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30/03/2012

Fútbol

La deuda de la argentina del Barça

Florencia llegó al Barcelona en agosto de 2011..

A Florencia Quiñones le dicen la “Messi” del Barcelona femenino. Ella se ríe y le cuenta a 442 que aún no pudo hablar con La Pulga. Su historia.

Si el Barcelona Fútbol Club sorteara una plaza en alguno de sus equipos entre todos los jóvenes del planeta, la ciudad catalana se vería inundada por un ejército aún mayor al que ostenta China. El equipo culé, el más exitoso hoy de todas las ligas del mundo, no seduce exclusivamente con sus laureles: tiene un idioma propio que imprime en cada uno de sus conjuntos, una filosofía en el método, un sistema madre. Dentro de esa tropa estaría Florencia Quiñones. Estaría, claro, si no fuera porque, con gestión propia y destreza en la cancha, llegó hasta allí sola, en voz baja, con un sueño certero que arrancó en Oncativo hace más de diez años y tomó forma en San Lorenzo de Almagro.

Florencia forma parte del Femenino A del Barcelona desde agosto de 2011. Un conocido de la familia que vive en España la animó para armar un currículum, algunos videos y soñar con llevar su juego al Camp Nou, ese mismo estadio donde otro argentino, Lionel Messi, es amo y señor. Antes de su llegada, cuando se confirmó el pase, muchos hablaron de ella como la “Messi del Barcelona femenino”. El mismo club la presentó así en las noticias de su portal web. Ella se ríe. Sabe que la comparación es forzada, y sabe también que será su aporte al equipo lo que la haga importante para los catalanes. “Yo siempre digo que la similitud que hay es que somos del mismo país. Y nada más. Después de ahí estamos muy lejos”, confía en diálogo con 442, y aclara además que ella es volante central pero “más defensiva”.

Eso sí, con Messi tiene todavía una cuenta pendiente. Es que desde que aterrizó en tierras españolas no pudo conocer al hombre que desvela con su juego al mundo. “Nos cruzamos, pero tratamos de no molestarlo porque uno también entiende que es un ícono del fútbol mundial y debe estar bastante agobiado. No debe ser fácil ser él. Yo creo que la lleva bastante bien, con humildad y con lo poco que se muestra”, reconoce. Y al tiempo que no pierde las esperanzas de tener un mano a mano, Florencia, confesa hincha del Barça, sí disfruta de la Pulga desde la tribuna. “Siempre que puedo voy a la cancha porque me gusta. Ver jugar a estos jugadores es un espectáculo. Por ahí me faltaría lo que es la hinchada argentina en este estadio, pero nada más. No es lo mismo ir a una cancha argentina. Siempre lo dije y siempre lo voy a decir. Acá es un espectáculo, es como ir al teatro. Allá se vive de otra forma”.

Una pasión transitiva. María Florencia Quiñones nació hace 25 años en Oncativo, provincia de Córdoba, y creció bajo el ala de Marcelo el Colorado Quiñones, ídolo del Racing de Nueva Italia de la década del 80 y actual DT. Respiró fútbol en las canchas cuando su papá todavía jugaba y revoloteó años alrededor del equipo cada vez que el Colorado la llevaba a los entrenamientos. Así nació su pasión por el deporte. Ya más grande, cuando tuvo que elegir, aquella niña que jugaba al básquet y al vóley se inclinó por el fútbol. “No fue fácil, y menos cuando yo era chica porque no había tantos equipos de fútbol femenino, pero casi todos mis amigos eran varones y creo que eso me influyó porque ellos también siguieron jugando al fútbol”. Flor cuenta además que siempre tuvo el aval de su familia y que, aunque le hicieron notar que era una chica –“por ejemplo con un grito muy típico como el ‘marimacho’”- nunca se dejó influir.

