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21/05/2010

Opinión

Cómo eludir a un jefe anti-Mundial

El Mundial paraliza al país. O, al menos, a casi todo el país. Las oficinas -inclusive las reparticiones públicas- se detienen durante esos 90 minutos en los que el seleccionado corre en busca de la próxima gloria efímera. Los colectiveros suben el volúmen de la radio. Los taxistas y los cadetes se agolpan en los […]

El Mundial paraliza al país. O, al menos, a casi todo el país. Las oficinas -inclusive las reparticiones públicas- se detienen durante esos 90 minutos en los que el seleccionado corre en busca de la próxima gloria efímera. Los colectiveros suben el volúmen de la radio. Los taxistas y los cadetes se agolpan en los bares o las vidrieras de las casas de electrodomésticos. ¡Hasta hay una resolución oficial del Ministerio de Educación para detener las clases y ver los partidos! Sí, un partido de la selección tiene una contundencia más demoledora que la CGT a la hora de parar el país.

Si no fuera porque todo tiene sus excepciones. Porque nunca falta el jefe hijo de un buque granelero cargado hasta la maceta de meretrices pestilentes que no te deja ver el partido. “Acá venimos a la-bu-rar”, dirá silabeando como silabean todos esos jefes con sonrisa babeante de bulldog y una gran destreza en el arte de cosecharse enemigos y asegurarse empleados que me méen el té con leche.

Por eso, si te toca uno de esos jefes que ponen a la productividad de la compañía por encima del sentir nacional y popular que ver los partidos en vivo implica, seguí alguno de estos consejos.

– Conseguite un dispositivo portátil. No es necesario que gastes una fortuna. Muchas veces, ni siquiera que compres, siempre habrá alguien que te pueda prestar. Si no es un televisor de mano o un celular que capte televisión, habrás de confirmarte con la ya anticuada radio de amplitud modulada, que siempre es mejor que estar en tinieblas y enterarte de los goles a través de la ventana, por los gritos en la calle y los bocinazos de los autos. Siempre usá un auricular, para no levantar la perdíz.

– Seguí el Mundial por internet. Si tu oficina tiene banda ancha y no tienen a todo el universo virtual escondido detrás de un firewall (lo cual no sería de extrañarse, con un jefe así), hay muchos sitios en donde vas a poder ver el partido, escucharlo o -al menos- ir siguiendo las alternativas y novedades en tiempo real.

– Sincronizá tu hora de almuerzo. Si tenés la libertad de elegir tu horario de almuerzo, nada más simple que sincronizar tu comida con el partido. Buscá un bar cerca de la oficina que tenga tele y, si se puede, hacé una reserva, porque se ponen hasta las manos. Sí, no sos el único.

– Faltá. Si ninguno de los procedimientos anteriores es viable y su realmente estás desesperado por ver el partido, lisa y llanamente tomátelas, faltá al trabajo. Podés buscar un médico amigo que te haga un certifitrucho -es época de gripes y bronquitis, quizás vuelva la porcina y, con ese diagnóstico, nadie va a quererte cerca- o simplemente bancátela a lo macho, no vayas y perdé el presentismo. Si repentinamente se engripa todo el staff justo el día del partido, quizás el jefe pesque el mensaje y cambie su actitud.

O los raje a todos a la mierda.

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