Nunca es tarde para asombrarse. Y estamos hablando de fútbol, claro está. No nos alcanzó con la increíble mala racha de Banfield en la temporada anterior para terminar de sorprendernos. El cuadro albiverde se fue al descenso en un tobogán impresionante al que lo llevó su pésima campaña durante los torneos de 2011/12, donde apenas sumó 22 escuálidos puntos. Ganó 5 de los 38 partidos que jugó y rifó la enorme cosecha de puntos que había acumulado en los años anteriores, al punto que todavía le servían los 73 puntos de 2009/10, con su primer título incluido.
Esa flojísima campaña lo tiró al descenso y le permitió salvarse a San Lorenzo, que arañó la Promoción y llegó con lo justo. Encima, al cuadro de Boedo le tocó un Instituto que había pasado de ser la revelación de la B Nacional a un equipo peleado con la pelota y con una dirigencia que hizo lo posible para no ascender. Hoy no existen más –afortunadamente- las Promociones, pero la historia parece repetirse cambiando los protagonistas.
Independiente –que parecía condenado al descenso hace cuatro fechas- ha resurgido porque Miguel Ángel Brindisi ha sabido calmar ansiedades, unificar criterios y aliviar tensiones. Los valiosos puntos que ha sumado (10 sobre 15 posibles) lo han puesto en una pelea mucho más pareja. Claro que esto puede suceder porque Argentinos Juniors está repitiendo el pésimo recuerdo de Banfield. El cuadro de La Paternal hizo un flojo torneo Inicial (19 puntos), pero así y todo terminó dos puntos arriba de Independiente.
Primero lo dirigió Leonardo Astrada (13 fechas) y tras un interinato de Carlos Mayor de dos jornadas, llegó Gabriel Schurrer, quien nunca le supo encontrar la vuelta al equipo. Bajo su conducción, que se prolongó hasta la tercera fecha del torneo Final, Argentinos sumó un primer empate y acumuló seis derrotas consecutivas. Hubo otros dos encuentros dirigidos por Fabián De Sarrasqueta y por fin, llegó el habitual médico de urgencias, Ricardo Caruso Lombardi.
Tres empates y una festejada victoria ante All Boys parecieron poner al Bicho en el camino de la alegría, pero una nueva racha de cinco caídas seguidas, lo ha dejado al borde del descenso, con un ascendente Independiente que lo acecha a tres puntos. Las distancias, que fueron de trece puntos, hoy se simplifican a un único partido: tres unidades los separan.
Confiados en una ventaja en puntos que parecía indescontable, los dirigentes de La Paternal cometieron varios errores que hoy los dejan expuestos: transfirieron a Matías Laba, el prometedor mediocampista central titular al exterior, alejaron del plantel a dos referentes como el defensor Sabia y el delantero Oberman, al tiempo que se desprendieron de Núñez y no hicieron ningún esfuerzo para reforzarse. El abrupto final del negativo ciclo de Schurrer los obligó a buscar en Caruso Lombardi a un hombre formado en la casa, pero con una historia bien distinta.
El locuaz entrenador aceptó el reto y trató de rearmar las piezas, pero el inicio del ciclo no alcanzó para esconder los problemas internos. Una mala relación con los referentes y las viejas rencillas entre técnicos extrovertidos y varios jugadores grandes en edad y en cuenta bancaria, llevó a los roces finales que pusieron un cartucho de dinamita en el medio del grupo. Los gritos de Caruso Lombardi y sus acusaciones hacia Diego Placente, las respuestas cargadas de ironía del exdefensor y la separación de los dos zagueros titulares (Garcé y Matellán), dejan hoy indefenso al cuadro de La Paternal, muy cerca de que las cinco fechas finales se conviertan en un calvario, habida cuenta del durísimo programa de partidos que le espera, con River, San Lorenzo y Newell’s esperando su turno y los Diablos rojos ahí nomás.
El toque final lo dieron las versiones sobre una supuesta decisión del presidente Luis Segura de hacer bajar a su equipo de categoría a cambio de un dinero importante y un puesto más alto en la AFA. Muy pocos creyeron en semejante disparate, pero la especie fue tomando cuerpo, a medida que los resultados negativos se acumulaban. Hoy, el cóctel explosivo está a punto de estallar. Segura perdió toda seguridad, los jugadores no confían en el entrenador, los referentes fueron alejados del plantel y el técnico habla y habla y habla y habla y habla.
Así como San Lorenzo encontró una víctima propicia en ese Banfield lamentable –hoy arruinado económicamente- pareciera que Independiente zafará de un descenso que parecía inexorable, gracias a la impericia de todos los involucrados en La Paternal. Argentinos está rifando su permanencia y navega derecho hacia el naufragio. Salió campeón hace tres años (en mayo de 2010) con un Claudio Borghi que prefería viajar en auto porque le temía al avión. Ahora está muy cerca del descenso con otro entrenador que tampoco quiere subirse a ninguna aeronave por miedos parecidos. Está claro: no tiene vuelo y así no puede escaparse.