Periodista
El tiempo atropelló los días de su arranque al frente del equipo, con 18 partidos que se van a completar mañana en poco menos de 3 meses, donde le pasó de todo. Chacho Coudet acabó desbordado tras la final perdida en Córdoba: sin siquiera estar en la premiación y con una expulsión que puede hacerlo perder varios partidos del segundo semestre.
Por eso, mañana a la noche, cuando arranque la licencia del equipo y les avise a los jugadores cuándo regresan y quiénes regresan, el Chacho debería entrar en zona zen de calma y concentración, porque sabe que en la segunda parte del año todo lo que haga y todo lo que decida será un proyecto puramente suyo —y ya no habrá “Vietnam” para explicar nada.
Tendrá que estar muy en eje para decidir, por ejemplo, qué hacer con Franco Armani, a quien se le termina el contrato en diciembre, pero tiene a Beltrán. Tendrá que ver qué hace con Viña, Bustos, Paulo Díaz y Pezzella, quienes quedaron muy expuestos por sus bajos rendimientos y sobre quienes es vox populi que, además de Otamendi, vendrá otro central.
Castaño y Galoppo deberán tomar decisiones ya, puesto que el Chacho dejó en claro que buscan dos volantes, como lo repitió en la “mesa chica”: no tiene alternativas para Vera y Moreno. Otra gran incógnita es Juanfer Quintero, el 10 y el capitán del equipo, que jugó poco y nada —y no es lo mismo cuando no jugaba porque lo decidía Gallardo que ahora. En la cabeza del Chacho, el estilo de Juanfer no encaja.
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De peso será también lo que decida con Maxi Salas, por quien River pagó 11 millones de dólares y terminó de suplente de un chico como Freitas, que llegó de Acassuso y tiene apenas una veintena de años.
Después están los pibes que pusieron la cara en esta etapa y, tal como se espera, deberán competir con al menos 3 o 4 jugadores pesados y de nombres que va a pedir Coudet —y si los trae, es para ponerlos.
Demasiadas decisiones juntas tiene que empezar a tomar, sabiendo que nada le puede salir mal. Porque la obligación del equipo es salir campeón, aún más luego de la final perdida que se arrastra, y que se suma a aquella caída con Boca y también a tantos malos partidos.
Con estos aires y estos asuntos que se van a tejer durante junio y julio, mientras los ruidos del Mundial se lleven todo, el equipo juega mañana con Blooming un partido que había estado pensado como una fiesta por el campeonato, pero acaba siendo una incomodidad donde, además, tiene que ganar para no andar con la oreja puesta en el otro partido.
NZ
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