miércoles 10 de junio del 2026

Los tres DT que cambiaron la historia

Tras varios fracasos, las puertas para los técnicos argentinos en Europa se habían cerrado. Hoy se reabrieron gracias a Bielsa, Simeone y Pochettino.

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Veinte días antes de que la dirigencia del Atlético de Madrid lo despidiera, Carlos Bianchi había ironizado en una conferencia de prensa: “Lo que les pido a los jugadores debe ser dificilísimo. Aunque me entendieron siempre en mis otros equipos en la Argentina. No quiero pensar que los argentinos son más inteligentes que los jugadores de acá”. La desventura de Bianchi en España terminaría el miércoles 11 de enero de 2006: había dirigido apenas 18 partidos y dejado al equipo a cuatro puntos de las posiciones de descenso.

La anécdota viene a cuento porque Bianchi fue el último de los entrenadores estrella de la Argentina en tropezar en el fútbol de Europa (siempre y cuando no se lo considere así a Marcelo Bielsa, desde ya). Hoy, y no por nada, hay apenas tres en las grandes Ligas (España, Inglaterra, Italia): el mismísimo Bielsa en el Athletic de Bilbao, Diego Simeone en el Atlético de Madrid, y Mauricio Pochettino, que acaba de debutar en el Southampton, de la Premier League.

Aunque arriesgar una hipótesis de por qué pasa lo que pasa con los entrenadores argentinos allí sea, de mínima, temerario, el perfil de los tres en cuestión tal vez ofrezca una pista.

La Europa racionalista. En febrero de 2009, Pochettino, que había asumido un mes antes en el Espanyol, le dijo al diario Olé: “Los técnicos argentinos no tienen un sello en el mundo, una marca”. Mal se lo puede considerar a Pochettino, sin embargo, como un entrenador argentino arquetípico: vive desde 1994 en Europa, se recibió de entrenador en España y nunca dirigió en la Argentina. En la Europa cartesiana, cientificista, el perfil de Pochettino cuadra: por ejemplo, en los entretiempos, corrige errores con imágenes del primer tiempo que él elige, y un ayudante de campo graba con su iPhone.

Por lo demás, Pochettino acaba de llegar a la Premier League, la competencia en la que más tecnología se utiliza en el mundo. Ejemplo: Arsene Wenger –economista recibido en la Universidad de Estrasburgo– lee no bien terminan los partidos una lista kilómetrica de estadísticas (entre ellas, los segundos promedio que les demandó a sus futbolistas pasar la pelota). Otro: clubes como Chelsea, Manchester City y Liverpool (que así contrató al uruguayo Luis Suárez, por caso) tienen departamentos de estadísticas llevados adelante por matemáticos y profesores universitarios.

La Premier League es, además, una competencia que se disputa –así como se disputa hoy– desde 1993 y que nunca fue ganada por un entrenador inglés: Alex Ferguson y Kenny Dalglish (entrenador del Blackburn Rovers en 1995) son escoceses; Wenger, francés; José Mourinho, portugués; y Carlo Ancelotti y Roberto Mancini, italianos. Pochettino es el segundo argentino (Osvaldo Ardiles, el otro) en dirigir allí.

“En Inglaterra –le explica a PERFIL el periodista inglés Ben Lyttleton, de la revista Sports Illustrated– la popularidad de los entrenadores extranjeros es cíclica: cuando a Wenger le iba muy bien en el Arsenal, los otros clubes contrataban entrenadores franceses (Gerard Houllier, Jean Tigana, Alain Perrin, Jacques Santini). Después de Fabio Capello y Ancelotti, empezaron a llegar los italianos (Mancini, Gianfranco Zola, Paolo di Canio). Pero Pochettino no llega por ser argentino: llega porque lo ven como un entrenador de la Liga de España, el país del campeón del mundo y de donde vino Michael Laudrup, que dirigía al Mallorca y hoy sorprende a Inglaterra con el Swansea.”

Cuando llegó en 1995 al Atlético de Madrid, Alfio Basile avisó que conocía “a sólo cinco o seis jugadores del equipo”, y la prensa lo presentó como un entrenador supersticioso, de cábalas. Hoy, en cambio, sería inimaginable que un entrenador llegue a Europa y no conozca hasta al último suplente. Aunque todavía no sabía si iba a dirigir al Athletic de Bilbao o no (dependía de la elección presidencial), Bielsa estudió –¡dos veces!– los partidos del equipo en la temporada anterior, la historia del club (mediante la lectura de una revista institucional) y navegó en Internet para ver fotografías de los jugadores y de las instalaciones del Athletic. Simeone, cuando dirigía a Racing, y para espanto de alguno que otro, grababa hasta los entrenamientos para corregir errores.

Tal vez, en definitiva, la explicación de por qué los entrenadores argentinos arquetípicos no son apetecidos por los clubes de Europa venga por ahí: por la negación a incorporar conocimiento, que excede a la tecnología. Mourinho es políglota (habla en portugués, español, inglés, francés e italiano) y es licenciado en Ciencias del Deporte por la Universidad Técnica de Lisboa. Rafa Benítez, entrenador del Chelsea, estudió preparación física, ciencias empresariales e incluso medicina (“Siempre sacas algo que puedes aplicar. La gestión de un equipo cuando eres mánager, la forma de enseñar cuando eres profesor, la de valorar las lesiones cuando estudias algo de medicina”, le dijo en enero de 2012 a El Gráfico). Manuel Pellegrini, entrenador del Málaga, es ingeniero (ejerció, incluso: llegó a construir edificios, según le contó al diario Levante en enero de 2009), lee de a cuatro novelas a la vez y es melómano.

Y tal vez, Pellegrini tenga razón cuando asegura: “Si uno se dedica sólo al fútbol, va a saber muy poco de fútbol”.

Brasil ya no exporta. Luiz Felipe Scolari había salido campeón del mundo con Brasil en 2002. Sin embargo, al dueño del Chelsea, Roman Abramovich, no le importó y lo despidió de un día para otro en febrero de 2009, apenas siete meses después de su llegada.

Brasil tampoco es un país que exporte entrenadores a Europa. Vanderlei Luxemburgo es otro ejemplo: en 2005, dirigió durante casi un año al Real Madrid, que lo echó tras 43 partidos al frente del equipo (25 victorias, diez derrotas).

Ni en España, ni en Italia ni en Inglaterra quedan hoy entrenadores brasileños. En España, hay ocho extranjeros. La mitad, latinoamericanos: Bielsa, Simeone, Pellegrini y el mexicano Javier Aguirre (que reemplazó a Pochettino en el Espanyol).

En Italia hay sólo dos entrenadores extranjeros: el bosnio Vladimir Petkovic en la Lazio y el checo Zdenek Zeman en la Roma.

La Premier League es la competencia más cosmopolita: hay cinco entrenadores ingleses, cuatro escoceses, dos españoles, dos norirlandeses, un francés, un holandés, un italiano, un danés, un portugués, un galés y un argentino.

(*) Esta nota fue publicada en la edición impresa del Diario PERFIL.