En las inferiores de Atlético Unión de Oncativo y Flor de Ceibo fue donde Florencia forjó sus primeras armas. Seis años jugó en equipos de varones. Y si bien se probó en la escuela de fútbol de River, su llegada al Ciclón se dio gracias a una convocatoria de la selección argentina en 2005. “Una compañera me dijo que San Lorenzo tenía una pensión, y fue medio rápido. Entrené dos o tres días y ya fiché para el club”. Florencia armó las valijas y se mudó a la Ciudad de Buenos Aires. No sólo debió dejar lejos a su familia, también tuvo que acostumbrarse a jugar en un equipo de chicas. “Al principio me costó porque no había jugado nunca con mujeres. Era otro ritmo y había que adaptarse a otro sistema de juego: el de la mujer es distinto al del hombre, un poco más lento. Me llevo un par de meses la adaptación no sólo al club sino también al cambio de vida porque no es lo mismo vivir en Oncativo que vivir en la capital. Pero de a poco me fui adaptando, encontré el lado bueno del fútbol femenino y dejé atrás el de hombres, que era parte de mi infancia”. Tanto fue lo que San Lorenzo le dio a ella y lo que ella aportó al club –un repaso rápido habla del Apertura 2008, diez trofeos amistosos, un paso por la Copa Libertadores en 2009 y diez torneos AFA en fútbol sala- que Flor sueña con volver algún día a jugar con sus ex compañeras del Ciclón.

El sueño de la piba. Si bien Florencia sabía que podían llamarla del Barcelona para ser parte de sus filas, la ilusión tomó forma de realidad cuando sonó el teléfono y le confirmaron su pase. Su debut no se dio apenas pisó el viejo continente: el papeleo por ser extranjera retrasó todo. Con el campeonato empezado y un equipo ganador y consolidado –lideran la liga local- no fue fácil ganarse un lugar, aunque tampoco parece ser un tema que la desvele. “Las veces que me tocó jugar traté de hacerlo bien, de la mejor manera. Y por suerte sirvió. Yo trato de aportar lo mío, como cada una de las veinte que somos. Todas son muy buenas y eso está bueno para que el rendimiento de todas sea el mejor”, explica. “Competitiva, generosa, una trabajadora incansable”, la definió su DT, Xavi Llorens, el mismo que tuvo el honor de oficiar de primer entrenador de Messi en el Barça.

Hay un plus además en formar parte del mundo culé, y es ese sistema tan propio que impera en todas sus formaciones. “En el Barcelona se trata de tener la misma idea que el primer equipo. Es algo que es del club: se juega un poco más al fútbol, con menos choque”, comenta. El balance de estos meses, claro, es positivo. “Aprendí bastante. Es otro fútbol, se juega de otra forma. Todos los días uno aprende algo nuevo y estoy tratando de hacer lo que sé, lo mejor que puedo”, aclara. Si el equipo gana a nivel nacional, tendrá un lugar en la Champions League, una experiencia que Florencia palpita como única. “Sería algo que me falta de mi carrera y digamos que después de ahí me podría retirar. Aunque si me retirara hoy estaría tranquila también con lo que logré”. Bien vale la siguiente aclaración: todo lo que alcanzó como jugadora, lo hizo a fuerza de convicción y esfuerzo. Es que en un fútbol que no es considerado como profesional, las mujeres no cobran un sueldo ni cercano al de un hombre. “Acá a nosotras nos dan un piso y un viático. Después la comida la pagamos nosotras. No es que en Barcelona voy a hacer una diferencia, apenas alcanza para vivir y hacer mis cosas, nada más”.

Jugadora de selección. Florencia cuenta con más de cuarenta partidos disputados con la celeste y blanca. El equipo no pasa por su mejor momento, cuenta, pero tiene confianza en poder revertir la situación. “Fuimos al Panamericano en octubre pero no nos fue muy bien en cuanto a resultados. Sin embargo, en cuanto al rendimiento del grupo, creo que se está volviendo a armar de nuevo lo que es la selección mayor. Se fueron varias chicas más grandes, se acoplaron las más chicas y hay una intención de que este proyecto se siga para que en el Sudamericano que se va a hacer en dos años nos vaya bien y podamos clasificar al Mundial”. No será fácil: el fútbol femenino no es un tema al que la AFA le preste especial atención. “Proyecto hay, pero sabemos que en el fútbol femenino por ahí no tenemos tanto apoyo. Nos falta mucha competencia. Como por ahí el futbol femenino es una liga que no mueve mucha plata, es difícil que salga algo para hacer un viaje o una gira”. Pese a todo, el equipo irá detrás del objetivo de todas: meter a Argentina entre las mejores.

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