Si algo de positivo ha tenido la primera parte de la gestión que lleva adelante Luis Zubeldía en Racing ha sido la aparición de varios juveniles en el equipo titular. El entrenador ha sido clave para que la popular Academia pudiera disfrutar de sus nuevas joyas.
Ricardo Adrián Centurión es el diamante del club de Avellaneda. Debutó en la penúltima fecha del torneo Clausura 2012, el 17 de junio pasado y en escasos seis meses se ha convertido en la figura del plantel. Con 19 años y una desfachatez íntimamente vinculada a su crecimiento, jugó todos los partidos desde que llegó a Primera División.
El ojo joven pero experimentado de Luis Zubeldía lo descubrió y el salto fue magnífico. Con él, también llegaron Luciano Vietto y Luis Fariña, aunque habían tenido sus bautismos en etapas anteriores. Sin embargo, fue Zubeldía quien se animó a ponerlos juntos y desde hace media docena de partidos, los tres deleitan y enojan a los hinchas albicelestes, por sus arrebatos, sus chiches y sus capacidades no exentas de errores juveniles.
El crédito mayoritario se lo lleva Centurión, un mediocampista ofensivo rapidísimo, que estos cinco meses mostró jerarquía, dinámica, habilidad y unas ganas de llevar a su equipo adelante que chocó, invariablemente, con golpes y zancadillas de muchos rivales, enojadísimos por su afán ofensivo y cierta propensión adolescente a hacer un chiche de más. Vale la pena repasar las imágenes que reflejan las agresiones que ha recibido Centurión y que amenazan, si los árbitros no sancionan las faltas, con lastimarlo más temprano que tarde.
Tantas virtudes poco frecuentes hoy en el fútbol argentino, han puesto a Centurión en la mira de los clubes europeos y la larga lista de buitres y vampiros que pululan por estas tierras y trabajan para llevarse a los mayores talentos. La cotización de 15 millones de dólares le puso un freno a ciertas operaciones mediáticas para darlo por transferido a varios clubes que hoy no son, justamente, un paraíso repleto de euros y buenas administraciones.
Sin embargo, se habla de su probable traspaso al equipo más poderoso de Portugal, el Porto. Y aunque la dirigencia racinguista está empeñada en conservarlo por seis meses más, el futuro es inexorable. Centurión se irá, cuando todavía le faltan materias para completar su formación profesional. Lamentablemente, seguirá el camino de muchos futuros cracks que no pudieron sustraerse al imán que impone el dinero grande y un futuro supuestamente feliz. En este caso, Centurión y su representante se cansaron de declarar que no es el momento para irse, que el deseo de ambos es seguir jugando en Racing y bla, bla, bla.
Ojalá se cumpla. Es más, ojalá se frustre la transferencia y los hinchas de Racing puedan disfrutarlo un buen tiempo más, lo mismo que a Vietto y a Fariña. El karma de los simpatizantes de cualquier club argentino incluyendo a los más poderosos es cíclico: ni bien comienzan a disfrutar de un buen futbolista, ya aparecen las versiones y rumores sobre una venta. Ahí quedan los que pagan la entrada, se enojan, insultan al aire, se emocionan, se quedan sin voz y viven la semana pensando en el partido de la próxima fecha.
Abandonados, obligados a repensar el equipo porque les birlaron al mejor jugador, porque saben que quien venga a reemplazar a Centurión va a necesitar un tiempo para formarse y quizá no sea tan bueno como quien se aleja a Europa. Los hinchas pierden un poco de sí mismos en cada una de estas transferencias y el fútbol argentino se sigue desangrando.
Por otro lado y vale la pena anticiparse, si muchos dijimos que Gino Peruzzi es el futuro Javier Zanetti de la Selección Argentina y del Inter italiano, ¿por qué no pensar en un Adrián Centurión como mediocampista derecho o extremo derecho del equipo de Sabella? En un vasto panorama de carencias en numerosas posiciones, Centurión es agua en el desierto.