A Arjen Robben todavía lo atormenta esa jugada. Iban 17 minutos del segundo tiempo de la final del mundo, cuando enfrentó a solas a Iker Casillas. Lo engañó, pero el arquero de España, que se había tirado hacia su izquierda, pudo desviar con una pierna el remate del mediocampista de Holanda. “No puedo parar de pensar en esa chance que desperdicié –admitió días más tarde, mientras la reina Beatriz y el entonces primer ministro Jan Peter Balkenende agasajaban al equipo– y eso me duele. Es como una película que mi mente me pasa una y otra vez.” Ironía de la vida: Robben, un egoísta incorregible en la cancha, estaba solo con esa frustración a cuestas.
La de Robben es la historia del “holandés que no juega como un futbolista holandés”, según lo definió Simon Kuper, un periodista del Financial Times. En definitiva, que no pone su talento al servicio del equipo, como explicó su compañero de selección Robin van Persie, goleador de la Premier League que acaba de finalizar: “A veces toma decisiones que son buenas para él, pero no para el equipo”. Ejemplo: en el Mundial sub 20, que se disputó en 2001 en la Argentina, el entrenador de Holanda, Louis van Gaal, avisó que traía “al talento más grande” que había visto en su vida. Pero, al final, Van Gaal, un entrenador que subordina a rajatabla lo individual a lo colectivo, lo dejó en el banco de suplentes: desde allí vio Robben la eliminación de Holanda en los cuartos de final ante Egipto (la de Holanda era una selección que reunía a futbolistas de renombre hoy, como el arquero Maarten Stekelenburg, John Heitinga, Rafael van der Vaart y Klaas Jan Huntelaar).
Comentó Robben: “Me crié jugando al fútbol en Holanda, y aún recuerdo los retos de los entrenadores cuando un niño se atrevía a correr con la pelota en los pies: ¡no driblees!”.Pero a él no le importó y nunca dejó de gambetear: no por nada, hasta el mismísimo Franz Beckenbauer lo llamó “egoísta” (admitió, sin embargo, que “el Bayern Munich lo necesita”). En la semifinal de la Liga de Campeones ante el Real Madrid, sin ir muy lejos, el francés Franck Ribery lo boxeó en el vestuario, durante el entretiempo, porque Robben no le había permitido patear un tiro libre (aunque Ribery se disculpó, el club lo multó por cincuenta mil euros).
En noviembre, Robben salió a desmentir que sus compañeros no lo soportaran más, como se había publicado en la revista Bild. “No es cierto –dijo el mediocampista al diario Tz–y me hacen reír esas cosas, aunque también me ponen nervioso. El periodista que escribió eso no entiende ni conoce nada: tengo el apoyo de mis compañeros, del entrenador (Jupp Heynckes) y de la dirigencia del Bayern Munich, y eso es lo que me importa.” Pero en Bild se insistió y hasta se publicó el supuesto apodo que sus compañeros le habían puesto: Aleinikov (en alusión a Sergei Aleinikov, un ex mediocampista de la selección de la Unión Soviética y de la Juventus). Es, según explicó el periodista Raphael Honigstein en la revista estadounidense Sports Illustrated, un juego de palabras: en alemán, “allein” significa “solo”.
Por lo demás, Aleinikov nunca ganó la Copa de Campeones de Europa con la Juventus.
(*) Esta nota fue publicada en la edición impresa del Diario PERFIL.
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