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16/01/2018

Los ocho del patíbulo

Ocho equipos de Primera pelearán por no descender cuando termine la Superliga. // Cedoc.

Ocho de los 28 equipos que juegan el torneo de Primera División pelearán para evitar el retroceso a la segunda categoría del fútbol argentino. El análisis de cada caso.

No son nueve, ni diez ni once. Ocho de los 28 equipos que juegan el torneo de Primera División pelearán para evitar el retroceso a la segunda categoría del fútbol argentino, para no caer en la marginalidad que los puede condenar el descenso, saliendo de la nube que significa la pomposa Superliga, una estructura pensada para los que más dinero y recursos tienen.

“Pare la mano, compañero” diría uno de los tantos cautelosos que abundan a la hora de opinar sobre descensos y aledaños. Haciendo un esfuerzo se podría incorporar a Argentinos Juniors, que regresó esta temporada a la Primera, pero cosechó ya 17 puntos que lo están poniendo a cubierto de la pelea. Claro está que necesita otro tanto para quedarse en la A y eso está por verse.

El cuadro de La Paternal le lleva ocho puntos a Chacarita Juniors, el otro recién llegado, que cambió entrenador y busca desesperadamente delanteros.

El popular cuadro de San Martín tiene que sumar varios triunfos seguidos para ponerse a la altura de la pelea, bajo la nueva conducción de Sebastián Pena, un nombre muy querido por los
tricolores.

Tanto Chacarita como el resucitado Temperley, aparecen como los dos cuadros que han estado siempre en el fondo de la tabla de promedios, pero con un impulso que parece duradero por escaparse del cadalso.

La dirigencia celeste dio un golpe de timón y contrato al ascendente Gastón Esmerado, que venía después de paladear el ascenso hasta la última jornada con el modesto Guillermo Brown de Puerto Madryn, para mancarse justamente al final. Lo suyo fue excelente y ese trabajo está en plena construcción en Temperley, donde ya hubo un cambio rotundo: empates en Banfield y en La Paternal, triunfos en casa frente a rivales directos como San Martín de San Juan y Tigre.

Para aumentar el amor propio, la victoria conseguida frente a Racing en Mar del Plata, ayuda a creer en la resurrección celeste. El retorno del escurridizo Fernando Brandán puede sumar al intento que
obsesiona a sus hinchas.

En cambio, la suerte parece echada para Arsenal y Olimpo. Suena muy complicado que el cuadro de Sarandí –ya sin Humberto Grondona como técnico- recupere la fuerza para dar vuelta la
historia. Una sola victoria en 12 partidos, 9 derrotas y una anemia ofensiva llamativa lo ubican como el máximo candidato al descenso. Temperley le sacó 9 puntos de ventaja que parecen indescontables, además de haberlo vencido en Sarandí en el inicio del torneo.

La situación de Olimpo se asemeja al barco que se está hundiendo y cunde el pánico. Con la dirigencia dividida, escaso aporte económico de la ciudad a la que representa y un plantel que ha sido diezmado por ofrecimientos externos y hastío a la hora de cobrar los sueldos, mantiene sin embargo una luz de ventaja sobre el resto, porque con su pésima campaña (dos victoria solitarias) se ubica un punto por encima de Temperley y a ocho unidades de Vélez, el quinto en
discordia, empezando desde abajo.

O sea que hay dos equipos yéndose a pique deportivo (Arsenal y Olimpo) y otros dos que pueden pelear con armas dignas (Chacarita y Temperley) pero necesitarán sumar muchos puntos si pretenden la salvación. Estos son los cuatro que tienen números rojos. Los otros cuatro, respiran por mérito propio pero tampoco están salvados, aunque hay diferencias entre ellos.

La sorpresa es Vélez, que amagó con un inicio positivo (dos triunfos y un empate) pero luego entró en una decadencia llamativa, que provocó el alejamiento de Omar Defelippe. A esos siete puntos iniciales, hay que sumarle otros escasos siete, pero sobre 27 que se jugaron.

Vélez cambió de dirigencia, contrató a Gabriel Heinze como entrenador y trajo a seis nuevos futbolistas, habida cuenta de la necesidad urgente de mejorar el pobre nivel del plantel que estaba utilizando. Un crack como Mauro Zárate (idolatrado por sus hinchas), un medio con enorme experiencia como Jesús Méndez, un tanque de área como Rodrigo Salinas (que hizo 30 goles en el ascenso de Chacarita), dos centrales ásperos como Laso y Torsiglieri, un extremo rápido y atrevido como Bouzat y el talentoso y poco conocido Guido Mainero (figura de Instituto) son sus refuerzos.

Con hinchas propios que no conocen la pelea por no descender, el cuadro de Liniers lleva 74 años consecutivos en Primera División. Es el segundo con mayor tiempo en la A, después de Boca. Y espantar el peligro es lo primero que se necesita. Vélez le lleva ocho puntos a Olimpo y nueve a Temperley, pero no puede quedarse con eso, que suena a poco. Por eso, el Gringo Heinze arma otro equipo.

Para muchos, el candidato directo al descenso de los que no están hoy en la zona roja, es Patronato de Paraná. El equipo entrerriano es muy irregular y mantiene la base de los últimos años, ahora potenciada adelante por los uruguayos Balboa y Ribas, especialmente Ribas, que hizo el 50% de los goles del equipo.

Tambalea en defensa y le falta apoyo popular, como si la gente de
Paraná no hiciera lo suficiente para hacer sentir la localía. Con 105 puntos en el promedio, nueve por arriba de Olimpo y diez de Temperley, el futuro de Tigre y de Huracán parece diferente. Tigre se desembarazó de Caruso Lombardi, que hizo una muy floja campaña (una sola victoria) y contrató al debutante Cristian Lobo Ledesma.

En cambio, Huracán confió en la capacidad de Gustavo Alfaro y sumó mucho, al punto que hoy ocupa el quinto puesto, entrando en zona de copas. En la pelea entre ambos, le descontó trece puntos al
Matador de Victoria y lo alcanzó. Se quedó sin Wanchope Ábila, pero contrató a Andrés Chávez, que le puede permitir mantener la racha goleadora. Sirvió y mucho, la sociedad entre Angelici y
Nadur, los dos presidentes.

Más arriba, respiran los sanjuaninos de San Martín (113 puntos, 17 más que Olimpo) y los cordobeses de Belgrano, recompuestos gracias a los entrenadores Méndez y Lavallén. Encima, con
su economía pendiendo de un hilo, el discreto Newell’s del Chocho Llop hace lo que puede, envuelto en una enorme crisis política y económica. Pero los tres están salvados, salvo milagro inexplicable.

Por todo esto, son ocho, los del patíbulo. Dos casi condenados, otros dos que patalean para sacarse la soga del cuello y otros tantos que se hacen los distraídos para no contaminarse.

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