El máximo ente del fútbol global vuelve a quedar bajo la lupa de la opinión pública. Una minuciosa investigación publicada por el periódico británico The Times expuso que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, habría percibido un ingreso secundario y no reportado que roza los 1,76 millones de dólares, sumado a la financiación de una ostentosa residencia en las costas de Florida, Estados Unidos.
El conflicto principal radica en una aparente falta de transparencia financiera: mientras que el salario anual oficial de Infantino alcanzó los 4,8 millones de dólares (4,27 millones de francos suizos) en 2024, las planillas fiscales del Servicio de Impuestos Internos estadounidense (IRS) habrían registrado compensaciones extra libradas a través de FWC2026 US Inc., la firma creada para gestionar la logística de la próxima Copa del Mundo en Norteamérica.
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La residencia en Sunset Islands y los desembolsos bajo la lupa
Entre los aspectos más controversiales de la pesquisa se destaca el destino asignado a parte de estos fondos de la sede estadounidense. De acuerdo con el informe periodístico, una cifra superior a los 620.000 dólares fue computada bajo el concepto de compensaciones sujetas a impuestos y utilizada para costear el alquiler de una mansión frente al mar en Sunset Islands, uno de los barrios privados más codiciados de Miami Beach.
La investigación remarca que este tipo de transferencias no comunicadas por la entidad suiza se habrían sostenido de forma recurrente en los períodos 2025 y 2026. La revelación fractura el compromiso de apertura presupuestaria que el directivo suizo prometió sostener al asumir la conducción del organismo en 2016, tras el estallido del FIFAGate que desplazó a Joseph Blatter.
Tensión política y cuestionamientos en el camino hacia 2027
Aunque hasta el momento los datos aportados constituyen acusaciones mediáticas y no una condena por fraude o delito fiscal, el impacto político resulta innegable. El escenario se torna especialmente delicado considerando que el mandato de Infantino concluirá en el congreso programado para el 18 de marzo de 2027 en Rabat, Marruecos, donde se proyectaba su reelección.
El episodio reaviva las críticas de varias federaciones —encabezadas históricamente por la UEFA— hacia la centralización del poder y el manejo de los activos comerciales del fútbol. A esto se le suman polémicas previas, como el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), mediante el cual se especuló con la enajenación del 20% de los derechos de explotación de las ediciones mundialistas de 2030, 2034 y 2038 a inversores externos.
Con la gran cita continental de 2026 a la vuelta de la esquina y el mapa de alianzas dirigenciales bajo tensión, la conducción de la FIFA enfrentará la exigencia de fundamentar contractualmente estos desembolsos para intentar disipar las sospechas de una nueva crisis institucional.
BP
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