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24/09/2015

Alejandro Puccio, el Puma enmascarado

Alejandro Puccio jugaba de wing en el CASI. // CEDOC

Su último partido fue histórico. Se despidió en un encuentro célebre, pero vergonzoso. Una victoria que se recuerda como una hazaña, pero que también fue una traición. Fotos  y video.

El último partido de Alejandro Puccio con Los Pumas fue histórico. Se despidió en un encuentro célebre, pero vergonzoso. En un partido memorable, pero infame. Todo, por supuesto, según la versión de quién lo cuente. Porque la última vez que Alejandro Puccio jugó para Los Pumas fue cuando le ganaron 21-12 nada menos que a Sudáfrica. Pero esa victoria ante los Springboks, que debería recordarse como una hazaña, también quedó en la historia como la síntesis de una traición.

Porta: “Alejandro Puccio fue miserable, nos traicionó”

En 1982 Sudáfrica era el país más racista del planeta. El apartheid, impulsado por la minoría blanca de origen británico, ya tenía cerca de treinta años de vigencia. Era un sistema de segregación racial cruel: los negros no podían votar, ni asistir a las escuelas de blancos, ni usar los hospitales para blancos, ni subirse a los colectivos para blancos ni mucho menos integrar equipos deportivos con blancos. Semejante régimen solo se podía sostener con represión. Discriminación y sangre: así se sostenía el modelo.

El apartheid fue tan descarado y violento, que Sudáfrica empezó a ser motivo de campañas internacionales. Hasta que la ONU impuso un bloqueo económico, académico y deportivo. Todos los países le dieron la espalda al sistema más inhumano del planeta. Los Springboks, una de las selecciones de rugby más fuertes del mundo, se quedó sin rivales, a pesar de que el gobierno ofrecía cachets desorbitantes para que artistas, intelectuales y deportistas visitaran el país y, de alguna manera, los legitimara.

Alejandro Puccio y el fin de una promesa rugbier

Cuando la invitación llegó a la UAR provocó desconcierto. Debían respetar el bloqueo, pero jugar un par de amistosos contra los Springboks era una oferta demasiado seductora como para desestimar. Entonces pusieron en marcha un plan B: agarraron al plantel de Los Pumas, sumaron un par de “refuerzos” de países vecinos y bautizaron al equipo como Sudamérica XV. Allá fueron, entonces, estos pumas enmascarados, a cumplir con la mayor carnereada de la historia del deporte.

El primer amistoso se jugó el 27 de marzo del ‘82. Entre los quince que saltaron al césped del estadio Loftus Versfeld, en Pretoria, ante 28 mil personas, estaba Alejandro Puccio. El resultado fue el esperado: Sudáfrica ganó 50-18. Una semana después, la revancha. En el estadio Free State, de Bloemfontein, hubo 21 mil testigos de un partido histórico: Los Pumas, disfrazados de Sudamérica XV, le ganaron 21-12 a los Springboks. Los quince titulares fueron argentinos. Ahí estuvo Hugo Porta, que anotó todos los puntos. Y estuvo, otra vez, Alejandro Puccio, con el 14 en la espalda.

Mirá las fotos 

Para que la hazaña quedara más opacada aun, el almanaque jugó sus fichas: ese partido se jugó el 3 de abril del ‘82, un día después del desembarco de tropas argentinas en Malvinas que derivaron en la guerra. Sudamérica XV fue el último seleccionado que viajó a Sudáfrica durante el apartheid. Recién volvieron a recibir visitas en 1993, cuando comenzó el proceso de democratización de la mano de Nélson Mandela.

En una nota sobre la gira de Sudamérica XV que publicó en octubre de 2007, el periodista Santiago O’Donnell hace una analogía impecable. Escribió O’Donnell: “A ese equipo se lo bautizó Los Jaguares. Un jaguar es un Puma con manchas negras.”

Tres meses después de aquel triunfo de los Pumas enmascarados, Alejandro Puccio entró en un mundo sin retorno. El 22 de julio del ‘82, junto con su padre Arquímedes y una banda de secuaces, secuestró a Ricardo Manoukian, amigo suyo del rugby. La familia pagó un rescate de 250 mil dólares. Pero no sirvió de nada: lo asesinaron con tres disparos en la cabeza. Fue la primera víctima del clan.

(*) Autor del libro Maten al rugbier

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