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30/08/2010

Fútbol

Murió Francisco “Pancho” Varallo

Francisco "Pancho" Varallo murió a los 100 años. // AFP

Unico sobreviviente del Mundial del ’30, histórico goleador de Boca y figura de Gimnasia, falleció a los 100 años en La Plata. Galería.

Era el último sobreviviente de la primera final de un Mundial, histórico goleador de Boca Juniors e ídolo de Gimnasia, Francisco “Pancho” Varallo murió hoy a los 100 años en su La Plata natal. En febrero de este año había llegado a festejar su centenario y se daba el gusto de ver como en la ciudad de las diagonales lo homenajeaban en vida poniéndole su nombre a una avenida.

“Cañoncito” dejó una huella profunda en la historia del fútbol argentino, y especialmente en la de Boca Juniors. No por nada, de hecho, el club de la Ribera aún hoy lo tiene como su tercer máximo goleador de todos los tiempos con 194 goles en 222 partidos, detrás de Martín Palermo (222) y Roberto Cherro (218).

Pero Varallo también fue ídolo en Gimnasia y Esgrima La Plata. Aunque no sólo por ello, obviamente, una calle lleva su nombre en la ciudad de las diagonales desde el pasado 12 de febrero, cuando en un programa de homenajes organizados por la Municipalidad platense se le entregó a Don Francisco un premio a la trayectoria y la caballerosidad deportiva.

Su vida. En 1923 ingresó a 12 de Octubre, su primer club, de la Federación Platense de Fútbol. A los 14 años debutó en Primera y marcó el único gol del triunfo como visitante sobre Muelles y Depósitos, en Ensenada. Su fama creció rápidamente en toda la zona y en 1927 lo fueron a buscar para jugar, a prueba, en Estudiantes de La Plata.

Se presentó con cuatro goles a Estudiantil Porteño. Jugó en total tres partidos con once goles. Obvio, los dirigentes “pinchas” no dudaron en querer incorporarlo pero no pudieron contra la negativa de sus pares de 12 de Octubre: “A Panchito no se los vendemos ni locos”. Claro: eran todos hinchas de Gimnasia.

Poco después tuvo su prueba en el otro grande de La Plata. Fue en Tercera contra Rioplatense: 9-0 con ocho de Varallo. Al domingo siguiente jugó otro amistoso, esta vez en Primera, frente a Tiro Federal de Rosario. De inmediato se concretó su pase, por el que 12 de Octubre recibió 500 pesos y parte de una tribuna.

En 1929 ya fue campeón de Primera División (único título de Gimnasia en torneos de liga de la categoría superior). Los “triperos” le ganaron la final a Boca Juniors por 2 a 1. Fue el 9 de febrero de 1930 en la cancha de River Plate, en Alvear y Tagle. El premio fue de cien pesos.

El 25 de mayo de 1930 hizo su presentación en el seleccionado y marcó el gol del empate en uno frente a Uruguay, por la Copa Newton, en el estadio de San Lorenzo de Almagro. Ese día se ganó el lugar para el primer Mundial que estaba a punto de jugarse, en Montevideo. En ese histórico campeonato, participó en cuatro de las cinco presentaciones del equipo argentino e hizo un gol, en el 3-1 sobre México.

Después de formar parte entre 1930 y 1931 de una célebre y triunfal gira por toda América con Vélez Sarsfield, en cuyas filas tuvo por compañero a Bernabé Ferreyra (los dos “prestados”), al implantarse el profesionalismo se produjo su llegada a Boca. Le pagaron siete mil pesos. Fue un momento difícil, porque los hinchas de Gimnasia no aceptaron su partida.

Hasta llegaron a apedrearle la casa, por lo que tuvo que mudarse a Buenos Aires y se instaló en el Hotel América, que todavía existe, en la esquina de Bernardo de Irigoyen y Brasil.

Su campaña en Boca fue gloriosa. Con Roberto Cherro y Delfín Benítez Cáceres formó una sociedad memorable. Fue campeón en 1931, 1934 y 1935. Además fue máximo goleador boquense en 1931 (27 goles), 1932 (24), 1936 (22), 1937 (22) y 1939 (9, compartido con Ferenc Shon “Sas” y Américo Di Leo).

En los últimos años, su participación fue mermando por una lesión crónica en los meñiscos de la rodilla izquierda que arrastraba desde el partido con Chile del Mundial del ’30, que Argentina ganó 3-1 el 22 de julio de ese año. Una patada de Guillermo Subiabre lo dejó maltrecho. Por ello no jugó la semifinal con Estados Unidos y recién a último momento se decidió incluirlo en la final con Uruguay, que él mismo reconoció más tarde no debiera haber jugado.

Finalmente, tuvo que dejar el fútbol en plena juventud, a los 29 años. En su último partido marcó un gol y Boca le ganó 2-0 a Huracán, el 8 de diciembre de 1939, en la cancha de River, por la Copa Adrián Escobar.

“Siempre fui un delantero con empuje y quería reventar el arco. Me moría por hacer goles y por eso creo que triunfé. Triunfé a mi manera”, dijo alguna vez, definiéndose a la perfección. Y tal vez esa misma tozudez para perforar redes sea la que le permitió llegar a los 100 años de vida.

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