442

El sitio de deportes de Perfil.com

RSS

G Plus

Facebook

Twitter

Estadísticas
 
02/03/2018

Cuando la crisis es otra y la derrota no es dura

Independiente perdió en su visita a Venezuela. / @Independiente

Independiente perdió en su vuelta a la Copa en un pésimo campo de juego que presentó el Lara. El milagroso resultado del equipo venezolano.

Era el debut luego de siete años de ausencia. La primera fecha del Grupo G de la Copa Libertadores 2018, de visitante en Venezuela, ante el rival más débil de la zona (Deportivo Lara). En este contexto, una derrota sería un mal resultado pero Independiente, en realidad, la sacó barata.

“Me pregunto si la Conmebol en algún momento será tan estricta en que los clubes presenten buenos campos de juego, como lo son con los asuntos protocolares que rodean al juego. Si queremos imitar a la Champions, empecemos (sic) por los campos de juego”, escribió Sebastián Saja en su cuenta de Twitter. Saja es el actual DT de Guaraní (Paraguay), equipo que jugó la fase preliminar de la Libertadores y quedó fuera de la zona de grupos al perder con Junior (Colombia).

El fútbol es un deporte eminentemente técnico y el cambio de superficie condiciona por completo cualquier dinámica de juego. Las complicaciones que expuso el campo del estadio Metropolitano de Barquisimeto (ciudad capital del estado de Lara), pusieron a Independiente en una disyuntiva y lo obligaron a elegir: cambiaba de postura o continuaba con la misma tesitura de jugar por abajo, aumentando el riesgo de equivocarse. Por el contrario, Lara que no cuenta con otras facilidades y entrena diariamente en superficie inestables, jugaban con un juego más directo, buscando combinaciones veloces y pelotas largas.

Si el escenario no era mejor, el mazazo de inicio fue lapidario. El único gol del partido fue convertido por Carlos Sierra, a diez minutos del comienzo. Los ochenta minutos restantes tuvieron una misma tónica: Deportivo Lara encerrado bien atrás e Independiente intentando llegar al arco. En lo poco para destacar hubo: un cabezazo de Gaibor cerca del travesaño, un remate de media distancia de Benítez que desvió el arquero Salazar y, la más clara, la de Romero que sobre la línea por sacó Sierra.

“No jugamos bien. Creo que fue el peor partido del año. Es un golpe duro. Teníamos ilusión de arrancar de otra manera. Pero es bueno tenerlo al principio, debemos revertir y lograr el objetivo a mayo. Sabíamos de la dificultad de la cancha, para los dos picaba para cualquier lado” dijo Nicolás Domingo haciendo un mea culpa casi excesivo. La habitualidad al terreno y la adecuación de la propuesta a las condiciones del terreno de juego, son dos factores excluyentes al intentar un análisis.

Desde el punto de vista venezolano y del Deportivo Lara, el resultado es milagroso. Hace un par de años que el fútbol venezolano se ha convertido en un mercado netamente exportador. El sorprendente subcampeonato de la “vinotinto” Sub-20, dirigida por Rafael Dudamel, en el Mundial de 2017, es fruto de un trabajo de base y de la necesidad económica. Hace diez años, algunos futbolistas venezolanos de selección esperaban sólo por ofertas de Europa y con jugadores campeones de América, como el arquero colombiano Juan Carlos Henao, podías cruzarte en un vestuario.

Hoy, los equipos locales casi no cuentan con extranjeros en sus filas. Conseguir un dólar para pagar un contrato es una odisea. Los jóvenes que prometen rápidamente se transforman en profesionales y con un par de goles ya se les abre la puerta para viajar al exterior. En la temporada 2017/18, hay chamos jugando en todas las ligas sudamericanas, en Estados Unidos y en Europa. El fútbol profesional nunca puede escindirse de la realidad socioeconómica de un país y está claro que la de Venezuela no es la mejor: convocatoria anticipada a elecciones, cesación de pagos, desocupación, desconcierto político y exilios masivos confluyen en un escenario donde el fútbol nunca puede brillar.

Llegado a este punto, usted podría preguntarse por qué Independiente la sacó barata. Porque el 0-1 no es un resultado tremendo y, con el remate del final en el travesaño, podría haber terminado peor, porque hubo un contexto anómalo objetivable y porque, a su vez, salió indemne cuando hay pocas cosas que incrementen tan sustancialmente el riesgo de una lesión como haber tenido una lesión previa o jugar en un campo de juego en pésimo estado. Cualquier análisis sobre el partido debería partir de esa base. El próximo jueves 15 de marzo, cuando en Avellaneda reciba a Millonarios, se podrá pensar en otras variables.

Archivado en: , , , ,
Clubes:

 

 

Opinión