Lo dijo y nadie se escandalizó, pero algunos buscaron miradas cómplices para canalizar la repentina preocupación que los asaltó después de la frase. Eduardo da Costa Paes tiene 43 años y es el alcalde de Río de Janeiro, gobernando en nombre del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, aliado histórico del Partido de los Trabajadores, de Lula y Dilma.
Futbolero, tratando de interpretar el pensamiento de muchos brasileños, Paes asustó y escandalizó con una frase sorpresiva: “Si Argentina le gana el mundial a Brasil en la final, me suicido.” En realidad, dijo algo que exagera al máximo una situación que podría darse y les pone los pelos de punta a muchos brasileños.
Es que el terrible recuerdo de aquella final de 1950, cuando la selección uruguaya derrotó al favorito brasileño en pleno Maracaná y se quedó con la Copa del Mundo, provocó más de cien suicidos entre los hinchas locales y una oleada de vergüenza que tardó años en disiparse. Aquella tarde funesta para todo el país, el equipo capitaneado por el gran Obdulio Varela se sobrepuso al gol de Adhemir y tras empatar con gol de Schiaffino, definió el juego con la corrida y concreción del puntero derecho Ghiggia.
El propio presidente de la FIFA, Jules Rimet, tenía preparado su discurso final en portugués y nadie había reparado en la posibilidad de que los celestes se alzaran con la Copa. Para eso, tenían que vencer a Brasil ya que estaban un punto por debajo en la rueda final, pero lo consiguieron. El atribulado Rimet, ya veterano, no tuvo mejor idea que localizar al capitán Varela, entregarle la Copa rápidamente y alejarse del estadio Maracaná escapando de la enorme decepción general.
Deben ser muchísimos los brasileños que piensan hoy, a un año del inicio de la Copa del Mundo, que no se les escapará nuevamente el título en su propia tierra. El razonamiento debe ser bastante sencillo: si ya nos ganaron los uruguayos cuando la organizamos por primera vez, no va a volver a pasar. Y mucho, muchísimo menos, que en la final nos encontremos con la Argentina y nos saquen la Copa. Aunque juegue Messi.
Con ese pensamiento, lo que dijo el intendente Paes no hizo más que reflejar lo que sienten la mayoría de los hinchas brasileños, algo muy comprensible, por otra parte. Y desde nosotros, es obvio que los temores también existen: ¿Nos dejarán llegar a la Final si podemos ganarla?, ¿nos voltearán antes?, ¿qué hará la FIFA?... Mezclando, como siempre ha ocurrido en el fútbol, las sospechas eternas, las dudas que nos generaron desde hace mucho tiempo los organismos que controlan al deporte que mueve más dinero y más pasiones.
Brasil tuvo a Pelé, con su enorme aporte ganó tres Copas del Mundo, nosotros disfrutamos a Maradona y hoy gozamos con Messi. Para su desesperación, los brasileños no cuentan con aquellos astros que iluminaron el mundo y los pusieron por delante de todos los demás: ya no juegan Ronaldo, Romario, Rivaldo, Kaka ni Emerson y Ronaldinho pasea su veterana estampa con cierta calidad, pero siendo la sombra de lo que supo ser.
Paes ha buscado escandalizar a la sociedad brasileña con esta declaración, exagerada por cierto, pero no ha dejado de mencionar algo que viene atormentando a muchos y que nos hace dudar a nosotros mismos sobre lo que puede llegar a pasar dentro de un año.
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