Hay algo que cambió entre Exequiel Zeballos y el hincha de Boca. Y no tiene que ver únicamente con fútbol. El Changuito pasó de ser uno de los juveniles más queridos por la gente a convertirse en un nombre que genera dudas, críticas y hasta indiferencia en parte de la tribuna. La razón no está en una mala racha, en una lesión o en una serie de malos partidos. Está en una relación que se fue desgastando a medida que su futuro quedó cada vez más lejos de la camiseta azul y oro.
El Changuito quiere jugar en Europa. Es lógico. Para cualquier futbolista, dar ese salto representa una oportunidad enorme. El problema no es querer irse. El problema es cómo se construyó el camino hacia esa salida.
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Boca ya le entregó a el y a su representante una oferta para renovar su contrato, pero el vínculo termina a fines de 2026 y el jugador todavía no extendió su contrato. Mientras tanto, aparecieron distintos clubes europeos interesados y negociaciones que no terminaron de concretarse. En el medio quedó el hincha.
Ese mismo hincha que bancó al siete cuando sufrió lesiones que parecían poner en riesgo su carrera. El que celebró cada aparición del juvenil y que durante mucho tiempo lo señaló como uno de los grandes proyectos surgidos de las inferiores. El que esperaba verlo explotar definitivamente con la camiseta de Boca, pero también aquel que se molestaba cuando el jugador erraba, porque se sabía lo que era capaz y Zeballos más que nadie sabía donde estaba.
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Y ahí aparece el concepto del “capricho”. No necesariamente porque el futbolista esté haciendo algo ilegal o porque no tenga derecho a decidir sobre su carrera, sino porque desde afuera la situación empieza a percibirse como una pulseada en la que el club que lo formó y la gente que lo acompañó durante años parecen quedar atrapados.
El fútbol argentino tiene algo particular: el hincha puede perdonar casi todo si siente compromiso. Puede bancar una mala temporada, una lesión, un error o incluso una transferencia. Lo que cuesta mucho más perdonar es la sensación de que alguien no quiere estar.
Zeballos todavía tiene tiempo para cambiar esa percepción. De hecho, no hay nada definitivo. Puede renovar, puede ser transferido y hasta puede volver a ganarse al hincha dentro de la cancha. El fútbol tiene memoria corta cuando aparecen buenos rendimientos, pero hoy la relación está dañada.
Hoy, Fabrizio Romano, periodista italiano experto en Mercado de Pases, informó que el representante del jugador estaba en Italia hablando con el Napoli. La idea de los naopolitanos es incorporarlo en enero de 2027 a coste 0, sin pagarle a Boca. Esta practica es muy común, pero Zeballos también interesa en España y habría varios clubes dispuestos a pagar su ficha en este mismo mercado, lo que le dejaría un ingreso al club de la Ribera;
Desde Boca, en lo deportivo, ya le soltaron la mano al jugador y hace meses entrena diferenciado a contra turno. Tiene 4 meses restantes con el Xeneize y la única intensión de renovarlo era venderlo en el próximo mercado por el valor de su ficha y no perder un ingreso enorme.
El Changuito alguna vez fue una promesa que ilusionaba a La Bombonera. Ahora es un futbolista cuyo futuro genera más preguntas que entusiasmo y en Boca, donde la camiseta pesa más que cualquier nombre, el hincha puede aceptar que un jugador quiera irse, pero los que se van por atrás no suelen entrar en la historia.
LT.
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