La previa del Gran Premio de Australia se vio sacudida por una confesión sin precedentes en la Fórmula 1. Adrian Newey, el gurú del diseño de Aston Martin, admitió que el nuevo coche padece fallas estructurales tan graves que ponen en riesgo la salud de sus pilotos. Según el ingeniero, las vibraciones del chasis son tan severas que podrían provocar daños nerviosos permanentes en las manos de Fernando Alonso y Lance Stroll.
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Una "silla eléctrica" sobre ruedas
La situación técnica del equipo británico es crítica. Newey detalló que el coche literalmente se desarma en pista: "Se caen los retrovisores y las luces traseras", explicó, señalando que la fuente del problema es una vibración incontrolable originada en la unidad de potencia Honda.
Lance Stroll fue gráfico al describir la experiencia de conducción, comparándola con sufrir una "electrocución constante". Por su parte, Fernando Alonso advirtió que no puede superar las 25 vueltas consecutivas sin entrar en la zona de riesgo de lesiones irreversibles, lo que condena al equipo a un abandono prematuro, dado que la carrera en Melbourne consta de 58 giros.
Abandono programado y futuro incierto
Ante la imposibilidad de solucionar el problema a tiempo, el equipo evalúa retirar los autos tras completar apenas unas vueltas para evitar sanciones reglamentarias, pero priorizando la integridad física de los competidores. Desde Honda Racing Corporation, Koji Watanabe confirmó que el motor no podrá ser utilizado a plena potencia y que las "contramedidas" aplicadas son experimentales.
Pese al panorama desolador, Newey intentó llevar calma a largo plazo, asegurando que el paquete arquitectónico del monoplaza tiene un "enorme potencial de desarrollo". Sin embargo, la prioridad inmediata de Aston Martin no es el podio, sino evitar que sus pilotos terminen la gira australiana en un hospital.
BP
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