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08/04/2014

Ni el Papa Francisco podrá reemplazar a Grondona

Julio Grondona podría retirarse de la AFA en 2015. / AFP

Por qué el extenso mandato de Don Julio debe ser motivo de festejo y no de exabruptos. Qué pasaría en la AFA cuando el veterano dirigente no esté más.

Uno de los problemas que tiene el fútbol argentino es que su propia gente, incluyendo a los aficionados, o sea a casi todos los ciudadanos de este bendito ‘país de los cuatro climas’ (¿cómo, sólo cuatro?, dijo un argentino alguna vez), es que poco entienden de ‘fútbol argentino’ que es otra cosa diferente al fútbol universal. Si se consiguiesen entender sus meandros, tal como ellos son, los 35 años de Julio Humberto Grondona en la presidencia de la AFA debiesen ser motivo de festejo y no de exabruptos y desconsuelos.

Hay dos cosas que no pueden aprenderse de modo definitivo en la vida: una, a ser padre/madre y, la otra, a presidir la AFA. Lo de padre/madre es general, no se ciñe a un territorio, a una cultura, a una época o a un determinado contexto. Es difícil de verdad, se acierta cuando se erra y se erra acertando, las cosas cambian de un día para el otro y lo que ayer parecía correcto hoy es comprobadamente improcedente. Hay que poner el pecho y redactar, cada uno, su propio manual sabiendo que siquiera servirá para criar al siguiente hijo. Su utilidad se autodestruye antes de ser puesta en práctica por segunda vez. Presidir la AFA es otra historia. Peor.

La AFA no es la FIFA, ni la CBF, ni la UEFA, ni la CSF, ni… ¡Ufa! La Afa no se parece en nada a cualquier otra asociación o federación de fútbol de ningún lugar del planeta. Mucho menos de otro deporte. Tampoco tiene que ver con dirigir una empresa, privada o pública, ni un ministerio, ni una ONG y menos aún comandar a un simple club, aunque este sea de fútbol y ‘uno de los grandes’. La AFA es un mundo aparte. La Asociación del Fútbol Argentino concentra las pasiones más absurdas que las distintas culturas humanas ya vieron. De ‘Civilización y Barbarie’, la AFA se autoexcluyó de la primera parte y acaparó la segunda, se quedó con toda la barbarie; el diccionario de filosofía dice que ‘La civilización sólo puede entenderse a partir de la Barbarie…’ Como la AFA.

Aunque ambos estén perdidos, un suicida por amor es mucho más lógico y justificado que un dirigente o representante de club reclamando por el arbitraje del domingo pasado: que el penal, que la expulsión, que el gol de Barovero, que cruzó la línea o no la ultrapasó, que, que, que… En la AFA convergen los reclamos mas injustos que Salomón (aquel del fallo salomónico) podría decidir. El tribunal de La Haya se disolvería en cinco minutos de sólo escuchar una sesión del Comité Ejecutivo afista. Créanme. Por una vez en la vida, créanme: la AFA es sin igual.

En un país donde nadie acepta perder ni siquiera a las bolitas (perdón, en el rugby es otra historia, su gente adora que los Pumas pierdan). En el fútbol argentino perder es algo peor que la muerte, porque después de la muerte no hay nada, al menos para escépticos y ateos/agnósticos como yo, mientras que en el fútbol, después de la derrota, aparece todo lo malo que la condición humana ya catalogó en los infiernos más abrasados de la historia bíblica. Verdugos, alimañas, malvados y terribles monstruos de siete cabezas y mil colores se sientan en la misma mesa sin darse la espalda ¡nunca! De un lado están los de Boca y del otro los de River; en el medio la AFA. Aquí se sienta Racing y allí Independiente; y entre ellos la AFA. Esto vale para Canallas y Leprosos, Colón y Unión, Lanús y Banfield, Chacarita y Atlanta, Pincharratas y Triperos y el club que usted quiera.

