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29/07/2012

Historias

Los «pequeños» de los Juegos

Bután desfila en la ceremonia inaugural. // AFP

Hay 11 países que presentaron un par de competidores. Llegan con historias llamativas; algunos, son invitados. Además, hay cuatro atletas sin bandera.

Entró en pánico cuando la milicia islamista Al Shabab decapitó a un amigo de él. De inmediato, se embarcó en un bote, sin comida ni agua, rumbo a Yemen. Después de tres días, llegó y consiguió trabajo de limpiador de oficinas. Pero a los dos años volvió a Mogadiscio: atleta, al fin, se quería entrenar. Recién a mediados de mes, y para que Al Shabab no los pudiera secuestrar, el Comité Olímpico de Somalia anunció que él y Zamzam Mohamed Farah –también corredora, ella– iban a representar a su país en Londres.

Al Shabab combate hasta el día de hoy a las tropas de Somalia, Kenia y Etiopía. Asesinó en abril al presidente del Comité Olímpico de Somalia, Aden Yabarow Wiish. Pero Mohamed Mohamed siguió con el entrenamiento por la “calle de la muerte de Mogadiscio” (que así la llaman) junto a otros tres atletas que disputaban las dos invitaciones del Comité Olímpico Internacional. La atleta Amal Mohamed Bashiir, que al final no sería elegida, corría con Mohamed Mohamed. Le contó el 4 de este mes a The Guardian: “Cuando Al Shabab entró en Mogadiscio, recibí muchísimas amenazas, llamadas telefónicas en las que me avisaban que me iban a matar. Por eso me cambié el nombre para seguir entrenándome”. Amal Mohamed Bashiir tiene apenas 18 años.

Mohamed Mohamed, de 22, relató en una entrevista con el Christian Science Monitor: “Antes de mi exilio, había perdido mi libertad. No me podía entrenar, ni siquiera me podía poner ropa deportiva. Era frustrante. Pero hoy la gente que me ve correr por las calles de Mogadiscio me aplaude”. (Esa Mogadiscio que retrató el director británico Ridley Scott en la película La caída del halcón negro, de 2001.)

La de Mohamed Mohamed –que va a participar de la prueba de atletismo de 1.500 metros– es apenas una historia de vida (si bien la más trágica) entre las de los atletas de los once países que tienen sólo dos representantes en Londres.

Historias mínimas. Kunzang Choden (tiro) y Sherab Zam (arco y flecha) se entrenaron para los Juegos Olímpicos en un valle del Himalaya. Ellas son las representantes de Bután. En una entrevista con la agencia Reuters, Sherab contó que no tenía arco ni flechas (explicó que lo que costaban equivalía a su sueldo de un año) y que entró a la arquería recién en 2005, cuando vio un aviso en un diario. “Tengo que pegar las flechas que se me rompen”, dijo la arquera, de 28 años.

Otra historia: Erison Hurtault vivió toda la vida en Matawan, Nueva Jersey. Es economista recibido enla Universidadde Columbia, además de un atleta que se especializa en los400 metros(“el más rápido en la historia de esa universidad”, según se publicó en Da Vibes, un portal de noticias de Dominica). En junio de 2008 participó de una prueba de atletas estadounidenses: quería que lo eligieran para representar a los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Beijing. No lo consiguió por un segundo. Tenía, en consecuencia, otra oportunidad. Pero avisó, de la nada, que se iba a Colombia para participar en el campeonato de atletismo de América Central: iba a representar a la isla de Dominica, de donde eran sus padres, que viven en Florida. Allí, vueltas de la vida, debutó el 4 de julio. Al final, participaría de los Juegos Olímpicos de Beijing. Hoy compite por Dominica.

En Timor Oriental, según escribió el miércoles 11 la periodista Kate Hodal en The Guardian, hay un dicho: “La última vez que corrí fue cuando las tropas de Indonesia me perseguían”. Alude, el dicho, a la anexión por parte de Indonesia en 1975, que finalizaría recién en 1999. Hoy, Timor Oriental, que en los Juegos Olímpicos de 2000 envió cuatro atletas que debieron desfilar con la bandera olímpica y no con la de su país (aún sin la admisión del COI), va a ser representada por dos maratonistas, Juventina Napoleao y Augusto Soares. De familias pobres (agricultora, la de Napoleao; vendedora en un supermercado, la de Soares), ellos corren para ganar dinero y ayudarlas.

Otra historia: cuando llegaron a Inglaterra los dos representantes de las Islas Vírgenes, los atletas J’maal Alexander y Tahesia Harrigan-Scott, se alojaron en una casa de familia en Hertfordshire, porque no tenían dinero para pagar un hotel. Otra: Aicha Fall (atletismo,800 metros) contó que en Mauritania le hicieron la vida imposible: “Vivo en una república islámica, y muchísima gente me cuestionaba por ser mujer y correr en pantalón corto por la calle”. Otra: el portal This is Sierra Leone le preguntó a Ola Sesay si sabía que era la primera deportista de Sierra Leona en clasificarse a los Juegos Olímpicos. “No”, contestó la atleta, de 33 años, que vivió toda la vida en los Estados Unidos y que recién de grande se enteró de que tenía parientes en Sierra Leona.

Ultima: los dos atletas que van a representar a Nauru (levantamiento de pesas) tienen historias de vida, como mínimo, desparejas: mientras que Itte Detenamo es una suerte de celebridad en Nauru y hasta se fotografió en una competencia en Estados Unidos con Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, Sled Dowabobo, según le contó al portal Blottr, pidió una licencia sin goce de sueldo en su trabajo pero no sabe si se va a poder reincorporar: es que ya pasaron dos años.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil

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