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30/04/2019

Las muertes que cambiaron la historia de La 12

La hinchada de Boca ocupando la segunda bandeja de la Bombonera. / Archivo

(*) Por Javier Szlifman | El 30 de abril de 1994, dos hinchas de River fueron asesinados. Poco tiempo después, llegaría el ascenso de Rafa Di Zeo como líder de barra de Boca.

El 30 de abril de 1994, River venció a Boca por 2 a 0 en La Bombonera por la sexta fecha del Torneo Clausura. Los hinchas millonarios pudieron disfrutar del triunfo de su equipo ante el eterno rival luego de casi cuatro años. Pero el fútbol argentino cargaría con dos nuevos muertos.

Ángel Delgado y Walter Vallejos fueron asesinados media hora después de finalizado el encuentro, en el cruce de Ingeniero Huergo y Brasil. Un camión tipo “mosquito”, de los que cargan automóviles, transportaba a unos 60 fanáticos de River que celebraban la victoria de su equipo, cuando fueron atacados a balazos por 15 miembros de la barra de Boca, que entonces comandaba José Barritta, alias El Abuelo. El hecho enviaría a la cárcel a la cúpula de la hinchada.

Una interna feroz. A comienzos de la década del 90, la barra de Boca comenzó a sufrir ciertas divisiones internas que serían decisivas en los trágicos sucesos de abril de 1994. En esos años, aparecieron en la tribuna distintos fanáticos que llevaron los hechos de violencia a un nivel más alto. Barritta, líder de la hinchada desde 1981, comenzaba a perder el control sobre algunos de sus subordinados. Algunos miembros históricos como Rafael Di Zeo y Santiago Lancry se apartaron de la cúpula.

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Un enfrentamiento fuerte ocurrió antes de las elecciones del club de 1992, cuando un grupo de la hinchada liderado por el Chueco Regueiro acordó trabajar por su cuenta para el candidato Ubaldo Eloy Paya. El Abuelo decidió apartarlos.

El 5 de febrero de 1993, en la previa de un partido amistoso, la barra de Boca se enfrentó con la de Independiente en Mendoza. Allí se registraron 16 heridos, varios de la primera línea de La 12. Tiempo después, en el juicio oral, ocho barras de Boca serían condenados por los incidentes.

Estos hechos hicieron perder buena parte del apoyo político que tenían Barritta y su hinchada. Poco tiempo antes, el líder de la barra había creado la fundación Jugador Numero 12, con el objetivo de blanquear los ingresos que recibía la barra por reventa de entradas, aportes de dirigentes, jugadores, cobro de estacionamiento y las contribuciones de los puestos de comida en el estadio. La fundación se comprometía ayudar a personas enfermas y carenciadas. El 3 de abril de 1991 la Inspección General de Justicia (IGJ) le otorgó la personería jurídica.

Sin embargo, los repetidos enfrentamientos hicieron naufragar el proyecto. El 28 de junio de 1993 la IGJ le retiró la personería jurídica a la reciente fundación, mientras la acusaba directamente de ser un vehículo para blanquear dinero recaudado ilegalmente. Según el informe, en tres años la organización había recaudado 3,5 millones de dólares. Aquello fue un duro golpe al poder de El Abuelo.

Pero las cosas no parecían cambiar. El 17 de noviembre de 1993, en la previa del partido que enfrentaría a la Selección argentina de Maradona ante Australia, clasificatorio para el Mundial de Estados Unidos del año siguiente, La 12 se enfrentó con la barra de River en los bosques de Palermo.

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La emboscada fatal. La cúpula de la barra de Boca planificó el ataque a los hinchas de River de 1994 en la casa de Manzanita Santoro, miembro de la primera línea, en Lugano. La última reunión fue el mismo día del partido. Buscaban una demostración de poder sobre sus pares de River de cara al Mundial de Estados Unidos, donde los de Núñez enviarían un grupo importante.

La hinchada de Boca intentó un ataque antes del partido, pero la importante presencia policial lo impidió. A 15 minutos del final del encuentro, un grupo de hinchas abandonó el estadio para atacar a los hinchas rivales. Buscaron las armas, que estaban escondidas en un Ford Falcon Sprint, de Jorge Corvacho Villagarcia.

Cuando tuvieron en sus manos dos revólveres calibres 38 y 22 largo, y dos pistolas, una 45 y otra 9 milímetros, los barras fueron hacia la zona del Riachuelo para llevar adelante la emboscada. Al ver a los primeros grupos de hinchas rivales, un barra disparó desde lejos y ocurrió un desbande.