No hay damas en la mesa del fútbol, el género femenino no tiene lugar, y por ello –quizás– no está la señora Razón, convidada que nunca fue, ni se atreve a pasar por la porteña calle Viamonte. Tampoco está Doña Paciencia. Ni esa madame llamada Sensatez. En cambio, también asisten a los diálogos (bochornosas discusiones) señores que no debiesen estar, como Don Oportunista y el Doctor Ventajero que suelen ir con su chofer, Sr. Malpensado, y el guardaespaldas, sargento Conmigonojodas. Todos son poderosos y exitosos en su vida particular, se creen ‘lo máximo’ y suponen defender la inocencia de Crimea, tan cuestionable como las culpas de Putin. Se les escucha decir que están allí ‘para ayudar a su club’ que es ‘ayudar a su comunidad’. Bullshit.

Julio Grondona preside la AFA desde hace 35 años. Se lo acusa de muchas irregularidades pero no hay pruebas.

El presidente de la AFA, posición soñada por millares de personas (yo mismo, por ejemplo), no puede decidir nada –por justo que resulte– que sea razonable para ‘A’ sin que se enoje ‘B’ y viceversa. No puede ser firme sin parecer enemigo. No puede mostrarse en duda sin connotar debilidad. No puede tener convicciones sin ser sospechado. No puede festejar sin ganarse odios. No puede enojarse sin ganarse más odios. El propio Papa Francisco no podría manejar, en paz, a la AFA porque, como no esconde su corazón sanlorencista sería acusado de parcial a cada rato. Los resultados del fútbol del Vaticano (que existe) pasarían a ser polémicos y dudosos ¿Si no puede ser presidente de la AFA el Papa Francisco, que es el argentino más querido en el mundo (¿o el único argentino querido en el mundo? –pensémoslo–), quien puede serlo? ¿Nadie?

La Argentina tuvo suerte, durante 35 años encontró a la posiblemente única persona capacitada para ejercer ese cargo. Julio Humberto Grondona es el excluyente argentino de vida pública que, acusado mil veces, investigado cinco mil, acorralado diez mil y denunciado un millón de veces, está libre de culpa y cargo. Tiene su ficha limpia. Nunca se lo condenó. Claro, dirán los de siempre (aquellos que una vez no recibieron una entrada a la cancha o una credencial para una cabina de prensa, o vaya a saber uno cual ‘favor’), que no se lo condenó porque ‘compró a la justicia, compró las sentencias y a todos’, como si eso fuese tan fácil y sostenible en el tiempo donde pasaron fiscales, jueces, secretarios de juzgado y empleados rasos de todos los colores, con pensamientos propios, unos llenos de preconceptos contra JHG y otros, como yo, los menos si es que hay alguno más, creyendo en él, por entender que la suya es, realmente, la única misión imposible de este planeta. Sólo que él la hizo posible. Tan posible que Ferrocarril Oeste, Argentinos Juniors, Arsenal, Lanús y Banfield, entre otros ‘cuadros chicos’ fueron campeones como nunca lo habían sido –o soñado– antes.

A Grondona se lo culpa de la herida en la mejilla de Julio Cruz en la Copa de 1998 (?) Se lo responsabiliza de los rivales débiles de Argentina en el próximo Mundial (?). La locura me merece respeto porque suele ser creativa, pero el desequilibrio no me merece nada. Hay denuncias más serias contra JHG que nunca llegaron a nada porque, seguramente no hay nada ya que ni la policía ni los Tribunales que lo investigaron nada encontraron, pero acusaciones tan banales como las recién dichas ponen en juego la inteligencia humana y no la moral de Grondona.

Supongo honesto a Julio Humberto Grondona no porque tenga fe religiosa en su gestión, simplemente por dos motivos muy racionales: 1) este hoy anciano de 83 años, manejó y maneja lo inmanejable, caminó indemne sobre un campo minado por 35 años; y 2) habiendo sido tan investigado sigue libre y limpio: señores, debe estarlo. Demuestren lo contrario y seré el primero en pedir su crucifixión. Pero, caza de brujas, no.

La Argentina tuvo suerte, durante 35 años encontró a la posiblemente única persona capacitada para ejercer ese cargo.

