La noticia que nunca quisimos escuchar finalmente llegó, y el país se tiñó de ese gris melancólico que solo la partida de los grandes mitos puede generar. Se fue el Indio Solari. Se fue el hombre, pero queda el eco eterno de su voz. Hoy, el dolor cruza transversalmente a generaciones enteras, pero hay un rincón particular donde el luto cala de una forma distinta: el de las mujeres futboleras y ricoteras. Esas que hoy lloramos al guía espiritual, pero que también elegimos recordarlo con los puños en alto.
El Fútbol Argentino despide al Indio Solari: emotivo comunicado de AFA
Para entender la magnitud de su partida en nuestras vidas, es imposible no viajar en el tiempo hacia marzo de 2019. En aquel entonces, el fútbol femenino en Argentina todavía no era profesional y las jugadoras exigían, a los gritos y con la prepotencia de la urgencia, dejar de ser invisibles. Durante el marco de un masivo #8M, Día Internacional de la Mujer, mientras los clubes amagaban con gestos institucionales, desde el ámbito artístico irrumpió una voz inesperada para patear el tablero.
A través de un mensaje grabado enviado a la radio La Patriada —en el programa de su biógrafo y amigo Marcelo Figueras— , el Indio Solari sorprendió a todos con una solidaridad tan lúcida como combativa: “Esta es una manera de contribuir y apoyar a las chicas que practican el fútbol y que quieren profesionalizarse. Quiero apoyar eso porque me parece merecido, más allá de que la sociedad muchas veces vea que no aporta nada. El Gobierno tiene la obligación de insuflarles a los deportistas aliento y animación, pero también dinero”, sentenció el exlíder de Los Redondos. "Estoy de acuerdo con que hagan este reclamo", cerró, cortando de raíz cualquier tibieza.
Ese gesto no fue una simple declaración de época, fue en realidad, un acto de absoluta coherencia con toda su vida y su obra. Las letras de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota siempre construyeron un universo donde nosotras ocupamos un lugar protagonista, activo y libre de estereotipos. El Indio nos cantó desde la paridad, retratando a mujeres independientes que toman decisiones y ejercen el poder.
En la lírica ricotera, las mujeres no somos espectadoras ni el trofeo pasivo de nadie; somos quienes dominamos la situación. En himnos como Ella baila con todos o Tarea fina, somos sujetos activos que eligen y manejan el juego. Pero además, el Indio nos retrató como sobrevivientes de la marginalidad y la precarización social. El "Mister" entendió antes que nadie que nuestras vidas estaban atravesadas por una realidad social hostil, pero también por un irrefrenable deseo de Independencia y libertad.
Por eso, cuando el Indio bancó a las futbolistas que pedían contratos, botines y dignidad, no estaba subiéndose a una moda: estaba reconociendo en la cancha a las mismas mujeres de las que vino hablando toda su vida. Estaba siendo el Indio de siempre, el que sabe perfectamente dónde se paran las que luchan desde abajo.
Y la mística ricotera, esa que no cree en las casualidades, se encargó de sellar este pacto eterno el mismísimo viernes de su partida. Mientras el país asimilaba el impacto de su muerte, la Selección Argentina Femenina salía a la cancha en el estadio de Lanús para jugar el anteúltimo partido de la Liga de las Naciones frente a Perú.
En la previa, el ambiente ya estaba impregnado de él: su música sonó en los parlantes, se guardó un respetuoso minuto de silencio y la pantalla gigante proyectó un emotivo homenaje con su foto y esa frase que es un dogma de fe: "Si no hay amor que no haya nada". Con ese amparo celestial, las pibas batallaron, empataron 1-1 y aseguraron la clasificación al Mundial de Brasil 2027. No podía ser de otra manera. Tenía que ser ese día, bajo su bendición.
Para nosotras, las que compartimos la doble pasión del fútbol y las misas ricoteras, su partida nos deja una orfandad enorme. Se nos va el tipo que nos validó en las calles, en las tribunas, en el césped y en el barro de un pogo. Nos queda el consuelo de saber que cumplió con su propia premisa: la de no dejarnos morir en la pavada.
El Indio ya es eterno y su música seguirá sonando cada vez que una piba entre a una cancha a saltar en las tribunas, a trabar una pelota con la cabeza o a jugar una Copa del Mundo. Buen viaje, de parte de todas las que, gracias a vos, aprendimos que Dios ya no nos aguanta quietas y que nuestro lujo es tener el coraje de salir a ganar el partido. ¡A brillar mi amor!
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