La 12 fue entonces por las vías hacia la intersección de Huergo y Brasil. La policía ya los buscaba con patrulleros y helicópteros. Decidieron entonces esperar detrás de unos conteiners. El hermano de Corvacho, de 11 años, avisaría cuando llegaran los rivales. Tras 10 minutos, pasaron dos camiones tipo mosquito, de los que transportan automóviles, repletos de fanáticos de River que celebraban la victoria. El primero logró atravesar la zona, pero ante los primeros disparos Walter Vallejos, un joven de 29 años, cayó y fue aplastado por una rueda. Al escuchar la balacera, el segundo se detuvo. Los barras de Boca rodearon el vehículo y dispararon más de 50 veces, mientras gritaban: “Van a morir todos; aguante Boca; viva Boca”. Ángel Delgado recibió tres disparos y murió en el acto. Otras 7 personas resultaron heridas.

El ataque mortal duró entre quince y veinte segundos. Los asesinos dispararon a matar. Algunos querían seguir con el ataque, pero los jefes dieron la orden de disolverse, porque la policía estaba llegando al lugar.

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El juicio final. Los hechos tuvieron una amplia cobertura en los medios periodísticos. Las crónicas daban cuenta de un salto cualitativo en las formas de violencia, ya que las muertes se habían producido por disparos directos sin provocación alguna. “El ambiente del fútbol se ve superado por estos hechos” declaró entonces Juan Carlos Blanco, director de la Comisión de Seguridad Deportiva. Un fanático afirmó en Canal 13 que el encuentro había terminado 2 a 2, ya que River había marcado dos goles pero Boca había matado a dos hinchas rivales.

El juez César Mario Quiroga estuvo a cargo de la causa. Pasados varios días ningún responsable había sido detenido. El jueves siguiente, Dario Vesselizza Randi, un miembro de la tercera línea de la hinchada, se presentó en el juzgado y comenzó a revelar detalles sobre los hechos y los miembros de la barra. Enseguida comenzaron las detenciones. Luego aparecieron las armas homicidas en el Riachuelo.

Además, el juez recogió testimonios que afirmaban que los dirigentes de Boca entregaban entre 200 y 300 entradas por partido para la hinchada y que facilitaban viajes cuando Boca jugaba de visitante en el interior del país. Antonio Alegre, presidente del club, reconoció a la prensa que le entregaban entradas a la barra a cambio de que no provoquen disturbios. El caso parecía esclarecido, pero Barritta no aparecía. El líder habría pasado sus días prófugo en el sur de la Provincia de Buenos Aires. Finalmente, el 29 de junio, a casi 60 días de los crímenes, se presentó ante la justicia.

Barritta declaró que varios miembros de la barra le exigieron tras el partido atacar a los hinchas y él se opuso. “Les dije que no vayan y cuando me di vuelta se fueron como las palomas de la Plaza de Mayo”, afirmó. Inicialmente, fue acusado por asociación ilícita y extorsión, aunque no por los asesinatos. La causa pasó a juicio oral y el resto de los imputados fue procesado por homicidio doblemente calificado cometido con alevosía.

El juicio comenzó en marzo de 1997. Cuando los otros implicados conocieron las declaraciones de Barritta, donde acusaba a sus compañeros de tribuna, el antiguo líder se ganó el odio del resto de los acusados. También se presentó Vesselizza Randi, quien ratificó todo lo que había declarado. Los barras desde entonces comenzaron a acusarse mutuamente por los disparos.

El 16 de mayo de 1997, tras más de dos meses y más de 100 testigos, se conoció la sentencia. Allí, Jorge Martín Corvacho Villagarcía, Miguel Manzanita Santoro, Marcelo Aravena, Freddy Jorge Cáceres Romero, alias Bolita Niponi, y Jorge Darío Gomian Almirón fueron condenados a 20 años de prisión por los dos homicidios, por tentativa de homicidio y por asociación ilícita. También fueron condenados otros cuatro barras.

Barritta fue absuelto por los asesinatos, pero condenado a 13 años de prisión por asociación ilícita con extorsión contra los dirigentes. Tiempo después, la cámara superior anuló el cargo de extorsión y rebajó la pena a 9 años. Luego del juicio, en la segunda bandeja del estadio solía verse una bandera que decía “Abuelo Traidor”, por acusar a sus compañeros ante la justicia.

El Abuelo salió en libertad condicional el 17 de diciembre de 1998, tras más de 1633 días en prisión. A fines de 2000 fue internado en el sanatorio San Juan de Dios de Ramos Mejía por una neumonía crónica, que habría contraído en prisión. Falleció el 19 de febrero de 2001 en el hospital. Tenía 48 años. Fue enterrado en el cementerio de San Justo, cubierto de banderas de Boca, mientras un grupo de hinchas gritaban “José, querido, La Doce está contigo”.

Tras la caída de El Abuelo, Santiago Lancry lideró la barra en 1995 y al año siguiente comenzaría el reinado de Rafael Di Zeo,

(*) Periodista e investigador. Especial para 442

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