martes 09 de junio del 2026

En River llegó la hora de olvidar la cacería

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River descendió. La sola construcción de la frase, de dos palabras, es conmovedora. Algunos se arriesgan a lanzar frases definitivas sobre “un nuevo orden” o “un nuevo mapa” para un mapa, un orden y, sobre todo, un juego que cambia todo el tiempo. El Torneo Apertura 2011 sumará cuatro equipos del interior, que obtuvieron su tránsito a la categoría superior después de un campeonato agotador y competitivo. Este Apertura será, seguramente, el más federal de todos los campeonatos de Primera División disputados hasta ahora.

Habrá que ver si estos equipos que llegaron de la B Nacional pueden mantenerse y darle otra forma al fútbol de Primera División o son flor de un año. Hay ejemplos para ambos casos. Hay clubes del interior que descendieron y el esfuerzo de llegar a Primera no les dejó resto ni para evitar el tobogán hacia el Argentino A, como Huracán de Tres Arroyos o, como sucedió este año, Tiro Federal. Otros, como Godoy Cruz, se mantuvieron en el círculo superior y no sólo eso: despliegan un muy buen estilo y llegaron a participar de la Copa Libertadores de América. Vamos a ver en qué sitio se ponen los cuatro que llegaron desde el Nacional. Atlético de Rafaela y Belgrano de Córdoba aparecen con administraciones ordenadas y clubes limpios. Unión tiene una rica historia en Primera División. San Martín de San Juan mejoró su infraestructura, tomando en cuenta su última incursión por la elite del fútbol. O sea, los cuatro tienen cualidades como para mantenerse.

Pero River, en nombre de su condición de muy grande, sigue acaparando –aun hoy, cuando ya está en disputa la Copa América– la atención del revolucionado mundo futbolero. Daniel Passarella, antes de asomar la cabeza a los medios, determinó que el DT del equipo que intente el regreso sea Matías Almeyda. El presidente tomó esta determinación 24 horas después de quedar decretado el descenso, en la nefasta tarde del 26 de junio de 2011. No estuvo mal apurarse: River comenzará su participación en el torneo de la B Nacional el 14 de agosto. Para eso falta sólo un mes y medio.

La pregunta, entonces, es si Almeyda es el DT correcto para este momento de River. Hacer una evaluación de Matías como entrenador sería injusto. Nunca lo hizo y éste será su debut. River tiene experiencias positivas en cuanto a ex jugadores debutantes en el puesto de técnico. Daniel Passarella, sin ir más lejos, fue contratado por Alfredo Davicce, seis meses después de haber dejado de jugar. Passarella tomó el equipo segundo en el torneo faltando toda una rueda y lo sacó campeón. Ramón Díaz fue un caso bastante parecido. Llegó al club tras una fallida experiencia con Carlos Babington. El Pelado fue campeón en 1996 con un gran equipo, después de un ’95 bastante sinuoso. Leonardo Astrada fue otro técnico debutante y campeón.

Passarella pensó en estos antecedentes, sobre todo en el suyo. “Veo a Almeyda muy parecido a mí cuando empecé mi carrera como entrenador”. Cuando Passarella asumió como DT, en 1990, River estaba bien ubicado en la tabla de posiciones de Primera División, pero sus cuentas no estaban en orden. Mostaza Merlo se había ido como muestra de lealtad a Osvaldo Di Carlo. Passarella asumió en un excelente presente futbolístico, pero no económico. La coyuntura lo obligó a armar un equipo con algunos mayores, otros jóvenes que entre Menotti y Merlo habían hecho debutar en Primera y, posteriormente, algunos que Passarella puso. Entre los que puso, estaba Matías Almeyda.

El tema es la situación inédita de River. Jamás jugó en el Ascenso en el profesionalismo. Llegó el momento de sentarse a cambiar ideas, llegó la hora de que Passarella se abra y le sirva como guía a Almeyda para que su carrera como entrenador no termine en diez partidos, llegó el momento en el que los hinchas se dejen de marchas desestabilizadoras y piensen que, si bien el descenso representa una afrenta a la enorme historia del club de Antonio Liberti, hay que salir de ahí y no hay otra manera de hacerlo que no sea ganando la B Nacional.

Passarella tendrá que olvidarse de la cacería de los medios del grupo que protegió a la dupla Aguilar-Israel mientras éstos devastaban el club y pensar en River hoy. Es cierto que la oposición que hoy le “ofrece” ayuda fue la misma que quiso pasarlo en la votación y que apareció recién cuando todo se incendió. Lo dijimos aquí la semana pasada: que la oposición no acerque ninguna idea potable o alguna que no sea la presentación de Passarella como un monstruo antediluviano no exime al actual presidente de ninguna de las culpas que tiene, que son varias.

Una de ellas es no haber ido al frente con la auditoría hasta que el agua le llegó al cuello. Ese fue el caballito de batalla de su campaña y no lo había realizado hasta ahora. Es muy fácil darse cuenta: hace un año y medio que es presidente y los primeros trazos de ese trabajo aparecen a cuatro días del descenso del equipo. Es probable que Grondona haya parado esa auditoría para proteger a Aguilar y Passarella, preso como casi todos de las deudas con la AFA, debió aceptarlo.

La otra es la impunidad con la que los barras transitaron por el anillo interno para llegar hasta el vestuario de Sergio Pezzotta. Passarella no es culpable directo, pero lo que hagan sus miembros de CD lo salpica. Y hubo miembros de su comisión directiva vinculados con esos barras y con el tristísimo episodio del entretiempo del partido con Belgrano.

Una vez transcurridas las primeras horas de la tristeza más grande de su historia, River intentará ponerse de pie lo más rápido posible. No le será fácil. Tiene un técnico debutante, un presidente que no distingue bien a quienes lo rodean y que es atacado sin parar desde sectores poderosos, con una historia riquísima que ahora le ocultan y un torneo muy difícil que comenzará en cuarenta días. Es hora de que la camiseta de la banda roja vuelva a ser lo que era.

Hay que juntar los pedazos y armar todo otra vez. Es demasiado tarde para lágrimas.

Columna publicada en la edición impresa del Diario Perfil

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