Muchos de aquellos que en estos 35 años lo denunciaron sin demostrar nada, sí fueron condenados por causas no necesariamente próximas al fútbol. Tomaron de su propio veneno. Nunca por una denuncia de Grondona que en su sabio ‘todo pasa’ jamás se tomó revancha. Grondona es un personaje muy particular. Distinto. Por ello evitó que la AFA explotase en todo este tiempo. Grondona se parece a Guillermo Moreno, el ex Secretario de Comercio interior ‘K’: mal nombrado por casi todos pero tan limpio cuanto su convicción. Afirmar lo opuesto es calumnia, injuria.

Una de las cosas, deportivas, que se le critica a la ‘gestión Grondona’ es el sistema de descensos por Promedios. Sólo aquellos que en el inicio de esta columna cité como faltos de comprensión de la compleja telaraña del fútbol argentino, pueden no entender que el de los Promedios es el método más justo que existe. Por su causa, sin embargo, muchos dijeron infundadamente que esa medida se tomó después del descenso de San Lorenzo y para evitar que ‘caiga’ otro ‘Grande’. Enseguida se fue Racing a la ‘B’ y dijeron que ‘no dio tiempo para impedirlo’. Pero después, con el criticado Promedio, descendieron River e Independiente que jamás se habían ido con el sistema tradicional.

Los ‘sin opinión propia y mala información ajena’ sustentan que la herramienta de los Promedios ‘no se aplica en ninguna de las Grandes Ligas de Europa’. La mentalidad de colonizados tristemente continua viva. Si fuéramos a repetir todo a ejemplo de ‘los Gigantes del Mundo’ hubiésemos tenido esclavitud como ellos y tantas otras aberraciones que los obligaron a pedir disculpas varias veces. ¡Ah! Sin los benditos Promedios ni Racing, ni River ni Independiente hubiesen descendido. Entre esas Ligas ejemplares está la italiana que sube y baja clubes por ‘compra de partidos’ como si fuesen chocolatines. Y está la de España donde el Barcelona todavía sigue explicando las cuentas por la compra de Neymar y ahora no podrá negociar a nadie, por un año, por irregularidades en pases de menores. Charlatanes. Los europeos y sus admiradores de cabotaje.

Se le critica a Grondona su también longeva vice-presidencia en la FIFA, algo que debiese alegrar a los argentinos. Su permanencia demuestra que su trabajo fue bueno y honesto: la FIFA está llena de dirigentes de todo el mundo apartados, sancionados y castigados, es sólo ir al buscador de Google para encontrar nombres y causas. Grondona, que manejó la tesorería –nada menos–, jamás fue siquiera sospechado de nada, aunque muchos digan que formaba cuadrilla con Havelange primero y Blatter ahora. Es muy nuestro eso de trasladar a otros nuestros bajos instintos.

De la historia de la AFA ya escribí, un par de años atrás en este mismo sitio, en una serie de columnas titulada ‘La AFA sin Grondona’. No quiero repetirme. Aquí y hoy simplemente quiero predecir que cuando no esté Don Julio, como le dicen en la calle Viamonte y en cualquier lugar que transita con frecuencia, la AFA será un auténtico campo de batallas sin enfermería ni tribunal de guerra, intentando destruirse ‘los unos a los otros’ y sin el bolero de Ravel como fondo musical.

Hasta los buenos dirigentes, honestos y bien intencionados, que los hay, cuando entran al edificio vecino de la Plaza de Tribunales (vaya paradoja) se transforman; dejan de ser ellos, pierden los sentidos, niegan la razón, son pura piel y pasión. Ciegos, sólo quieren aquello que los favorece, no importa de qué modo se consiga. Saben que tienen que volver a su club ‘con las manos llenas’, que no pueden defraudar a sus correligionarios de Comisión Directiva, ni a los socios y simpatizantes y mucho menos a los ‘barras bravas’ que amenazan a su familia. No cualquiera aguanta.

