a cuestas. Lo que sobra, en ese contexto tan plagado de testosterona, son las mujeres, a las que hay que explicarles un trillón de veces la ley del offside y que sólo abren la boca para elogiar las piernas y el culo de Clarence Seedorf, que seguro lo tiene más paradito que cualquiera de nosotros, malditos sedentarios.

Ver el partido es, para el macho promedio, un momento de intimidad casi patriótica, ligeramente vinculada al sufrimiento (como dice mi amigo Atucha, «estoy viendo a la Selección, no la estoy pasando bien») que, por ende, sólo puede compartirse con otros congéneres. Porque la mujer -salvo algunas rarísimas excepciones- no comparten ni los códigos, ni el espíritu de un partido compartido.

Por eso, para poder disfrutar del primer encuentro de Argentina, nada mejor que sacar a tu novia, esposa o concubina -incluso a tu madre- del medio, usando alguna de estas ideas que 442 te obsequia generosamente:

(1) Día de spa: Si te sobra alguna moneda y realmente querés despejar el área por todo un día, los spa suelen tener tarifas económicas, al ser temporada baja. Enviá a tu mujer, tu suegra y tus hijas a algún hotel cinco estrellas donde les den masajes, las metan en una clase de Pilates, les hagan una mascarilla de guano, una limpieza de cutis con placenta de tortuga, un tratamiento exfoliante con baba de caracol y la tira de cola con un rayo laser de uso industrial. Volverán bonitas y relajadas, pero -ante todo- estarán lejos de casa a la hora crítica del match.

(2) El brunch: Costumbre exótica inventada por los gringos, el «brunch» (cruza nefasta de breakfast con lunch) es un desayuno tardío… o un almuerzo tempranero… demasiado heavy para desayuno, demasiado frugal para almuerzo. Pero tiene dos elementos que te favorecerán: uno, que es hiper top decirle a las chicas en la peluquería que fuiste a un brunch; el otro, que todos los partidos se juegan al mediodía, por lo que es una buena forma de despejar el acceso a la tele en el horario crítico. Es más económico que el día de spa y hay de diferentes niveles y precios.

(3) La pantalla: Ahora, si el brunch en el Alvear o el día de Spa en el Howard Johnson se te hacen cuesta arriba en el presupuesto, el cine siempre es una buena opción. Las entradas al mediodía valen la mitad, en la mayoría de las salas, y es una buena chance para que tu chica pueda ir, por ejemplo, con su hermana, a ver ese bodrio soporífero lleno de besos y mocos al que le venís esquivando el bulto desde el día del estreno, esperando que baje pronto de cartel. Si el número no da ni para eso, pero tu sagrado hogar cuenta con un segundo televisor, alquilale todas las temporadas de Desperate Housewives o la colección completa de películas de Tom Hanks y Meg Ryan.

(4) Recursos extremos: Cuando todo lo demás haya fallado, quedarán sólo los recursos extremos, las maniobras de alto riesgo. Estas tácticas sólo deben ser aplicadas por verdaderos machotes experimentados o por hombres cuyo estado de desesperación los haya superado completamente, dado que -cuando el tiro sale por la culata- los efectos colaterales pueden ser nefastos y opacar los beneficios:

– Intimidación: Usá una camiseta con la foto del odontólogo Barreda que diga «él sólo quería ver el partido».

– Despilfarro: Dale la tarjeta de crédito, las llaves del auto y las indicaciones para llegar al shopping más cercano. Después del partido, llamá a tu oficial de cuenta en el banco, vas a necesitar un crédito.

– Resignación: Como última opción (pero esta es realmente la última de todas, cuando ya nada funciona), sentate a su lado, tomala de la mano, explicale otra vez qué es una posición adelantada y rezá para que Argentina gane, ella se ponga contenta y, al menos, obtengas un buen revolcón de festejo a la hora de la siesta.

Archivado en: , , ,

 

 

Opinión