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30/04/2013

Opinión

La Liga, la Bundesliga y el fútbol color de rosa

La Liga de España vs. la Bundesliga. // AFP

La Bundesliga está de moda. Los categóricos resultados del Bayern Munich y del Borussia Dortmund, ante el Barcelona y el Real Madrid en los partidos de ida de las semifinales de la Champions League, abrieron el debate comparativo entre las dos ligas. El fútbol es un deporte, y también un espectáculo. Los resultados son importantes, […]

La Bundesliga está de moda. Los categóricos resultados del Bayern Munich y del Borussia Dortmund, ante el Barcelona y el Real Madrid en los partidos de ida de las semifinales de la Champions League, abrieron el debate comparativo entre las dos ligas. El fútbol es un deporte, y también un espectáculo. Los resultados son importantes, pero deben estar acompañados por un entorno favorable para potenciar su desarrollo. Es justamente la afluencia de público, la que genera mayores ingresos, mayores incentivos a la práctica y la generación de un círculo virtuoso de crecimiento.

En la actualidad, las selecciones nacionales de fútbol de España y Alemania, son consideradas las mejores de Europa. La mayoría de sus jugadores seleccionados disputan la liga local y difícilmente emigren. La permanencia incentiva el desarrollo del medio interno y fortalece el rendimiento de los clubes, pero es en el modo de organización donde se observan las mayores diferencias entre estos dos países.

La Liga española quedó ubicada como un modelo de gestión de tinte “capitalista”: muy apetecible para el espectador pero desordenada en sus finanzas, con clubes deficitarios y grandes diferencias en la repartija del dinero. En estos últimos años, marcó un camino con decisiones que instauraron un sistema duopólico donde se acentuó la brecha presupuestaria y se ahondaron las distancias entre clubes chicos y grandes. La diferencia entre lo que cobran Real Madrid y Barcelona por derechos televisivos y lo que reciben los recién ascendidos, es de 10 a 1.

Por el contrario, la Bundesliga quedó posicionada como un modelo de gestión de tinte “socialista”: prolija en sus números, provechosa para los clubes, cautivadora y confortable para el espectador, ecuánime en la distribución de los ingresos y competitiva dentro del campo. Los clubes funcionan como sociedades mixtas, mezcla de capitales privados y socios. El precio de las entradas al estadio son accesibles y una parte se pone a la venta el día del partido (la venta de abonos anuales sólo se permite hasta el 50% de la capacidad del estadio). La diferencia de ingresos televisivos entre el Bayern Munich, el mejor pago, y un recién ascendido, es de 2 a 1.

Visto de esta forma, parecería que el torneo alemán es el edén futbolero y el español una “mierda”. Fue Uli Hoeness, presidente del Bayern, quien caracterizó a la Liga de esta manera: “El Real Madrid solo tiene más deuda que toda la Bundesliga” y “nosotros (Alemania) pagamos cientos de millones para que salgan de la mierda (España) y luego los clubes no pagan sus deudas”.

Pero parece que a “Uli” se le traspapelaron los papeles y está siendo investigado por el Ministerio de Hacienda acusado de evasión fiscal (habría ocultado al fisco más de 10 millones de euros). El escándalo protagonizado por el hombre más poderoso del fútbol alemán obligó a muchos políticos bávaros a desmarcarse del recordado campeón en la década del ´70. Incluso la propia canciller alemana Ángela Merkel, hace unos días, manifestó estar “decepcionada” con Hoeness. Igual, este no es el único inconveniente que ha sacudido al deporte germano en los últimos años.

Recientemente, las divisiones inferiores de la Bundesliga y de la Segunda (división de plata), se han visto salpicadas por la conocida Operación Veto (en la Argentina es recordada por la denuncia sobre el partido del sub20 en Córdoba ante su par boliviano). Esta operación conducida por las autoridades de cinco países europeos detectó un total de 380 partidos amañados en Europa, de los cuales setenta se jugaron en suelo germano. Estos “arreglos”, llevados a cabo a través de sobornos a árbitros y jugadores, son la “punta del iceberg” de lo queFriedhelm Althans, responsable policial de la investigación, llamó como la “red mafiosa deportiva” más importante de la actualidad. Supuestamente, según revela el periódico Bild, más de la tercera parte (alrededor de 150 personas) de los sospechosos de formar parte de esta red de corrupción (destapada por Europol) residen en Alemania.

El tema no es novedoso, ya había saltado a la luz en noviembre de 2005, cuando el referí Robert Hoyzer confesó haber trabajado para la mafia croata que apostaba grandes sumas de dinero en el fútbol alemán. El más famoso de estos encuentros fue la victoria del Paderborn (equipo regional) sobre el reconocido Hamburgo (por 4 a 2) en un duelo de la Copa de Alemania, donde al vencedor lo beneficiaron con dos penales y la expulsión de un rival. La vergonzosa derrota condenó al entrenador Klaus Toppmöller, quien fuera despedido poco después. También complicó a la agencia de apuestas Oddset, que informó a la Deutscher Fußball-Bund (Liga Alemana de Fútbol – DFB) que llamativamente se habían registrado fuertes apuestas a favor del Padeborn (el triunfo se pagaba 575 a 100), pero la investigación no prosperó.

Un par de años después, supuestamente por nuevas denuncias (en este caso de colegas) la DFB, abrió una nueva investigación. Ahí sí Robert Hoyzer terminó confesándose culpable de haber manipulado una serie de partidos, a cambio de “67.000 euros y un plasma”. También se ofreció a colaborar con las autoridades: en sus testimonios acusó a otros jueces y a futbolistas pero no aportó pruebas. Finalmente se descubrió que era responsable de amañar al menos veintitrés partidos. Fue condenado a dos años y medio de cárcel e inhabilitado de por vida por la federación alemana. Pero no fue el único, otras veinticinco personas estuvieron implicadas: entre ellos tres árbitros y catorce jugadores. Hoyzer, ocupa desde ese momento, un lugar privilegiado en lo peor de la historia del fútbol germano.

Todos los partidos sospechados del campeonato en curso volvieron a disputarse, los anteriores quedaron en el recuerdo. Para los hinchas del Paderborn la alegría se transformó en vergüenza, para los del Hamburgo aquella derrota ya no cuenta. El club salió hecho: reclamó ante la Federación y lo indemnizaron con 2 millones de euros. Al pobre de Klaus Toppmöller, al que el traspié le costó el puesto, al menos le pagaron su salario por el resto de la temporada pero nunca más recuperó su lugar.

Como verá, en Alemania los estadios son seguros y modernos, frecuentemente el 90% de su capacidad está ocupada, hay un gran respeto por el público y los equipos brindan un buen espectáculo, pero en el fútbol las cosas no son color de rosa. Por ejemplo, no es rosa la camiseta del Dortmund (amarilla y negra) tampoco la del Bayern Munich (azul y roja) y menos aún el lisonjero discurso sobre la Bundesliga alemana que se repite en muchos lugares.

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