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01/06/2018

La batalla de Florencia y las ayudas a Italia

Una de las imágenes del partido entre Italia y España en el Mundial de 1934. La recordada batalla de Florencia. / Foto: FIFA.com

En el Mundial de 1934, la selección italiana eliminó a España con la complicidad de los árbitros y la presión del dictador Benito Mussolini. El recuerdo.

Los italianos sabían que España sería un rival de mucho cuidado. Conocían la seguridad que brindaba el arquero Ricardo Zamora, apodado Divino por sus fanáticos. También entendían que el centrodelantero Isidro Lángara, figura del Oviedo asturiano y vasco de nacimiento, era el jugador a marcar de cerca porque tenía el arco rival entre ceja y ceja.

España había debutado oficialmente en los mundiales, venciendo a Brasil por 3-1, el 27 de mayo de 1934 en la ciudad de Génova y dejando una grata impresión. Para sorpresa de muchos, los españoles se fueron al descanso ganando por 3-0, con dos conquistas de José Iraragorri, el ídolo del Athletic de Bilbao y otro tanto de Isidro Lángara. El descuento de Leónidas no alcanzó para nada, mientras los italianos pasaban sin obstáculos al débil equipo de los Estados Unidos, a quienes le propinaron un 7-1 imaginable.

El choque por los octavos de final en el Stadio Giovanni Berta de Florencia, se jugó el 31 de mayo y el árbitro designado por la Federación Italiana fue el belga Louis Baert. Los jueces, en 1934, no fueron nombrados por la FIFA sino por los propios dirigentes italianos. España e Italia eran dos candidatos a llegar mucho más arriba en la Copa, pero debían eliminarse muy pronto. Italia sabía que quitándose de encima a España, el camino se haría mucho más sencillo y el juez Baert fue quien más contribuyó para que lo consiguiera.

Luis Regueiro, jugador del Real Madrid, puso en ventaja a España a la media hora de juego, pero antes del final de la primera parte, Giovanni Ferrari empató el partido con un toque corto, mientras el delantero Schiavio le cometía una clarísima falta al arquero Zamora. El árbitro Baert no cobró otra cosa que el gol, señalando el medio del campo.

El segundo tiempo fue una batalla, lo mismo que la media hora de suplementario. España tuvo varias chances para convertir pero le faltó puntería y el enojo de los jugadores de camiseta roja se justificaba porque Baert les había anulado un gol de mala manera en la primera parte. El resultado no se modificó, fue 1-1 y debieron jugar otro partido al día siguiente, el 1 de junio.

Para el desempate, España perdió a siete jugadores gracias a la violencia italiana. Ricardo Zamora, su gran arquero, tenía dos costillas fracturadas, el zaguero Ciriaco un tobillo averiado, el puntero derecho Lafuente un problema muscular lo mismo que Gorostiza, mientras que Lángara, Iraragorri y el sevillano Fede, habían quedado maltrechos por tantas infracciones. Ninguno se pudo recuperar en 24 horas. Italia también perdió varias piezas: Pizziolo, Castellazzi, Schiavio y Ferrari se bajaron del partido por golpes y dolores que les impidieron rehabilitarse rápido.

Esta vez el juez seleccionado fue el suizo René Mercet. El hombre cumplió con lo que le había pedido Mussolini: anuló dos goles a España, convertidos por Regueiro y Quincoces. Sin embargo, a los 11 minutos convalidó una fuerte falta del argentino Enrique Guaita sobre el sustituto de Zamora, el joven Juan Nogués, que le permitió a Giuseppe Meazza marcar el único gol.

Así fue eliminada la poderosa selección española. Así avanzó la ambiciosa formación italiana. El juez Mercet la pasó peor que nadie: fue expulsado para siempre de los registros arbitrales de su país y no volvió a dirigir. Tuvo que clausurar su carrera a los 35 años. Quien lo sobornó tenía nombre y apellido: Giorgio Vaccaro, militar fascista, el hombre que cumplía los encargos de su jefe Mussolini.

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