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28/10/2019

Independiente y las obligaciones de los DTs

Marcelo Gómez tenía la posibilidad de convertirse en DT de Indpendiente pero rechazó el puesto por una cuestión ética. //@InfiernoRojo

En estos tiempos donde la palabra lealtad brilla por su ausencia, Marcelo Gómez rechazó el cargo de Beccacece por una cuestión ética.

“Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”, escribió Albert Camus: escritor argelino-francés, premio Nobel de Literatura en 1957 y, también, orgulloso arquero de fútbol.

En estos tiempos del deporte donde la palabra lealtad ha brillado por su ausencia, tanto sea para participar como para dirigir, donde vemos protagonistas que buscan primero y exclusivamente su beneficio personal, donde con el afán de hacerse de un dinero extra han sido capaces de entregar cualquier proyecto, donde “la palabra” carece de valor y las promesas son incumplidas con asiduidad, es saludable resaltar a aquellos contraculturales que defienden convicciones. Al fin de cuentas, ese es uno de los valores del deporte: una actividad sociocultural que busca el enriquecimiento del individuo dentro del seno de una sociedad.

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Al actual entrenador de la Reserva de Independiente, Marcelo Gómez, lo conocí a fines del siglo pasado en Vélez cuando él era uno de los futbolistas que lo había ganado todo y yo era un juvenil que recién asomaba en Primera. En ese momento, la distancia era tal que apenas interactuamos. Por eso, recién puedo decir que lo conocí personalmente cuando el post-fútbol nos volvió a juntar nuevamente en Vélez pero ahora él como entrenador y yo como médico. El día a día me permitió darme cuenta algo que su parquedad no dejaba vislumbrar fácilmente. Probablemente una de sus mayores virtudes, de la que ha dado una nueva muestra en estas horas.

A mí me convocó Sebastián, él me hizo formar parte de este proyecto y me parecía que no correspondía. Claramente era una tentación agarrar el cargo, Independiente es un equipo enorme, pero no es el momento… Quiero destacar que la posibilidad de trabajo que tengo, es gracias a su generosidad y no correspondía que yo ocupe ese lugar.”

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El ciclo de Beccacece en CAI nunca llegó a arrancar. Rodeado de conflictos desde un primer momento, el equipo intentó jugar al fútbol como pregona su entrenador pero estuvo lejos de obtener buenos resultados. La derrota del viernes por cuartos de final en la Copa Argentina ante Lanús, que lo deja afuera definitivamente de la Copa Libertadores 2020, fue el detonante de un ciclo corto que nunca encontró el rumbo.

En la búsqueda de reemplazantes temporarios con chapa en Primera, no era difícil pensar en Marcelo. Para colmo, sus dirigidos vienen bien, marchan punteros en la tabla de posiciones del torneo de Reserva: con siete triunfos, tres empates y apenas una derrota en 11 partidos jugados. Tiene 19 goles a favor y solo 8 en contra.

Dejar pasar la oportunidad por una cuestión de principios y quedarse con su grupo, es una actitud ejemplar que merece reconocimiento, en este fútbol plagado de urgencias y desplantes: donde todos quieren llegar rápido y no se valora el camino, sino la meta. Otros entrenadores, en lugares similares, no dudaron un minuto y mancillando todos los aspectos éticos, prefirieron quedarse con el cargo de entrenador principal.

Actuar con lealtad es una forma de vivir y a veces puede hacerte perder oportunidades. Marcelo ya lo experimentó cuando dirigía la única categoría de las juveniles de Vélez que jugaba distinto al esquema propuesto por la estructura y eso hacía que, ante un mal resultado de su equipo, lo criticaran con más fuerza. Nunca se traicionó. Dicen que lo que no te mata, te hace más fuerte. ¡Chapeau, Marcelo!

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