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17/01/2014

Opinión

La cocina de Australia

Sharapova se pone una bolsa de hielo en la cabeza. El calor en Australia es insoportable. // AP

Calendarios y obligaciones del negocio siguen primando y sometiendo a los atletas a regímenes inhumanos. La columna de Herbella.

“Lo nuestro creció en México, cuando ellos, que estaban en los palcos con aire acondicionado o con negros abanicándolos, nos hacían jugar al mediodía…. Y lo que no terminaba de entender el “cabeza de termo” de Havelange era que yo no quería ni quiero arruinarle el negocio, ¡no! Pero quería que entendiera, si, que la clave de todo éste negocio, de todo éste espectáculo, éramos nosotros, los jugadores porque Havelange y Blatter, con pantaloncitos cortos, hacen el ridículo”. Diego Maradona sobre la Copa del Mundo de México 1986.

La práctica deportiva y el calor extremo no se llevan bien. Si bien la ciencia es concluyente al certificar la merma en el rendimiento del deportista y el riesgo generado por la hipertermia excesiva (aumento de la temperatura corporal, en este caso, producto de la actividad física), los calendarios y las obligaciones del negocio deportivo siguen primando, y sometiendo a los atletas a regímenes inhumanos. El abierto de Australia es uno de los cuatro torneos más importantes del calendario tenístico y una muestra feroz de lo que puede causar el calor extremo en el deporte: con más de 40° de temperatura, bajo un sol pleno y sobre una carpeta sintética que incrementa la sensación de agobio, los tenistas se debaten entre la vida y la derrota.

La enfermedad por calor (heat illness), popularmente llamada insolación, es un cuadro que se supone benigno pero puede llegar a ser dramático. Sed, dolor de cabeza, mareos y debilidad muscular son las sensaciones del atleta, y entre los signos se observa: sudor frío, temperatura corporal que ronda los 40° y, en los casos graves, alteraciones del grado de conciencia (letargia, obnubilación y estupor). La forma de combatirla es: buena hidratación y correcta alimentación, enfriamiento corporal a través de accesorios (hielo o gel) y disminuir el tiempo de exposición solar.

“Vi a Snoopy….Comencé a alucinar un poco en el primer set y pensé: ‘Esto es raro’. No creo que sea correcto enviar a la gente a jugar. Pero es así, hasta que alguien muera en la cancha. El sol te calienta el cuerpo, te quema el cerebro” describió el canadiense Frank Dancevic. La misma idea defendió el croata Ivan Dodig “alguien va a morir ahí fuera”, lo dijo luego de retirarse en la segunda ronda del torneo, afectado por mareos y calambres, mientras iba ganando su partido ante el bosnio Damir Dzumhur. El más ingenioso fue el francés Jo-Wilfried Tsonga y su descripción de tinte “culinario”, pero no por eso menos dramática, sobre lo que está pasando: “Jamás jugué bajo estas condiciones; se podría haber frito un huevo sobre el cemento”.

El tenis no trata por igual a hombres y mujeres. El circuito femenino (WTA) posee una política de “extreme heat policy” (o política de gestión del calor extremo), que es un protocolo de actuación frente a altas temperaturas, con medidas como un descanso especial de diez minutos (en vestuario) entre el segundo y tercer set, y/o hasta la suspensión del partido. Estas determinaciones se aplican de acuerdo a un índice de calor extremo que se calcula a partir de una fórmula matemática, que toma en consideración: temperatura, humedad y extras como nubosidad, viento y otros. Por el contrario, el circuito de hombres (ATP) con partidos a cinco sets en los Grand Slam, no utiliza esta herramienta ni aplica determinaciones intermedias: suspensión del encuentro o nada. “La regla es diferente para hombres y mujeres y no entiendo por qué”, dijo el británico Andy Murray, haciendo público un cuestionamiento que se escucha con frecuencia en el vestuario.

Pese a que tenistas, asistentes y público se desploman por el calor como insectos frente al Baygon (diez deserciones en tres días de disputa, es el récord de retiros en un torneo durante la Era Abierta), las autoridades retacean hasta último momento las suspensiones. La televisión pone las reglas porque el show debe continuar. Como no hay cohesión entre los tenistas, no existe una barrera de defensa ante el atropello. El problema no es exclusivo del tenis, ni de este tiempo. Recordemos la profecía incumplida, de mediados de 1995, del mayor aforista deportivo del último decalustro: “Estamos organizando la reunión del sindicato mundial. Se acaba eso de jugar al mediodía, mientras Havelange se castiga con pizza y champagne en el palco”. Maradona quiso llevarla a la práctica, pero la idea nunca prosperó.

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