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14/11/2018

El año en que Macri quiso llevar a Ponzio a Boca

En el final del partido, el Cata Díaz se cruzó con Ponzio porque no lo saludó en un shopping.. // Télam

En 2002, en sus comienzos en Newell’s, Macri lo tentó para vestir la azul y oro. “Que se fije en mí me genera ilusión”, había dicho en ese entonces el capitán de River.

El 2002 fue un buen año para Newell’s. El equipo dirigido por Julio Zamora terminó séptimo en el Clausura. Y fue octavo en el Apertura de la mano del Bambino Veira.

En ese plantel se lucían dos jóvenes surgidos en las inferiores que el año anterior se habían coronado campeones del mundo Sub 20 con Argentina: Maximiliano Rodríguez y Leonardo Ponzio.

Mauricio Macri era el presidente de Boca. Transcurrido el primer ciclo de Carlos Bianchi como entrenador del equipo, el club empezaba a desprenderse de varias figuras de ese plantel que había ganado la Intercontinental ante Real Madrid.

Ya habían partido Walter Samuel, Rodolfo Arruabarrena, Oscar Córdoba, Martín Palermo y Jorge Bermúdez.

Los dirigentes sabían que la siguiente venta sería la de Juan Román Riquelme, en ese entonces enemistado con Macri y conmovido por el secuestro de su hermano, Cristian, liberado el 13 de abril en Ramos Mejía después de pasar un día en cautiverio.

Macri mantenía una buena relación con el ex presidente de Newell’s Eduardo López, célebre por sus manejos mafiosos en el club rosarino y vínculos con la barra brava. El actual presidente de la República señaló a Ponzio como el reemplazante del 10.

El día que venda a Riquelme, compro a Ponzio“, había dicho Macri. El capitán de River recordó el interés de Boca en una entrevista con el periodista Diego Borinsky, publicada en 2013 en la revista El Gráfico.

“Me puso la vara alta, Mauricio. Con Maxi Rodríguez le llegamos a los ojos desde que los enfrentamos con Newell’s. Nos quiso llevar a los dos a Boca, aparte porque Macri tenía buena relación con Eduardo López. La verdad es que cuando enfrentás a Boca y River, te mentalizás para jugar a morir. Lo viví de un lado en Newell’s y lo padecí en el Nacional B, cuando los rivales se mataban contra nosotros. Es así”, contó.

Aquella declaración de Macri dificultó su estadía en Rosario. Al ser consultado por la prensa, el volante manifestó su deseo de jugar en un club grande. Pecado de juventud, los hinchas no lo perdonarían.

“Ojalá se dé. Sentí orgullo cuando Macri me nombró. No es fácil abstraerse de todo lo que se habla. Que Boca se fije en mí me ilusiona”, declaró el entonces juvenil.

Al siguiente partido, ante Olimpo en el Parque de la Independencia, Ponzio fue silbado por todo el estadio: “Levantaron el cartel N° 5 para el cambio, yo empecé a salir de la cancha, aunque el cambio era para el 5 de Olimpo, y ahí me silbaron como nunca. No me gustó, fue feo”.

Macri redoblaría la apuesta en octubre de ese año: “En enero o junio próximo, Ponzio se pondrá la azul y oro. Solo es cuestión de tiempo”.

Entre las dirigencias de Boca y Newell’s estaba todo acordado. Habían fijado un monto para la operación: 1.500.000 dólares por el 50% del pase del futbolista nacido en Las Rosas.

Según Ponzio, la transferencia se cayó porque López se arrepintió. El presidente leproso veía que ese volante con quite y dinámica tenía destino europeo. No necesitaba el trampolín de la Bombonera para venderlo afuera.

Por su despliegue, Zamora y Veira solían ponerlo como volante por derecha. Incluso podía jugar de líbero, así lo había hecho en algunos partidos en inferiores.

Ponzio había sido señalado por Marcelo Bielsa, entrenador de la Selección, como pieza clave del recambio que afrontaría Argentina luego del fracaso en Corea y Japón.

Él, Esteban Cambiasso y Sebastián Battaglia serían los sucesores de Diego Simeone y Matías Almeyda, los volantes centrales que cerraron su ciclo con la albiceleste en aquel fatídico campeonato del mundo.

En 2003 fue transferido al Zaragoza y acabó, para siempre, el coqueteo con Boca.

En su primera temporada en España consiguió la Copa del Rey, tras una final épica (3-2) contra el Real Madrid de los galácticos.

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