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17/07/2017

De súper tiene apenas el nombre

Boca y River, cada vez más poderosos en el fútbol argentino. // Foto: Pablo Cuarterolo

El reparto de dinero ampliará las diferencias entre los clubes. Así, todo apunta a que Boca y River se queden con los próximos campeonatos.

No hace falta irse muy lejos del país para comprender las razones por las que muchos sudamericanos creen que los argentinos tenemos un complejo de superioridad, hace años que siempre dicen que lo mejor es comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que cree que vale…

La “nueva” dirigencia de AFA decidió ponerle Súperliga al torneo que comenzará el viernes 18 de agosto y que estrenará televisación paga, con un importante aumento en el dinero que ingresará a los clubes de Primera División, dejando fuera del reparto a todos los demás. La medida ampliará la brecha entre los dos colosos (Boca-River) y como se ha tomado de modelo al fútbol español, dejará en un lejano tercer lugar a cuatro instituciones más (Independiente, San Lorenzo, Racing y Vélez), quedando el nutrido pelotón restante más alejado todavía. Como se observa, de Súper, no tiene nada más que la palabra.

Solamente hay que verificar las incorporaciones de los dos clubes más poderosos y las del resto, para darnos cuenta que, salvo una debacle futbolística, todo apunta a que millonarios y xeneizes se queden con los próximos campeonatos. Pese al pataleo de algunos, no parece que haya modificaciones que mejoren la situación de la mayoría.

En este punto, se pueden hacer algunas reflexiones que creo, merecerían una discusión más profunda: ya no hay cinco grandes en el fútbol argentino. La sacrosanta división que se estableció hace noventa años, ha ido cambiando y ahora está claro. Solamente hay dos clubes que están por encima del resto y eso lo certifican el apoyo popular y las convocatorias. Sin embargo, también hay un entramado comercial alrededor de Boca y de River que pretende hacernos creer que son lo único que existe. Y esto es un grave problema para todos, si encima se amplían las diferencias.

La pregunta es: ¿Hasta cuándo tendremos cinco o seis grandes, en el caso de que se sume a Vélez? ¿Por qué razón Estudiantes de La Plata, Rosario Central y Newell’s Old Boys no están a la misma altura que esos cinco/seis clubes? ¿Qué más tienen que hacer? ¿Dónde ubicamos a Lanús, a Belgrano y Talleres de Córdoba, a Banfield y a Colón por ejemplo? Es un grave error meter a todos en la misma bolsa y no reparar en crecimientos, éxitos deportivos, infraestructura, adhesión popular, jugadores cedidos a la Selección Argentina, ascensos y descensos. No se entiende que no haya afán de modificar estas cuestiones con el paso del tiempo.

No se puede seguir argumentando que por títulos y mayor cantidad de hinchas se defina todo. Hay muchos otros ítems que merecen tomarse en cuenta. Y sobre todo, no se debe seguir creyendo que el “fútbol argentino” es el fútbol porteño y del Gran Buenos Aires.

El presidente Claudio Tapia ha declarado la última semana su predisposición para anular el injusto sistema de promedios y volver a lo que ocurre en casi todo el mundo. Los que ocupan las últimas posiciones descienden y punto. Se puede hacer memoria y explicar que el sistema indirecto para el descenso arrancó en 1956 y que funcionó con intermitencias, hasta que en 1981 bajó San Lorenzo de manera directa y allí se decidió contabilizar dos años para resolver los descensos. Con la caída de Racing en 1983, pasaron a ser tres las temporadas sumadas para resolver quiénes se irían a la B.

Luego se agregaron las Promociones, con ventaja deportiva para el equipo de Primera A. No podía haber más ayuda para los poderosos, pero sin embargo, el fútbol argentino te da sorpresas. Bajaron River e Independiente, cuando ninguno lo esperaba. Subestimaron la situación, confiaron en la camiseta y el poderío pero les salió mal. Por supuesto que regresaron rápido, eso estaba claro desde el inicio. Solamente Boca evitó el papelón y se mantiene airoso, sin haber descendido nunca en su historia. Quien lo sigue en cantidad de años es Vélez, que regresó de su único retroceso en 1944 y completará 75 años consecutivos en Primera A.

Es lógico, cuando la Superliga esté afirmada, que se elimine el promedio, porque ya no habrá peligro para los más poderosos. Será siempre una pelea entre los que arañan el fondo de la tabla y luchan por sobrevivir, sumados a quienes vengan del competitivo pero muy deficitario Nacional B, que aún no se sabe cómo podrá mantenerse con este esquema económico. Se supone que sus dirigentes buscarán la manera de conservarlo en buen estado.

Quizá esta columna busca iniciar una discusión más profunda sobre determinadas cuestiones, no pretende excluir clubes con sus respectivas historias sino achicar la brecha, darle la misma oportunidad a otros, que cometieron quizá el pecado de no haberse creado en el ámbito de la Capital Federal o nacer a escasas cuadras del Riachuelo o la General Paz. Alguna vez tenemos que dejar de mirar la vida desde Rivadavia y Callao o desde Plaza de Mayo.

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