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01/07/2018

La épica tiene color celeste

Uruguay avanza y promete complicar a cualquiera en el Mundial. //AFP

Desde Argentina se ha subvalorado el poderío charrúa pero el profesionalismo, la fraternidad y el sentido colectivo ya pudo más que el desorden y las individualidades.

Más gallego que italiano, Uruguay es un país poco propenso a las emociones extremas. Díganselo a los tres millones de uruguayos esparcidos en el planeta que a partir de hoy, 30 de junio de 2018, aman –y no hay vuelta atrás- a Edinson Roberto Cavani Gómez.

Es difícil contener la alegría para un pueblo orgulloso de su seleccionado, del profesionalismo, la fraternidad y el sentido colectivo de un grupo con jugadores históricos pero también con valores jóvenes que, como Lucas Torreira y Diego Laxalt, pueden resultar conmovedores.

Uruguay eliminó al Portugal de Cristiano Ronaldo de la Copa del Mundo y, durante el segundo tiempo, regaló terreno y posesión y sufrió hasta el colapso cardíaco. Sin embargo, mostró una calidad defensiva, una disciplina táctica y una determinación admirables.

La épica comenzó a teñirse de celeste cuando, vestido de Juan Sebastián Verón y a poco de que el partido hubiera comenzado, Edinson Cavani cambió la pelota de frente de derecha a izquierda para Suárez. Luis, vestido de Diego Forlán, metió un pase notable para que Cavani cabeceara. Y el propio Cavani luego se retiraría lesionado ante la ensordecedora ovación que le ofrendó el Estadio Olímpico Fisht, en Sochi.

Múltiples razones explicaban el idilio con la estrella del PSG: el despliegue físico, el sacrificio permanente en toda la cancha, los despejes oportunos a la Diego Godín y, por supuesto, el golazo que, a los 61 minutos, sentenció el encuentro tras el empate de Pepe, una hermosa definición cruzada que coronó un pase de Rodrigo Bentancur y que, para cualquier amante del fútbol, es una lección de fundamentos.

Con un discurso lírico y fanático de la ofensiva, desde Argentina, acaso el país que más quiere a Uruguay, se ha subvalorado el poderío de esta selección. Pero no importa que algunos periodistas crean que Cavani no es un crack solo porque no hace moñas, que Tabárez emula a Simeone como si no dirigiera así desde que el “Cholo” jugaba, o que el estilo oriental no es estético.

Lo importante es que, contra Portugal, la solidaridad –no proclamativa, sino real- de un plantel que se encomienda al único que debe mandar fue tal, que es difícil no elogiar a alguno de los 14 futbolistas que honraron su escudo, su historia y sus antepasados.

No será fácil, y menos si no cuenta con Cavani, que la selección venza a Francia en cuartos de final. Pero en estas horas a nadie le quita el sueño, porque Uruguay es una fiesta de epopeyas dispersas que, como en la canción con letra de Enrique Estrázulas y música de Jaime Roos, evocan esa “leyenda de polvo que no hablará/ que no habla nunca si le preguntan/ porque el silencio sabe jugar”.

(*) Periodista uruguayo, especial para 442 desde Montevideo

 

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