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30/03/2019

Manu Ginóbili, un cuento de hadas verosímil

Manu Ginóbili observa cómo quedó su camiseta inmortalizada en el estadio de los Spurs. / AP

Con el retiro de su camiseta, Manu coronó su carrera y se posicionó a la altura de leyendas como Magic Johnson, Michael Jordan y Shaquille O’Neal.

En su extraordinaria autobiografía West on West, el mítico ex basquetbolista y ejecutivo de la NBA, Jerry West, afirmó que el criterio según el cual se permite la entrada de diversos jugadores de élite al Salón de la Fama es demasiado amplio. Y no resulta sencillo disentir con este maestro del básquet que, para más datos, está representado nada menos que en el logo –el hombre que la pica con su mano izquierda, sobre fondo azul y rojo– de la mejor liga del mundo.

Ocurre que Emanuel David Ginóbili Maccari (Bahía Blanca, Argentina, 28 de julio de 1977) no será solamente miembro de ese club de maestros, sino que además será recordado como uno de los mejores extranjeros de una historia rica que incluye a ases como Dirk Nowitzki y Hakeem Olajuwon, y como uno de los basquetbolistas –la nacionalidad ya no importa– más competitivos, inteligentes, versátiles y singulares de todos los tiempos.

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El escolta ganó cuatro anillos, una Euroliga, un Mundial y una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, jugó con una garra que no puede figurar en ninguna estadística, aceptó ser suplente para mejorar a su equipo y dio una larga clase de volcadas, eurosteps, pases mágicos, triples clave y robos imposibles, a través de un legado que caló hondo en estrellas como Gordon Hayward y en superestrellas como James Harden, el jugador más valioso de la temporada 2017-2018 y firme candidato a repetir ese honor cuando culmine esta.

Pero –y aquí ser argentino tal vez sea una desventaja, porque de lo contrario personas como Javier Mascherano no escribirían las tonterías que han escrito– a Manu Ginóbili le retiraron la camiseta de un cuadro grande de la NBA. El cuadro del principesco David Robinson, del bestial Tim Duncan y de Gregg Popovich, uno de los técnicos más brillantes que este deporte haya dado jamás y, desde el jueves por la noche, también un hombre de una enorme nobleza.

Ningún gran jugador verá su camiseta retirada si aparte no es un líder natural, un ganador y un ejemplo dentro y fuera de la cancha para sus compañeros y para su comunidad. Como el bahiense, tienen la camiseta retirada en sus respectivas franquicias monstruos sagrados como Magic Johnson, Jerry West, Kareem Abdul-Jabbar, Wilt Chamberlain, Charles Barkley, Clyde Drexler, Bill Russell, Shaquille O’Neal, Larry Bird, Allen Iverson, Julius Erving, John Stockton, Karl Malone y Michael Jordan.

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Ginóbili, un “mago que te deja sin aliento” según su colega Sean Elliott, un amigo inmejorable según Fabricio Oberto, un deportista “único” según Tony Parker, “un campeón desde que era niño” según Kobe Bryant, y el único ser humano por el que el genial pero tiránico Popovich se calló para dejarlo ser lo que era, no es pasado.

Manu, quien el jueves mostró su esencia ante el atiborrado AT&T Center de San Antonio y frente a sus tres hijos pequeños, pidió dos horas adicionales para agradecerle tanto sacrificio y tanta dulzura a Marianela Oroño, el amor de su vida, es puro presente.

Desde un rincón del fin del mundo, 44 millones de almas se aferran a ese cuento de hadas verosímil.

(*) Esta nota fue publicada en el Diario PERFIL.

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