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30/07/2011

Fútbol

Boca: la inseguridad late en el arco

Orion / Fotobaires

Desde 2006 pasaron siete por el puesto que supo ser de Roma y Gatti, y ninguno logró imponerse. El porqué de los fracasos.

“El no hace goles. Está allí para impedir que se hagan. El gol, fiesta del fútbol: el goleador hace alegrías y el guardameta, el aguafiestas, las deshace.” Esas líneas pertenecen al cuento El arquero, de Eduardo Galeano. Paradójicamente, en Boca, ese al que el escritor uruguayo llama el aguafiestas se tomó licencia desde hace cinco años. En La Bombonera y fuera de ella, los rivales vivieron de alegrías en alegrías. Fueron siete los arqueros que intentaron desde mediados de 2006 ocupar sin éxito ese lugar, muchos para un club que históricamente se distinguió por tener nombres inamovibles en el puesto.

Inestables. Desde el arco, se dice, empiezan a construirse los ánimos de un equipo, la confianza, la seguridad, la personalidad. El arquero es el encargado de contagiar a sus compañeros. Se puede decir que es como el dólar: si no se mantiene estable, la paranoia aumenta, la sensación de inseguridad es mayor. Boca siempre se caracterizó por tener arqueros capaces de mantenerse en el tiempo. El dato que lo refleja es contundente: desde 1960 hasta 2006, cuarenta y seis años, al arco de Boca lo cuidaron seis hombres. Antonio Roma ( ’60-’72), Rubén Sánchez (‘66-’75), Hugo Gatti (’76-’88), Carlos Navarro Montoya (’88-’96), Oscar Córdoba (’97- 2001) y Roberto Abbondanzieri (’97-2006). Todos con sus respectivos altibajos y momentos y suplentes, que también jugaron, claro está. Pero la historia los recuerda como los dueños del arco.

Ahora los tiempos son otros, las urgencias apremian, las presiones son mayores y el arco de Boca sufre. Corrección: los arqueros de Boca sufren. Porque desde que Abbondanzieri dejó el club tras el Mundial de Alemania 2006, debajo de los tres palos el desfile de nombres no cesó. En 46 años, seis arqueros; en los últimos cinco años, siete. Mucho. “Boca tomó decisiones erradas, tenía a García y quiso darle una chance. Después fue Lucchetti y tampoco funcionó. Ahora se decidió por Orion, esperemos que pueda salir adelante”, le asegura Córdoba a PERFIL. El colombiano también recuerda su paso y con un ejemplo grafica lo que genera el arco: “A veces me ponía muy nervioso cuando me hacían un gol tonto en La Bombonera y para disimular la transpiración por los nervios me tiraba agua en la cara”.

Abbondanzieri fue el último representante de esos que consiguieron pertenecer. Su partida al Getafe generó un problema difícil de solucionar y del que hasta fue partícipe, porque su regreso en 2009, que se pensó como el fin de todos los males, terminó en un año con más pena que gloria. Seis de esos siete arqueros sufrieron más goles que partidos jugados. La primera víctima fue el paraguayo Aldo Bobadilla, que estaba sin club y justamente ayer se retiró para ser el entrenador de arqueros de la selección de Paraguay que ahora va a dirigir Francisco Arce. Su aventura duró un año y empezó a ser marcado cuando Boca perdió la final del Apertura 2006 con Estudiantes. Con Maurico Caranta se consiguió cierta estabilidad, fue el que más partidos disputó: 84, en los que le convirtieron en 87 oportunidades. Fue campeón de la Copa Libertadores 2007 con Miguel Angel Russo como técnico y tal vez hoy seguiría como arquero de Boca de no haberse peleado con Carlos Ischia (se negó a atajar en un partido). Pablo Migliore fue su reemplazante por apenas un puñado de partidos, hasta que en la ida de las semifinales de la Libertadores 2008 tuvo un grueso error en el empate de Fluminense (2 a 2).

El lugar, después, se lo ganó Javier García, de las inferiores. Fue la esperanza, incluso por fin Boca tenía un arquero nacido en la casa. De los históricos, sólo Sanchez había surgido de abajo. Tampoco pudo consolidarse y sus momentos en el arco estuvieron divididos por etapas. Abonado a los errores infantiles, nunca transmitió seguridad. Para esta temporada fue a préstamo a Tigre. A otro juvenil, Josué Ayala, sería injusto juzgarlo cuando apenas atajó dos partidos. Lo dicho: el regreso de Abbdondanzieri fue gris. No era el mismo que había tomado la posta de Córdoba en 2002. Con 36 años tuvo una temporada irregular y terminó en Internacional de Porto Alegre, donde se retiró. Cristian Luchetti también duró una temporada, en la que los errores fueron moneda corriente. Ahora hay una nueva cara. ¿Será Orion el aguafiestas que Boca tanto necesita?

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