Corrían los últimos días de setiembre de 1996 cuando, como tantos otros, un jovencito lleno de ilusiones llegaba a La Masía, el predio donde el Barcelona forma a sus futuros cracks. Advertido de las cualidades de aquel pequeñuelo, el diario catalán El Mundo Deportivo registró en una nota el arribo, incluso con una imagen de ese adolescente de 12 años pero aún con cara y sueños de niño.
"El otro día lo vi, pero no me atreví a decirle nada. El año pasado me corté el pelo como él y creo que lo volveré a hacer", decía entonces aquel chiquilín en una de sus primeras declaraciones periodísticas hablando sobre su ídolo Iván De la Peña, quien por esos tiempos la rompía con la casaca blaugrana.
En el copete de la nota, en tanto, El Mundo Deportivo daba lo que terminaría siendo una receta para que el Barça y la selección española se convirtieran en primeras potencias futbolísticas: "El FC Barcelona sigue apostando por los jóvenes jugadores españoles a pesar de la 'ley Bosman'. La invasión extranjera no ha de ser un freno para los craks (sic) nacionales".
Aquel premonitorio artículo presentaba al joven en cuestión junto con otra promesa en ciernes, que no llegaría a cristalizarse. En su párrafo final, dice sobre ambos: "Los dos hablan de ‘sueño cumplido’. Son conscientes que sólo han hecho que comenzar. A partir de ahora empieza lo más duro: llegar al Camp Nou".
A casi 14 años de aquella nota, vaya si el chiquilín de la cara soñadora llegó. Se llama Andrés Iniesta, y acaba de darle con un gol a España su primera Copa del Mundo. Tal vez, porque nunca dejó de soñar.