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05/06/2014

Messi será la gran decepción del Mundial

Los ojos del mundo entero estarán puestos en Lionel Messi. // AFP

La esperanza es tan grande que conviene decirlo ahora antes que suceda, para que duela menos, para que las expectativas previas comiencen a descender. Una columna imperdible.

La ilusión es grande, del tamaño de todo este extenso país llamado Argentina ni más ni menos. Y es que hace veintiocho años que no ganamos una Copa del Mundo, desde aquel mágico México 86´, en el que teníamos al mejor de todos en la cancha, con la albiceleste. Ahora también tenemos al mejor de todos en nuestro equipo, y por eso la esperanza es tan grande; por esto, justamente, conviene decirlo ahora antes que suceda, para que duela menos, para que las expectativas previas comiencen a descender a lo que serán los resultados finales: no ganaremos Brasil 2014, porque Lionel Messi nos decepcionará totalmente.

¿Y por qué el diez de Barcelona no será sino una gran desilusión para el país? ¿Por qué los niños arrancarán su figurita del álbum del Mundial, y los diarios publicarán incontables columnas señalando que hubiese sido mejor llevar a Carlos Tévez en su lugar, y los hinchas de Newell´s sacarán a la luz imágenes de su infancia que lo vinculen a Rosario Central, y France Football revisará sus estatutos para hacer válido quitarle los balones de oro otorgados, y su apellido sonará para reforzar las filas de Racing Club, y su mujer Antonella Roccuzzo lo dejará por Alexandre Song?

Una y otra cosa sucederá inevitablemente por la razón que todos conocen y nadie se anima a verbalizar, nadie a excepción de quien escribe estas líneas, porque el autor de estas palabras tiene un compromiso con la verdad y porque quien dice esta opinión lo hace desde la comodidad de la redacción, café y alfajor de por medio; seguramente, si tuviese que hacerlo en la cara de Messi, allá en el predio de Ezeiza, con el frío del entrenamiento matutino, no diría nada. Pero no es el caso ya que, afortunadamente, la redacción de 442 no se encuentra donde práctica y concentra la Selección sino en un edificio bien calefaccionado y con linda vista.

En realidad, sí hubo alguien que juntó las agallas y se anticipó a todos: el bueno de Ángel Cappa. Y así le fue, pobre: lo crucificaron. Pero ahora le dan la razón, ¿no? Este eximio director técnico, al que se menosprecia por una casualidad del azar que lo llevó a participar de tres descensos en simultáneo, supo ver antes que cualquiera que Messi había perdido el amor y la pasión por el juego y que se había convertido en un mero profesional del deporte, que ingresaba a la cancha con las mismas ganas con las que entraba al dentista o a la verdulería. Poeta, como pocos en el mundo del fútbol, Cappa recurrió a una comparación precisa para resumir el problema: “Es como si llevara quince años de matrimonio con el fútbol y ya se ha aburrido”. Y uno, desde acá, agregaría: si tiene dignidad, señor Messi, ¿por qué no se separa ahora del fútbol y nos libera de esta historia de impotencia deprimente y, sobre todas las cosas, le evita al sufrido pueblo argentino otra gran tristeza?

¿De qué valió la insólita decisión de la dirigencia de Barcelona de ponerle como director técnico a Gerardo “Tata” Martino, un coterráneo de él, contra cualquier pronóstico y consejo? ¿De qué sirvió que la prensa del corazón intentara estimularlo, aunque sea en sus pasiones más elementales, fotografiando con cualquier excusa a su mujer abrazada a la señora de Cesc Fábregas? ¿Qué se logró con mantener viva su ilusión de compartir equipo con su hermano de la vida Sergio Agüero? ¿Qué se consiguió con mejorar su contrato para convertirlo en el futbolista mejor pago del planeta? Porque, que sepamos, a Martín Lucero en Defensa y Justicia no le pagan los veinte millones de euros que le pagan a él y sin embargo es el goleador del torneo, y ningún portugués afeminado lo mira desde arriba.

Hay que admitir de una buena vez, compatriotas, que Lionel Messi ya no es sino una cosa que se lesiona una y otra vez, vomita como perro que se alimenta a escondidas de la basura del hogar y, como único recurso, patea penales y da algún que otro pase gol, es decir dos cosas que no requieren mover mucho el cuerpo: ¿o acaso vamos a seguir ignorando ese dato de irrefutable contundencia, que señaló que en el partido ante Atlético Madrid, en el que Barcelona se quedó afuera de la Champions League, corrió casi lo mismo que el arquero? Por lo demás, si se trata de patear penales y dar asistencias, y el grupo es tan importante para Alejandro Sabella, para eso mejor que lo lleve a Juan Román Riquelme en su lugar; al menos, el diez de Boca canta el Himno y, para entretener a sus compañeros en el vestuario, conoce cualquier tema de “La Mona” Jiménez.

Alguien que sabe mucho de esto, como Carlos Salvador Bilardo, prefirió el silencio; en cambio, otra persona, como César Luis Menotti, dijo: “Venir a Rosario y empezar a entrenar con la Argentina antes de viajar cambia todo. Ya es otro mundo nuevo, donde él es muy querido, muy respetado y hay un país que lo acompaña; volver a su lugar, con su familia, estar con sus amigos y empezar a entrenar con la Selección es el camino lógico de su recuperación. Messi va a llegar muy bien al Mundial”. Pero se equivoca este entrenador, famoso por su título del Mundo, el achique mal tirado y la adicción a la nicotina: si con viajar a Rosario, donde se es muy querido y respetado, y estar con amigos y familia alcanzara, entonces que jueguen Litto Nebbia, Enzo Viena y el espíritu de Roberto Fontanarrosa.

Aclaración: el autor de esta columna no está de acuerdo con nada de lo que escribió, al contrario. Simplemente, quería probar qué se sentía hablar tantas pavadas del mejor jugador del mundo como tantas personas suelen hacer y, asimismo, ver si colabora sumar una boca más para tapar porque, se sabe, a Leo le gusta tanto el fútbol como callar idiotas.

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