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12/07/2014

La historia de Kiricocho, el amuleto de la Selección

Los jugadores desatan el festejo luego de sufrir en los penales.//AFP.

Cómo surgió la leyenda de la principal «mufa» que utilizó la Argentina en los penales ante Holanda. Por qué nos aferramos a cábalas y «yetas». Los argentinos y las supersticiones.

Fricción, dientes apretados, en un partido asfixiado por la táctica. El 0 clavado del marcador entre la Argentina y Holanda fue sellado por la memorable salvada de Javier Mascherano y un débil cabezazo de Rodrigo Palacio a manos de Cillessen. Pitazo final, charlas motivadoras y premociones de un héroe con “manos de Dios”. Los doce pasos se convirtieron en hectáreas por la presión del momento crucial en el que la insoportable responsabilidad agranda o desinfla personalidades y talentos. Entremezclado con rezos y señales de la cruz, un palabra sonó en el banco y en la pelotón argentino que esperaba en la mitad de cancha: «Kiricocho«.

Aplacar los miedos y reforzar el coraje gracias a una palabra. Un nombre, cuya leyenda tiene sus orígenes en un hincha, Kiricocho, quien harto de que todas las culpas por las derrotas de Estudiantes cayeran sobre él, buscó revertir el “hechizo”  y emplear sus “atributos” de mufa a favor del León.

La anécdota, que surge en el sitio web “El Eslabón”, habla de que el desafortunado hincha lograba, gracias a una amistad con un empleado del club, ingresar antes de los partidos al playón de estacionamiento del equipo contrario para lanzar la infalible maldición con una palmadita en la  espalda de los jugadores de la contra. Casualidad o no, ese año Estudiantes se habría consagrado campeón cayendo sólo ante Boca, que poseía seguridad privada y no había habilitado el acceso al –por entonces- inédito amuleto Pincha.

Darío Mendelsohn, psicólogo especialista en deportes, sostiene que “el pensamiento mágico en el deporte en general y en el fútbol en particular tiene un lugar preponderante ya que ayuda a tranquilizar y generar expectativas”.

Sin embargo, el extécnico campeón en México 86, Carlos Bilardo, dio otra versión sobre Kiricocho: “Era un muchacho de La Plata que siempre estaba con nosotros y como ese año salimos campeón lo adoptamos como nuestro amuleto. Era un buen pibe pero después ya no lo vi más”, admitió al portal.

Sin reconocer épocas ni países, todo futbolista suele recurrir a sus supuestos poderes. La escena se repitió en la tanda de penales entre Argentina y Holanda: cada vez que un holandés estaba a punto de rematar, jugadores, cuerpo técnico y millones de hinchas, con la misma fe y entusiasmo, lo invocaban: “Kiricocho”.  Así lo confesó el volante Enzo Pérez: «Tiré unos kiricocho, estaba temblando«. El resultado ya es conocido. Creer o reventar.

La mufa de Kiricocho, en el fútbol y en el caso de la selección, se transforma en un amuleto y una cábala. “Es un sistema práctico que a fuerza de repetición y transmisión se va estableciendo como verdad y casi como una verdad que presupone que a cierta causa tal efecto. Y será así o no será nada”, explica la socióloga Claudia Venturelli (@claudiaven) a 442 .

Mendelsohn, desde su óptica, traza una diferenciación entre cábala y mufa: “Toda cuestión de superstición, a mi parecer, surge de cierta ignorancia, porque en vez fortalecer lo que yo puedo hacer busco una fuerza externa tanto por lo positivo (cábala o ritual) como por lo negativo (mufa)», apunta el psicólogo en conversación telefónica con este medio.

Argentinidad, cábalas y mufas.  Claudia Venturelli, profesora de la cátedra sociología de la argentinidad en la UBA, atribuye la ligazón entre los argentinos, las cábalas y mufas a “la impronta positivista hecha cuerpo en nuestra argentinidad, el afán y destino de grandeza propio de los argumentos de las generaciones del centenario argentino. Así como también, la secularización del mundo ha llevado a ciertas prácticas ritualizadas para otorgar las certidumbres que antes descansaban en Dios o el rey”.

A partir de entonces, según Venturelli, “recurrir a la cábala otorga cierta tranquilidad y pone en el afuera situaciones que el que las realiza o no se siente capacitado de llevar adelante o no está en condiciones de controlar”. Su origen tiene su explicación “seguramente a los inmigrantes”. Sin embargo, las supersticiones se tejen y expanden, en la actualidad, por los medios “en la construcción de públicos consumidores”.

 (*) Especial para 442

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