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17/08/2010

Opinión

¿Dónde están los goleadores?

El fútbol argentino falla en lo principal: los goles. Aquellos delanteros con el gol entre ceja y ceja, esos atacantes que hacían lo más importante de un partido con facilidad, no existen más. O en todo caso, se fueron al exterior. La explicación principal por la terrible falta de goles que tenemos en las cinco […]

El fútbol argentino falla en lo principal: los goles. Aquellos delanteros con el gol entre ceja y ceja, esos atacantes que hacían lo más importante de un partido con facilidad, no existen más. O en todo caso, se fueron al exterior. La explicación principal por la terrible falta de goles que tenemos en las cinco categorías de AFA tiene que ver con esto, sencillamente.

Porque no pasa solamente que Martín Palermo, Bernardo Romeo, Andrés Silvera, Esteban Fuertes y Rolando Zárate están grandes y haciendo lo que pueden en sus equipos, ya con la pólvora en decadencia, hay otra explicaciones adicionales. Se retiró José Luis Calderón, se fueron Ernesto Farías, Fernando Cavenaghi, Germán Denis, Javier Saviola, José Sand, Carlos Tévez, el Rolfi Montenegro, Diego Milito, Gonzalo Higuain, Darío Cvitanich, emigraron hace unos días Mauro Boselli y Carlos Luna y no hay reemplazos. Eso sí, quedan extranjeros que la meten como Santiago Silva y Rodrigo López, aunque ya se fueron Joaquín Boghossian y Marco Pérez.

La sequía provoca hechos insólitos: ninguno de los 40 equipos que integran los dos campeonatos más importantes, la Primera A y la B Nacional, ha marcado más de tres goles en las dos jornadas iniciales. En la división principal, los 39 goles en 20 partidos señalan que el promedio llega a un escuálido 1,95 gol por partido. En la B Nacional, el registro goleador nos señala un patético 1,63 por encuentro…

Si miramos a las tres categorías menores de AFA, donde uno puede imaginarse defensas menos sólidas, delanteros rústicos y campos en mal estado, la estadística es más grave: 1,83 en la B Metropolitana, 1,76 en Primera C y 2,22 en Primera D. Es decir que en ninguna de las cinco divisiones oficiales superamos los dos goles por encuentro. En realidad, ni siquiera se llega a los dos goles de mínima, salvo en el caso de la pequeña y aficionada Primera D.

La falta de sal, la falta de agua, son idénticas. La sal y el agua son fundamentales para nuestra vida; el gol es el ingrediente decisivo en cualquier partido de fútbol. Es lo que establece la diferencia y lo que, muchas veces, inclina opiniones y juicios de valor. Si la pelotita entra o no, es clave para resolver contratos, despedir entrenadores o cambiar comisiones enteras.

Si a los problemas naturales de nuestro mayor deporte le sumamos la ausencia de marcadores de punta y de mediocampistas por los costados, el panorama es francamente mediocre. Quedarnos sin goles es un karma que nos puede costar enormes dosis de aburrimiento frente al televisor y en la cancha misma. ¿Nacerán nuevos goleadores? ¿Se estará trabajando para formarlos? ¿Se irán antes de tiempo? Las respuestas están en los clubes.

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