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21/02/2015

El ocaso de las vacas sagradas

Mostaza Merlo dirigió sólo dos partidos en Fuerza Amarilla de Ecuador. //Fotobaires

El fútbol argentino jubila de a poco a una generación de entrenadores que fue gloriosa. ¿Cuestión de edad o de química?

Todo tiempo pasado fue mejor. Esa frase define a la perfección el ¿presente? de unos entrenadores que supieron pertenecer a la élite y hoy sufren el dolor de ya no ser. El reciente, y temprano, despido de Reinaldo Merlo de Colón, sumado al opaco tercer período de Carlos Bianchi en Boca y al retiro de Alfio Basile en el verano parece marcar el fin de una era para los que fueron las vacas sagradas del fútbol argentino. ¿Qué cambió? ¿Por qué no le encuentran la vuelta a esta actualidad tan cambiante? ¿Están desactualizados? ¿Los famosos códigos del mundo del fútbol cambiaron?

El caso Mostaza. Los que viven el día a día de Colón aseguran que la llegada del entrenador que tiene su estatua en el Cilindro de Avellaneda nunca tuvo el total consenso de la mesa de los dirigentes sabaleros. Sin embargo, el ascenso le dio el aire suficiente para afrontar una nueva experiencia en Primera. Pero hubo aspectos que desgastaron el crédito del ascenso rápidamente. Sus métodos no convencían a los jugadores, con quienes no tenía mucho contacto, debido a su obsesión por marcar distancia con el futbolista. “Tenía pocos métodos de entrenamientos. Muchos menos que Osella, un entrenador enfermo del laburo, que está en el otro extremo y que había dejado una gran huella en el club”, asegura un hombre fuerte de Colón.

La misma fuente cuenta una anécdota que describe los modos de Mostaza. “En enero, Angelici le ofreció a Colón a Sebastián Palacios porque Arruabarrena no lo iba a tener en cuenta. Los dirigentes arreglan todo con Boca y le dicen a Merlo, quien lo rechazó porque no lo conocía y ya tenía a uno en su puesto. Con Cristian García había pasado lo mismo pero lo trajeron igual”. Ese desconocimiento de los jugadores y la poca relación con el plantel hicieron que su salida resultara una consecuencia obvia para los asiduos a los entrenamientos.

Salvo San Lorenzo, los clubes grandes tienen entrenadores menores de 45 años.

El Coco dijo adiós. Quizás una de las explicaciones más válidas para este fin de una era de entrenadores consagrados en el fútbol argentino fue la del ya retirado Alfio Basile: “El jugador es distinto ahora. Antes, en mis tiempos de jugador, ni ayudante de campo había. Yo cuando empecé a dirigir tenía 31 años, agarraba el bolso, en Chacarita, le pateaba yo a los arqueros, hacía paredes con los delanteros, tirábamos córners. Las energías para el trabajo de campo las perdí, ya no puedo correr a la par de los jugadores como hace el Cholo Simeone. Por más que tengas ayudantes buenísimos como tengo yo, acá es difícil que el jugador acepte que no le llegues directamente en el campo”.

La despedida del Virrey III. En una entrevista con PERFIL antes del primer Superclásico del verano –que su equipo ganó 1 a 0–, el entrenador de Boca, Rodolfo Arruabarrena, habló de la diferencia del fútbol actual con el anterior: “Ha cambiado todo: jugadores, entrenadores, periodistas, representantes y dirigentes. No pasa por tener más o menos años. El secreto está en tratar que el jugador vea que sos claro, que vas de frente y que no le mentís, en llegarle y que se comprometa con lo que querés dentro de la cancha”. Esa frase puede explicar por qué en tres torneos Carlos Bianchi no pudo encontrarle la vuelta a un Boca que armó y rearmó sin poder dotarlo de un estilo ni pelear por los títulos.

“Los más chicos no lo terminaban de entender a él y él tampoco a los más chicos, razón por la que se frustró más de una vez”, asegura alguien cercano al plantel de Boca. Una anécdota marca a la perfección esta relación. “Una vez, el chico Leandro Aguirre llegó al entrenamiento con tres celulares, entonces Bianchi llamó a Clemente Rodríguez y le preguntó: ‘¿Cuántos celulares tiene y cuantas Copas Libertadores ganó?’. Clemente le dijo: ‘Tengo un celular y gané cuatro Copas’. Y Bianchi remató: ‘Bueno, entonces usted agarre sus celulares y vaya a entrenarse con la Reserva”.

En el fútbol argentino todo cambió. Ahora, salvo San Lorenzo, los clubes grandes tienen entrenadores menores de 45 años. De hecho, River y Boca, con Gallardo y Arruabarrena, tienen a los más jóvenes de los treinta de Primera.

¿Qué buscan los dirigentes? El presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, se lo aclara a PERFIL: “Nosotros con Bauza buscamos a alguien con experiencia en la Copa Libertadores, que era nuestro objetivo principal. Pero no dejamos de lado que le preste mucha atención a las inferiores y que a la hora de trabajar sea alguien serio, que trabaje la pelota parada y demás aspectos del juego. ¿La relación con el plantel? Cada uno tiene su metodología, y nosotros preferimos que sea un técnico que tenga llegada y buena relación con el jugador, manteniendo el equilibrio con el respeto”.

Lo que queda claro es que estamos en presencia de una nueva era del fútbol argentino. Una en la que el cartel no da ninguna ventaja.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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