El ciclo de Eduardo Coudet en River Plate arrancó con la potencia de un motor fuera de borda. Tras la salida de Marcelo Gallardo, el Chacho no perdió tiempo y, en sus primeras declaraciones, dejó claro que el apellido no garantiza el puesto.
La decisión de rotar figuras y exigir una presión asfixiante marca el fin de los privilegios en un plantel que venía acostumbrado a jerarquías inamovibles.
El mensaje para Armani y los referentes
"Nadie tiene la vaca atada; el que esté mejor física y mentalmente, juega", había disparado el DT al ser consultado sobre la continuidad de Franco Armani bajo los tres palos.
El mensaje caló hondo: incluso el último gran ídolo del arco millonario deberá revalidar su lugar ante la competencia interna que propone el nuevo cuerpo técnico.
Del 4-3-3 de Gallardo al 4-1-3-2 de Coudet
El cambio no es solo de nombres, sino de ADN. Mientras el "Muñeco" apostaba por un control de juego más posicional con el 4-3-3, el Chacho busca imponer su 4-1-3-2 característico.
Este sistema requiere volantes con un despliegue físico brutal y dos puntas que no den respiro a la salida rival, priorizando la intensidad por sobre la pausa.
La gestión del vestuario en un momento clave
Gestionar un grupo con tantos nombres pesados es el principal reto de Coudet. La implementación de la "competencia interna agresiva" busca despertar a un equipo que parecía haber entrado en una zona de confort.
Por ahora, los entrenamientos en Ezeiza muestran una dinámica eléctrica, donde los juveniles empiezan a ganar terreno frente a los históricos.
FMZ
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