El pasado afista demuestra que su presidencia es una bomba de tiempo, lo demuestra en un 30% porque hoy las cosas sólo empeoraron. Por entonces no había internet ni emisoras de radio totalmente deportivas o canales dedicados casi exclusivamente al fútbol, ni diarios deportivos. Hoy se informa todo. Y de todo. Hasta lo que no existe. Se vive en medio de tempestades que nunca cesan… Pasa en los clubes, donde supuestamente ‘todos tiran para el mismo lado’, imagine el lector lo que sucede en la AFA donde ‘nadie patea para el mismo lado’. Cada uno de los cinco, diez o cincuenta personajes que estén en aquel momento tira, cada uno, para un interés distinto ¡y opuesto al de los demás! Sólo una gran espalda puede cargar esa mochila… Grondona lo consiguió por 35 años. Y con más éxitos que fracasos. Tal vez por ello pudo apagar tantas velitas.

Hace poco más de un año, cuando el bien intencionado de Javier Cantero asumió la presidencia de Independiente y sentenció inocentemente el fin de las barras bravas en su club, muchos, pero muchos de verdad, comenzaron a candidatearlo para la AFA. Había un nuevo Mesías, una figura que el fútbol no conocía y por ello no estaba desgastada, tenía un plan de erradicación de los violentos más firme que el de la erradicación de la pobreza de cualquier gobierno, era relativamente joven, en fin, reunía los requisitos para sentarse en la mayor silla eléctrica que Thomas A. Edison no inventó porque electrocuta sin voltios. Bien, en poco tiempo la imagen de Cantero fue desfigurándose como un rostro golpeado por Carlos Monzón a cada dos segundos. Hoy, el ayer saludablemente predispuesto Javier Cantero no sabe si conseguirá terminar su mandato en Independiente. Sus acciones están más devaluadas que las de Candy Crush en Wall Street. Ya no sirve para la AFA. Nunca sirvió, fue otro invento argentino que no funcionó, como el cohete Tronador II, voló bajito y a los dos metros cayó. Lo lanzaron en un ambiente hostil, el fútbol, y se quemó rápido como el cordón de pólvora sobre el que se sentó.

Los amigos de Racing, mi club familiar, me discutieron ‘a muerte’ Grondona hasta hace un año. Lo discutieron mal, en tonos graves, pero sólo en los tonos porque jamás probaron nada. Me decían “somos de Avellaneda”, como diciendo “lo conocemos bien”. Pero sin entregar algo sólido en su contra. Jamás escuché nada ni siquiera líquido ni vi documento alguno que comprometiese ‘al hombre’. Empeoraron las críticas acusativas cuando Racing, con un equipo la-men-ta-ble se fue al descenso en un proceso también la-men-ta-ble. “Nos mandó Grondona” era la frase de todos, con una personalización permanente, porque cada uno que lo decía citaba una fuente distinta: “me lo dijo fulano, que se lo dijo mengano”. La típica. Con un agregado, Independiente nunca se iba, el club de Grondona jamás se había ido… lo que ‘comprobaba’ la ejecución de Racing en el paredón afista.

Los aguanté con la paciencia que no tengo, casi pareciendo un traidor de la causa ‘académica’, pero el tiempo me dio la razón: el año pasado cuando yo apostaba que ‘el Rojo’ se iba a la ‘B’ y ellos –todos– me decían con certeza avellanedense que “Grondona lo va a impedir, vas a ver”. El día llegó. Independiente se fue a la ‘B’. Todo dicho. Desliguen los micrófonos. Paren las rotativas, no impriman más nada. Fin. Conmemoremos. El fútbol argentino, que sólo se entiende a las mil patadas, estuvo en buenas manos en los últimos 35 años. Grondona puede manejar lo que quiera en la AFA pero no maneja los resultados. Como debe ser.

La AFA, sin Julio H. Grondona, estará en manos de todos, es decir en manos de nadie. ¡Dios salve al fútbol argentino! Porque ni el Papa Francisco podrá salvarlo.

(*) Director Perfil Brasil, creador de Nuestro Ascenso (1974) y SoloFútbol (1985). 

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