Otra vez, los inadaptados de siempre lograron suspender un partido de fútbol. Ocurrió en Santa Fe, durante el partido que Colón y Vélez animaban por la fecha 22 de la Superliga.
Barras disfrazados con los colores de Colón arrojaron varias bombas de estruendo en el área ocupada por el arquero de Vélez, César Rigamonti, y luego de las advertencias, el árbitro Andrés Merlos, dio por suspendido el encuentro por "falta de garantías".
Solamente se jugaron 22 minutos en el estadio Brigadier Estanislao López. Otra vez, los violentos lograron su cometido y le aguaron la fiesta a los verdaderos hinchas que sólo querían ver a su equipo.
Luego que cayeran tres bombas (una afuera de los límites del campo de juego), el juez del partido advirtió que a la próxima suspendía el mismo. Tras la cuarta explosión, Merlos le puso punto final a un cotejo que estaban empatando en cero y que desde su mismo inicio resultó permanentemente interrumpido.
Según trascendió, a raíz de una interna entre los barras del Sabalero y los dirigentes por un pedido no satisfecho, los primeros decidieron hacer oír su reclamo mediante este método extorsivo.
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