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02/09/2018

El futuro de la Superliga: más gris que verde

River invirtió una fortuna por Lucas Pratto hace menos de un año. //Fotobaires

Con el dólar por las nubes, será difícil repatriar figuras y contratar extranjeros, y los clubes deberán apostar a los juveniles. El nivel podría caer.

Desde hace más de un año, las estrategias de marketing, publicidad y venta, e incluso los espejos en los que supuestamente se miran los que conducen esta Superliga fueron hacia un sentido: intentar darle prestigio al torneo argentino desde lo práctico, organizativo y, sobre todo, desde lo estético. Allí están, como ejemplos, el fixture con los días y horarios anticipados, la intención de mejorar los campos de juego, los accesos y hasta las tribunas que se ven desde las transmisiones. Sin embargo, en el futuro inmediato, las pretensiones de élite probablemente se derrumben como se derrumbó el peso argentino el jueves pasado.

La Superliga, que aspiraba a ser la hermana menor de la Liga española o de la Premier League, quedará tan lejos –en nivel y en poder económico– como la cotización del peso con respecto al euro o la libra esterlina. Ya lo anticiparon muchos presidentes de clubes y lo sintetizó Daniel Angelici, el más poderoso y además cercano a Mauricio Macri: “No se va a poder incorporar más, sobre todo si querés traer desde el exterior. No se va a poder repatriar más jugadores”.

Con el dólar cercano a los 40 pesos, muchos clubes reconocen que competir con lo que pagan en Europa, Estados Unidos o incluso en otros países de América Latina será imposible. Y que lo que viene, inexorablemente, será apostar a los juveniles.

Más pibes. “En este mercado de pases nos criticaron y algunos hasta se mofaron por la austeridad con la que nos manejamos. Pero siempre dijimos que, frente a la volatilidad de la economía argentina, había que cuidar al club”, le dice a PERFIL el presidente de San Lorenzo, Matías Lammens. Y agrega: “Con ese diagnóstico, apostamos a los juveniles, muchos de los cuales se están consolidando en Primera. Eso se tradujo en una fuerte capitalización de nuestro patrimonio. Además, evitamos las operaciones en dólares, cancelamos todas las deudas en dólares y redujimos al mínimo los contratos atados a esa moneda”.

Para Cristian Malaspina, presidente de Argentinos, la situación es grave desde lo social, pero quizá sea favorable en otra faceta. “Nosotros vendimos a Nico González al Stuttgart (8.500.000 euros) y nuestros gastos son en pesos. En ese aspecto, nos vemos favorecidos. Pero a la vez, el 30 por ciento de lo que recauda Argentinos es producto de la cuota social y en el último año subió mucho el nivel de morosidad”, asegura.

Todos coinciden en que será difícil repatriar argentinos que quieran volver a sus viejos clubes, y también será difícil seducir a extranjeros para que se sumen a la Superliga argentina: la avalancha de colombianos, chilenos y uruguayos podría detenerse, y con eso, el nivel del torneo también podría disminuir. En el último Mundial de Rusia, de hecho, la Superliga aportó nueve futbolistas, pero solo tres eran argentinos. Frank Fabra (luego desafectado por lesión), Juan Fernando Quintero y Wilmar Barrios, de Colombia; y Martín Campaña, Nahitan Nández y Gastón Silva, de Uruguay, fueron algunas de las credenciales de calidad que exhibía la Superliga. Algo que, con el dólar por las nubes, será difícil de sostener.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

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