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14/11/2014

«Prefiero ver a Boca que un partido de tenis»

Diego Schwartzman perdió en Roland Garros ante Roger Federer. // AFP

Diego Schwartzman lidera la nueva camada de tenistas argentinos. Fanático del xeneize e intimo amigo de Pico Mónaco, sueña con ser un referente en el deporte.

Desde pequeño sorteo sus tardes entre raquetas y pelotas de fútbol y aunque él mismo se define como un apasionado de “Boca Juniors”, a los siete años decidió jugársela por el tenis profesional cuando lo becaron en el Club Náutico Hacoaj. Diego Schwartzman o “El Peque”, como es conocido en el ambiente, siempre supo que tenía que ganarse su lugar en las canchas. Y aunque sus primeros pasos en los torneos profesionales arrancaron con derrotas, su carisma y constancia lo transformaron en una de las grandes promesas del tenis argentino. Hoy, entre torneos y viajes de por medio, el nª77 del mundo sueña con “mejorar día a día su nivel de juego y transformarse en un referente del tenis”.

Su familia le inculcó la pasión por el deporte y lo que comenzó de manera amateur poco a poco se transformó en profesional. El peque, de 22 años,  nunca dudó que su vocación era el deporte, aunque sí reconoce que soñó con lucir la camiseta de Boca a nivel profesional. “Toda mi familia es fanática del fútbol y admito que disfruto ver más un buen partido de Boca que de tenis”, expresó Schwartzman. El fútbol  quedó como un pasatiempo y el tenis se volvió un estilo de vida.

Su afán por el buen juego y sus ansias de superación lo llevaron a jugar con grandes referentes del tenis. Este año, en Roland Garros, disputó un mano a manos contra Roger Federer. No pudo con el número dos del mundo, pero por su excelente performance y solidez en el juego recibió elogios hasta de su propio contrincante. “Fue increíble e inolvidable porque lo disfrute al máximo y al escuchar las buenas críticas se me puso la piel de gallina”, comentó Diego.

“Simpático y divertido”. Así se describe, es que si hay algo que caracteriza al porteño de Villa Crespo es su buen sentido del humor. Entre sus amigos se lo considera “el más alegre del grupo” y aunque también reconoce que “tiene su carácter”, su sonrisa lo acompaña a todos lados. Sin cábalas a la hora del juego, pero con una rutina de entrenamiento bien marcada, el rubio de veintidós años sigue los pasos de su amigo y confidente Pico Mónaco.

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