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18/04/2014

Una historia con Jaimes, Harbisson y Pistorius

Neil Harbisson y Oscar Pistorius. // AFP

En el último siglo, la humanidad ha fantaseado en lograr una simbiosis competitiva entre el hombre y la máquina. Cuál es el desafío de Cybathlon, la competencia en la que se usan dispositivos asistenciales con tecnología robótica.

La competencia atlética entre Kaos y Control estaba llegando a su fin, con los equipos empatados. La gesta se dirimiría en la última prueba: “la carrera de la milla”. El representante del equipo “Control”, Jaime, le había sacado una amplia ventaja a sus rivales pero, a centímetros de la raya, se detuvo. Maxwell Smart (el Agente 86), parado al costado de la raya, lo conminaba a hacer un esfuerzo final para cruzar la raya pero el androide  respondió: “Ya no me queda más energía, Jefe”. Get Smart (1965-1970).

En el último siglo de historia, la humanidad ha fantaseado en lograr una simbiosis competitiva entre el hombre y la máquina. Martin Caidin creó a Steve Austin, en su novela “Cyborg”(1972), un aviador militar al que luego de un grave accidente le colocan un ojo, dos piernas y un brazo biónico que le permite ver más lejos, correr más rápido y ser más fuerte. En esta historia se basó la serie televisiva “The six millon dollar man” (más comúnmente conocida como “El hombre nuclear”), luego siguieron con la tónica: “Blade runner”, “Terminator”, “Robocop” y “The matrix”, entre tantas otras.

A mediados del 2004, cuando las autoridades británicas le permitieron posar en la foto del pasaporte con su “eyeborg” (un dispositivo electrónico conectado a la cabeza), Neil Harbisson entró en la historia de la humanidad como el primer “Cyborg” reconocido por un Estado. El artista inglés padece una enfermedad congénita llamada acromatopsia, que no le permite diferenciar los colores; el dispositivo compensa esta discapacidad, a través de la emisión de diferentes ondas sonoras, que el cerebro de Neil traduce en colores. La foto del pasaporte deja constancia que el dispositivo ya no es un objeto externo, sino parte de la propia identidad de Harbisson.

Neil Harbisson entró en la historia de la humanidad como el primer “Cyborg” reconocido por un Estado

El Hombre ha ingresado en una era, donde su convivencia con las máquinas es diaria y constante. Con dispositivos adosados al cuerpo, el individuo puede ser más fuerte, más hábil y más potente. También le sirve para expresarse en plenitud, con la naturalidad que puede haber perdido, producto de una lesión o del paso del tiempo. La tecnología sigue avanzando con el fin de cerrar esa brecha, la distancia existente entre la limitación humana y su verdadero potencial. Con el componente biónico se busca una fusión entre la biología y la tecnología: en lo mecánico (en el ensamblado), en lo dinámico (en su articulación) y en lo eléctrico (en la comunicación entre el componente externo y el sistema nervioso).

Hugh Herr es el director del BioMechatronics Media Lab en el MIT (Massachusetts Institute of Technology), donde trabaja como experimentador y también como conejillo de indias: amputado de ambas piernas, diseña y también prueba prótesis biónicas.  Con su equipo, probablemente estará presente el 8 de octubre de 2016, en Zurich (Suiza), cuando comience Cybathlon: una competencia destinada a personas con discapacidad que utilizan dispositivos asistenciales con tecnología robótica. El evento lo organiza el Centro Nacional Suizo de Competencia en Investigación y Robótica (Robotics NCCR) y tiene como objetivo principal brindar una plataforma que sirva para el desarrollo de nuevas tecnologías de asistencia, fomentando la evolución en el campo de la robótica y generando una mejora en la calidad de vida de las personas con discapacidad. Es por este motivo que la premiación tendrá reconocimientos compartidos (al igual que en el automovilismo): para el piloto que impulsa el dispositivo y para la “escudería” que provee la tecnología.

La competencia se dividirá en seis especialidades, de acuerdo al grado de lesión del individuo y al equipamiento tecnológico utilizado: exoesqueletos, prótesis motorizadas, sillas de ruedas eléctricas, músculos estimulados eléctricamente y/o interfaces cerebro-computarizadas. Aquí radica la diferencia del Cybathlon con los Juegos Paraolímpicos, donde se compite con prótesis pero la energía es provista únicamente por el individuo.

La disciplina para personas con menor capacidad de movimiento (ej: cuadripléjicos) es la BCI (Brain Computer Interface), donde el atleta compite manejando un dispositivo virtual, a través de electrodos y sensores colocados en la cabeza (y conectados a una computadora), en una especie de carrera de videojuego con estímulos y obstáculos.

Con el atleta sentado, hay dos variantes de carrera. Una competencia de triciclos adaptados para lesionados medulares que son estimulados para pedalear por intermedio de impulsos eléctricos a las motoneuronas que contraen los músculos (carrera de Bicis FES) y  la tradicional carrera con sillas de rueda motorizadas.

En las tres especialidades que restan, el atleta compite en bipedestación: ya sea en pruebas de pericia y manejo (para prótesis en extremidades superiores) o en carreras con obstáculos (para prótesis de miembros inferiores y para exosqueletos). El exoesqueleto es un dispositivo mecánico que recubre al cuerpo (como si fuera un tutor) disminuyendo la presión mecánica sobre el tejido biológico y permitiendo una mejor performance en la actividad a realizar; mientras la prótesis funciona como parte del cuerpo, el exoesqueleto es una contención externa.

Para Harbisson, “el ser humano está destinado a convertirse en cyborg; llevamos siglos usando la tecnología como herramienta y el siguiente escalón es que pase a ser parte de nuestro cuerpo”. El desafío para Cybathlon es convertirse en una herramienta que aumente la cantidad de potenciales “Harbisson”, en lugar de transformarse en una mera contienda que encumbre nuevos “Pistorius” motorizados. La diferencia entre ampliar la base y elevar la cima, es grande.

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