El ambiente en el Estadio Ciudad de Vicente López ya respiraba hostilidad mucho antes de que el árbitro diera el pitazo inicial. Desde la platea Marino, los hinchas de Platense lanzaron cánticos e insultos directos contra el plantel de Fluminense, focalizando sus reproches en Agustín Canobbio. A esto se sumaron cruces de gestos obscenos entre plateístas y la parcialidad visitante, configurando un escenario donde el duelo verbal en las tribunas comenzó a ganar tanto protagonismo como el propio desarrollo del juego.
La chispa que encendió el conflicto: el festejo y la bandera robada
Pese a las advertencias de seguridad de que la parcialidad brasileña debía evacuar el estadio en primer término, los hinchas del Flu se demoraron festejando junto a sus jugadores en la tribuna Cozzi. La situación escaló drásticamente cuando los visitantes dedicaron cantos provocativos a los locales.
El cóctel explosivo incluyó la sorpresiva presencia de hinchas de Vélez en la popular visitante —favorecida por la histórica alianza entre ambas parcialidades—, lo que avivó la furia del público calamar. El punto de quiebre se produjo cuando hinchas locales rompieron el cordón de seguridad e invadieron el campo de juego con un objetivo claro: robar una bandera de la parcialidad tricolor, considerada el botín máximo dentro de la cultura del aguante.
El rol de los jugadores y la intervención policial
Ante la gravedad de los disturbios, figuras del plantel como Nacho Vázquez y Guido Mainero regresaron al césped para intentar calmar a los simpatizantes e impedir que la situación empeorara. Mainero, uno de los referentes del equipo, suplicó a los hinchas que recularan, logrando frenar a algunos de ellos de manera momentánea antes de que el desborde fuera total.
La tensión derivó inevitablemente en la intervención de las fuerzas de seguridad, que reprimieron con gases lacrimógenos y bastones para dispersar a los hinchas de Platense que arrojaban botellas y bancas. Con la tribuna visitante finalmente evacuada, el saldo dejó una marcada preocupación y la urgencia de repensar las medidas de seguridad frente a los recurrentes episodios de violencia en el fútbol.
BP
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